Revista Cultura y Ocio

Lisandro González

Publicado el 05 junio 2016 por El Poeta Ocasional
Lisandro González
4.


Desde la ventana

se abre un corazón sentimental
hacia fuera y hacia dentro.

Las paredes del departamento

del que espera —al menos— un grito de los muebles
o canción del desayuno

deberían tener color especial,

o ser de tela liviana que mostrara
ese corazón anfibio

a piedras que de vez en cuando

el cielo arroja.
El corazón respirará como mariposa

dispuesto al vuelo rasante

sobre lugares comunes
ametrallado por las piedras.



9. 



El dolor describe  

su línea aséptica 
mientras el ruido del resonador 
musicaliza. 
Luego, en la calle 
se recorren lugares donde el dolor 
ha tomado antes 
formas mucho más sofisticadas 
y perversas, 
sabido tallar 
la marca del diente 
en órganos más etéreos y sensibles. 
Así el otro dolor, el aséptico 
se transforma 
casi en alivio. 


13.


El analgésico y el alcohol

pueden potenciar sus efectos
como la madrugada

y elenco en retirada de la noche.

Los fracasos del amor
pueden tener efecto similar

y algo parecido suceder

con ladridos,
sirenas y el ruido de los autos,

todos juntos hasta creerse música

de una película sin director
o poema anónimo.

Y un buen verso resplandece

junto a otro
condenado al ruido.


23.


Los fenómenos naturales

y especialmente
variaciones de la luz

en su dialéctica

siguen siendo
temas ineludibles.

Una pequeña ventana del baño

puede ofrecer
múltiples posibilidades

y hasta algún tipo

de felicidad
en la humilde orfebrería

que el poeta

atesora
en el olvido.


Lisandro González (1973, Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina. Reside en Rosario, Santa Fe)

De: "Poemas lumbares", Ediciones UNL, 2014


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