Revista Opinión

Lo atronador del silencio.

Publicado el 24 octubre 2016 por Kuri Lonko @kurilonko

Autor : Kurilonko

Sonidos efímeros, etéreos y omnipresentes como relámpagos en lontananza; cadencias de sombras entre sombras que agigantan el fragor de hojarasca en mis pensamientos: desarraigados del contenido, latiendo con prisa endiablada por proyectarse en alguna acción descabellada o nó. Luces, luces y sombras; sonido, sonidos y silencio, silencio y nada más que el incontenible transitar de líquido por venas y bulbo cefalorraquídeo. Placer en la contemplación interior sin más compromiso que ser el sostén de la vigilia incontenible que pulula por los techos y avenidas -relucientes de lluvia y luna- solitarias, de mi Melipilla natal y la calle que nunca más transitaré.

Lo atronador del silencio.

Volutas de recuerdo viborean en rededor, tratando de asentarse y materializar el contenido ignorado que les trajo hasta este día y hora. Adamo cantando "Era una linda flor" desde un rayado vinilo en los salones de la Municipalidad, en esos alocados días de baile mejilla a mejilla, mi vocación de infidelidad no premeditada, tocando con "The Green Lions" en el escenario: Pax requiéscat. Dadme un poco de paz o dadme un mucho de horror y guerra, no escatiméis ni me dejéis con la mano abierta... o empuñada; más, ídos.

Vivir eludiendo el sablazo inmisericorde por lo calculado de los acontecimientos, ora aleatorios y ora exactos como dos y dos son tres según aseguraba Cassandra. Montarme en lo insondable de un destino en el que nunca creí y sin embargo me tomó como rehén y cómplice; emprender un viaje que, empero, no será ni el definitivo ni el último, porque tampoco alcanzó a ser el primero. Vivir aprendiendo. Vivir aprendiendo a olvidar lo inútil, fatuo y vacío. Aprendiendo a olvidar rostros, situaciones y, resumiéndolo todo, abarcándolos a todos: personas. Depositarlas con algo de amor y dedicación en el baúl del semiolvido, alojarlas allí para evitar que, involuntariamente, de alguna manera, mi cercanía por alguna razón les pueda hacer daño. De buena persona a mal bicho hay sólo un delgado hilo como frontera: alguien lo dijo alguna vez -o puede ser que sea sólo imaginación mía- en todo caso, no hay manuales ni folletos que homologuen su cualidad de tal.

Lo atronador del silencio.
Salto al vacío desde la azotea de la razón cual acróbata demente o drogado; fumarola de zinc, nitratos, nitritos y aldheídos formando una malla invisible que apisona los alvéolos, ocupando el espacio dedicado al frío saludable y al entrañable aire de mis años en el austro: ramalazo algodonoso de un recuerdo que se desvanece para siempre jamás dejando sólo una pequeño charco de melancolía no resuelta. Hilo de mercurio escapándose por entre los dedos, metal líquido burlando los precarios diques que intento levantar. Mente que salta ágil y sin prisas por entre los argumentos en contrario a lo que el pequeño demonio que habita en los recovecos no cartografiados de los meandros de la imaginación me propone, incitándome, desafiándome, con morisquetas y zalemas orientaloides. Sonrisa obscena, diagonal y de piedra. Tal vez, sólo tal vez, mi amiga Julie, -que tiene apellido de pueblo colombiano y que dibuja soles, lunas, pájaros y estaciones con las palabras-, pueda entender, y de ese entendimiento broten sonrisas y golondrinas aunque no sean mías.

Palabras que hace tiempo perdieron su significado luminoso y amable; miradas que se ahuecaron quedando sólo su eco rebotando al interior del cráneo. Pensamientos y anhelos de vida no cumplidos que se amontonan sin orden ni concierto. Pasto tentador para la carcoma y el orín de los tiempos.

Olvido.

Rencor.

Una vuelta más de tuerca.

Siempre el mismo temor, siempre el mismo puño.

© La Consulta de Kurilonko 2016.-


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