Revista Espiritualidad

Lo raro es que nos vaya bien

Por Joanillo @silosenovendo

Mi comentario de hoy tiene algo de cabreo y otro poco de tristeza. Ambas cosas nacen de lo mismo, de la ausencia de respuesta a una solicitud de presupuesto. Les voy a contar el caso.

Por cierta cuestión que no viene al caso detallar, estoy buscando empresas que vendan determinado producto. El importe de la operación no es nada desdeñable; estamos hablando de un coste que podría superar fácilmente los 5.000€ y además, les diré, tiene que ver con uno de los sectores más azotados por la crisis: la construcción.

Pues bien, como no tengo gente conocida a quien acudir he decidido buscar a través de la red empresas de mi zona que instalen este producto. Localizadas unas pocas gracias al infalible google, accedo a su web en búsqueda del e-mail para contactar con ellos, escribirles los pormenores y solicitar un presupuesto.

Primera empresa localizada.- la página web parecía de la época del Commodore 64, ¿recuerdan este ordenador?. Una página simplona, sin casi ninguna información, tres fotos del año de María Castaña y, para colmo, sin más datos de contacto que un teléfono móvil. Ni dirección, ni e-mail, ni nada de nada. ¡¡Pasé de ellos!!

Segunda empresa localizada.- algo mejor, aunque tampoco era para echar fuegos. Sí había más información sobre el producto, aunque se notaba que llevaban años sin actualizar el contenido. Vamos, como aquel que pone un escaparate y lo deja así 10 años, sin renovar el muestrario: lleno de polvo, objetos descoloridos por el sol, etc.

Permítanme que me explaye un poco en mi crítica, precisamente porque ayer impartí un curso sobre “escribir con eficacia” y en él remarqué la importancia del “lenguaje no verbal” asociado, también, a la escritura. La manera en cómo lo hacemos nos da pistas de la personalidad y los valores de quien está detrás. Este concepto es aplicable a casi todos los ámbitos: si la empresa tiene un catálogo visible poco agradable, mi impresión es que se trata de una empresa poco cuidadosa, despreocupada, sin demasiado interés, etc. ¡¡Fíjense, ver esto ya me generó desconfianza hacia la calidad del servicio!! Puede ser una impresión equivocada, pero, de entrada, ya no me agradó.

De todos modos, dada la escasez de empresas que ofertaban el producto que estoy buscando, decidí contactar con ellos y pedirles un presupuesto. Lo tuve que hacer a través de un formulario “ad hoc” (no había e-mail por ningún lado) y las pasé canutas para que me reconociera las letras de marras que ponen para evitar el spam: 6 veces tuve que escribir todo hasta que, por fin, me reconoció las letras.

Finalmente, encontré una tercera empresa no muy diferente a la segunda con la que también contacté a través de otro formulario similar, esta vez con menos problemas.

Por cierto, había otras 3 empresas más que no tenían página web; ¿y eso qué importa?, se preguntarán algunos de ustedes. Pues muy lógico: se están cerrando a potenciales clientes, como es mi caso. A mí me gusta hacer estas gestiones por escrito para posteriormente cerrar el trato en persona con aquella que mejor me haya atendido. Si no me dan la oportunidad de acceder a su información y contactar con ellos a través de estas tecnologías, ¡¡para mí no existen!! ¿Con cuántos clientes más les pasará esto?

Pues bien, transcurrieron ya 3 días desde que les escribí a las que sí me lo permitieron y… ¿se creen que obtuve alguna respuesta? Nada, absolutamente nada. ¡¡ROTUNDAMENTE NADA!!

Veamos…

  1. ¿Para qué gastan dinero en crear webs si luego no las atienden?
  2. ¿Valoraron alguna vez la relación inversión-retorno de estas herramientas?
  3. ¿Es esta la atención y el trato que merece un potencial cliente?
  4. ¿Qué imagen están transmitiendo con estos actos a los futuros compradores?
  5. ¿Tendrán valor y “güevos” de echarle la culpa de sus males a la crisis?

Con empresas de este perfil, que seguro que son más de las que nos creemos, lo raro es que no nos vaya peor.  Eso sí, luego se quejan del azote de la crisis, de la restricción del crédito, etc. etc, para acabar pidiendo ayudas públicas pagadas con nuestros impuestos. ¡¡Con dos ----- !! (sustitúyanse los guiones por una palabra que rima con “limones”)

¡¡País!!

Un abrazo

fIRMA SOCIAL BUSINESS

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