Revista Política

Los Culpables

Publicado el 29 enero 2019 por Gabrielvl @gabrielvl05
Madrid, 24 de febrero de 1993 Este trabajo ha sido realizado por el Consejo Gamma en base a los apuntes tomados de una charla con el Coordinador General en Buenos Aires.
No hay mayores enemigos del pueblo que los banqueros; especuladores y usureros fanáticos de la “religión del dinero”. El valor del dinero es lo prioritario, hasta tal punto que estamos frente a una verdadera idolatría al dinero que va generando una suerte de religión monetarista. Como consecuencia todos los valores humanos se trastocan; nadie confía en nadie; Ninguno vale por lo que es sino por lo que posee, mejor dicho: por lo que puede poseer en un corto plazo de tiempo. Se traicionan todas las relaciones mientras se crea otro extremo social con todas las lacras de pobreza extrema, alcoholismo, drogadicción, delincuencia, crimen y narcotráfico (con lo cual no sólo aumenta la droga sino también una economía violenta en base a capitales ilícitos).
Estos fanáticos del dinero no respetan nada, ni siquiera la industria (que da progreso y puestos de trabajo), de modo que pueden despedir centenares de personas sin pestañear, en la ávida búsqueda de un rédito inmediato. De modo que los financieros usureros de la banca internacional y sus acólitos son los responsables de la violencia económica que genera los demás tipos de violencia social.
La “idolatría del dinero” en la que se basan es la máxima deshumanización ya que las personas no importan sino la cuenta bancaria, las tarjetas de crédito, etc., créditos usureros que se basan en el “compre ahora y pague después”, apoyándose en el aparente registro de ilusorio alivio que da el poder disponer de un dinero que se podrá pagar más adelante cómodamente.
Evidentemente esto no es así, pues los intereses y las subidas correspondientes (máximo recurso de violencia económica) hacen onerosa su devolución y esclaviza al deudor. Este esquema se ejercita tanto con las personas como con grupos, empresas y países. Al estar detrás una mentalidad analítica, que es de mucha utilidad para lo ocasional y coyuntural pero nula cuando se trata de atender a procesos o relaciones, no se ven las consecuencias del procedimiento, las derivaciones, la irritación social que produce esa acción. No pueden percibir los procesos y mucho menos las consecuencias sociales, solamente los éxitos parciales y ocasionales que, en rigor, no son sino estafas históricas.
De los éxitos particulares no se desprende un éxito global, pero de la suma de esas parcialidades sí puede derivar una crisis generalizada como la actual.
No ven el malestar general causado, y ésto es así no por falta de capacidad sino, simplemente porque no les conviene a sus intereses. Por otro lado, consiguen enredar todo con el muy conocido bandolerismo semántico a través del cual dicen una cosa pero sucede otra muy distinta, como la “sociedad libre”, el “libre mercado”, “libre competencia”, etc… y la libertad no se ve por ningún lado.
Nosotros nos oponemos terminantemente a ésto, y para implementar las denuncias y soluciones del caso es por lo que estamos accionando para organizar frentes que presionen en su contra.
El neoliberalismo pragmático se mueve como pez en el agua en un contexto mentiroso en donde todas la propuestas son una suerte de “variaciones sobre la mentira” y, aunque la gente se da cuenta no se atreve a reconocerlo porque no sabe qué hacer.
Solamente por los canales que nosotros marcamos hay soluciones válidas. Porque todo está montado para las cúpulas, para las dirigencias, para los privilegiados, para un mísero 1% de la sociedad en el mundo. Creemos que es imperioso darle la vuelta a esto para que todo esté al servicio del pueblo, de la totalidad de la gente.
Esta actitud mentirosa que estamos considerando, ha generado en los pueblos desilusión y cansancio, no quieren saber nada con nada, están hartos y no le creen a nadie.
Estas políticas socioeconómicas insensibles han producido y producirán más fuertemente desbordes sociales, expresiones catárticas que no sirven para nada ni son útiles a nadie. Tiende a acrecentarse el conflicto pudiéndose llegar a una situación muy crítica que, por cierto, no se va a poder resolver simplemente con represión. Estos desbordes son un caso extremo (inconducente) del proceso de liberación de fuerzas sociales que está en marcha, y que en estos momentos se observa más fácilmente en Latinoamérica y en el Este de Europa.
Indiscutiblemente desde nuestro punto de vista, se requieren otras formas de acción y de trabajo que las dirigencias políticas no practican porque tendrían que escuchar al pueblo.
Nosotros pensamos que esta crisis que está padeciendo es sistema es importante y la enfocamos desde el punto de vista de su aprovechamiento. Para ello deberíamos tener en cuenta la imagen que se tiene del sistema; si tenemos la imagen de una cárcel (que se está cayendo a pedazos), si es cárcel hemos de querer salir y cuanto antes se caigan las paredes más pronto podremos liberarnos. Si, en cambio, se tiene una imagen de dependencia absoluta, entonces uno se imagina que junto a la caída del sistema se cae también. Nada más equivocado, con el sistema se caen quienes están atornillados a él, que es el caso del espectro total de la clase política y adláteres en el poder, desde la derecha explotadora hasta la izquierda mentirosa. Se caen todos, porque todos están enchufados succionando del sistema, sus viditas dependen de la relación con el sistema y están inquietos porque, con instinto animal, sienten en su interior el derrumbe del sistema. Así, cada propuesta que hacen está teñida por ese derrumbe interno.
Esto hay que tenerlo muy en claro y por ello es imprescindible que podamos avanzar en nuestra lucha para ahorrar dolor y violencia y es importante el entender que nosotros estamos levantando el mundo que viene, lo que sigue a la caída del sistema, y que por ende somos optimistas respecto de la construcción del futuro y no estamos caídos como los hombres del sistema ni vencidos como los vapuleados por estos.
Según las variables que venimos mencionando, se extrae que en el futuro inmediato hay líos seguros.
Básicamente los factores que llevan a acentuar la tendencia del desastre son:
1) La tendencia cupular, la concentración del poder en manos de un pequeño porcentaje del todo social.
2) Las dirigencias políticas arrogantes e insensibles que no escuchan al pueblo y, por lo tanto, se les escapa el qué hay que hacer.
3) Las deudas externas impagables por los países que deterioran el cuerpo social (al tiempo que degradan el medio ambiente en los países “subdesarrollados”).
4) La cortedad del tipo de pensamiento analítico-compositivo incapaz de captar relaciones, consecuencias, concomitancias y, mucho menos, procesos.
5) La aceleración y el enlentecimiento o estancamiento que se está produciendo en las distintas sociedades.
6) Las características sicológicas indignas como la arrogancia y la mentira que llevan a la cosificación y que configuran un estilo de vida al cual nos oponemos.
Estos factores reunidos llevan directamente al desastre. Es importante, entonces, estar en condiciones de ser referencia en esos momentos caóticos que ya tenemos encima.
Necesitamos construir una estructura de base humana amplia. No hay otra forma. Si nos dedicáramos a juntar recursos económicos resultaría que donde ponemos 100 el sistemas pondría 1000. Pero ellos no pueden poner 100 personas agrupadas y esclarecidas tan fácilmente. Ese es nuestro terreno. Esto hemos de entenderlo muy bien.
Además, para el sistema los fenómenos de base humana no existen, siendo etiquetados en cualquier otra cosa. Para los sociólogos de turno quizá 10 personas reunidas cupularmente son un fenómeno social, pero 10000 religiosos reunidos no es un fenómeno de base humana sino que es un “fenómeno religioso” (?) que para ellos no existe o no interesa.
Nosotros intencionamos la formación de bases humanas y observamos que los partidos políticos, que pareciera que trabajaran con gente, en realidad se basan en inversiones financieras (tanta inversión en publicidad, tantos préstamos bancarios, tantos parlamentarios), habiendo un acuerdo tácito entre los partidos para eliminar la militancia activa y real, porque es incómoda ya puede presionar y puede exigir. Ahora es fácil reemplazar militancia por profesionales, dirigentes por ejecutivos, todo al gusto de las compañías liberales del sistema que tienen en su manos los medios masivos de comunicación. En suma que manipulando la información, manejando los recursos, fabricando imágenes publicitarias tienden a perpetuarse en el poder, reconvirtiendo esquemas y representantes.
Nosotros hemos de tener ésto muy en claro: para competir con el sistema necesitamos lo que él va perdiendo en su proceso, la base humana.
A ésto estamos abocados: a ampliar la base humana participante por medio de organismos, comisiones, aparatos y centros de comunicación, sabiendo que el Movimiento no crece directamente con estas actividades, sino con la atmósfera que se genera cuando los nuestros actúan y esas actividades resultan de interés para otros.
El Movimiento, nuestros procedimientos, nuestra conducta en el mundo va formalizando una cultura sicológica, formas de pensar, de sentir y de actuar que son básicamente intencionales y no reactivas o especulativas; ahora tendremos que enfatizar en facilitar la permeabilidad.
Los organismos, aparatos, comisiones y centros de comunicación son los instrumentos del Movimiento en su conexión con el mundo buscando la difusión y la convocatoria, mientras cuidamos que nuestras actitudes no sean similares a las del sistema: nuestras actitudes de sinceridad, siempre la verdad por delante, de saber escuchar, de reconocer y asumir errores, etc., son actitudes inteligentes y son las necesarias para dar una referencia distinta.
Esto de las actitudes es interesante considerarlo, por ejemplo, al analizar el principal problema de los políticos del momento, es decir: la soberbia. Más que problemas de ideas o de intereses, fundamentalmente el problema es la soberbia injustificada e infundada que tienen los políticos y que les lleva a tener anestesiada la capacidad para escuchar a la gente. Hasta que esa actitud no cambie, hasta que no mejore esa total incapacidad para escuchar, tendremos serios problemas de dirección, de eficacia, etc. Lo más sorprendente es que no intentan cambiar sus conductas a pesar de las deudas, el déficit, los desempleados, la corrupción, el narcotráfico, etc., etc.
EL PENSAMIENTO INTENCIONAL
Lo que estamos observando acerca de los políticos, merece una digresión: sería un error aplicar actitudes “de político” en el Movimiento. Cuando a los nuestros no les gusta algo, no son dialécticos sino que son intencionales y tienen una sensibilidad muy elaborada, un mundo interno más amplio y, como se preocupan de las intenciones en todo, (no sólo las de detrás, sino también las de adelante) resultan “subjetivos” para una mentalidad del sistema. Los nuestros captan la dirección de las acciones. A veces, alguno de los nuestros tiene que desempeñar un rol de político y eso les gusta mucho a todos, pero si se empieza a hacer política hacia adentro, hacia el Movimiento se comete un error grave.
Todo lo que sea cálculo sobre el otro, produce líos entre los nuestros. Si en la relación no se perciben segundas intenciones, todo va bien; en el caso contrario se colapsa la relación. Entre los nuestros la cosa es fácil: se explica el proyecto, se converge en intenciones y adelante.
El Movimiento pone enmarques, referencias para dar una dirección mental y hay quienes pueden seguir esa dirección con facilidad, mientras que otros lo hacen con dificultad, dándose encontronazos a cada paso. También proponemos el tema del centro de gravedad interno o, presentado con otro leguaje, hablamos de sentido de la vida, de humanizar. Esto aparentemente no tiene mucha gracia, no aparece chispeante ni atractivo y la gente tiende a lanzarse a otras cosas más llamativas, dejándose atrapar sicológicamente.
El problema es que al des-centrarse, al salirse de enmarque, se produce sufrimiento en uno y en los demás.
Cuando vemos (cada vez menos) a la gente encantada con cosas del sistema, están fuera de sí, alteradas y no pueden oír, de modo que no nos queda otra posibilidad que esperar a que se desencanten, se des-ilusionen para poder escuchar nuestro punto de vista.
Contar con centro de gravedad propio, no parece tener atractivo y es algo que se aprende y se construye, no es algo que se da por sí sólo.
En efecto, al estar descentrado se produce sufrimiento y uno siente que “todo le pasa” y no sabe bien por qué. En cambio, cuando se cuenta con centro de gravedad uno está libre y eso es extraordinario. Esa libertad interna es lo importante aunque no tenga tanto atractivo en apariencia. Ese centro de gravedad y esa libertad interna no acarrean sufrimiento ni a uno mismo ni a los demás. La libertad interna es el indicador del centro de gravedad y la conducta válida hacia los demás es su correlato humano.
Esto nos lleva a ver el concepto de la existencia “en sí” y la existencia “para otros”. Hay quienes, al no disponer de centro de gravedad, siempre están dependiendo de los demás, de los valores externos, resultando huecos por dentro, llevados por el oleaje externo permanentemente, siendo arrastrados como hojas por el viento y moviéndose siempre con una mirada externa en donde todo se ve plano, movido por hilos externos y sin profundidad.
Con la mirada interna todo se dimensiona.
Es importante comprender los mecanismos de la fascinación que producen la pérdida del centro de gravedad.
Uno puede fascinarse por poca cosa, por una hormiga, una piedra, y mucho más por las personas, equivocándose y produciendo sufrimiento.
Así llegamos a ver que el problema es que el ser humano sufre por pequeñeces, no por grandes acciones, y se frena todo. Además, al no poder sustentarse ese sufrimiento por nimiedades, mecánicamente de inventan “grandes problemas”, “enormes sacrificios”, “traumas dramáticos”, “tremendos inconvenientes”, etc. Todo inconsistente. No es poca cosa el poder superar las fascinaciones y ver claro. Este sufrimiento por pequeñeces confunde mucho a la gente a la hora de hacer lo que realmente quiere y todo se frustra.
Uno ha de aclararse respecto de lo que realmente quiere y hacerlo coherentemente, sólo hay una condición: no perjudicar a nadie. Por eso distinguimos entre un sufrimiento padecido por las contradicciones internas y aquél provocado por quienes siguen los valores del sistema y quieren hacer sus caprichos a toda costa, sin tener en cuenta a los demás, sufriendo y haciendo sufrir por eso. A escala social, los trepadores del sistema hacen eso: sufren y hacen sufrir a todos con sus “tropismos”.
Unas de las pequeñeces frecuentes son los temores infundados, siendo el temor a la muerte el mayor, el mayor de ellos junto con el temor a la enfermedad y a la vejez. Sucede que, de todos modos, se envejece y se muere, para qué desaprovechar el corto período vital con fantasmas, si por el contrario, se debería aprovechar al máximo. Es curioso cómo los temores oscurecen y alteran con ilusiones, con algo que no pasa en realidad.
La soltura interna, sicológica, se logra aprendiendo a circular por los tiempos de conciencia sin cargas, sin pesos ni zonas oscuras, es decir con libertad y sin sufrimiento y, también, con el diálogo a cierto nivel con otros que pueden ayudar a despejar problemas e ir aprendiendo respecto de aciertos y errores. No hay que temerle a los cientos de errores que se pueden cometer porque son errores pequeños y, si están en buena dirección, son “inversión de aprendizaje”. Ojalá uno pudiera cometer un error tremendo y aprender de golpe, pero, en general, se comenten errores pequeños, subsanables. El punto está en la carga mental que se le ponga a todo, en donde se oscila entre el dramatismo gravísimo a la sin importancia cínica.
Respecto de los procesos estructurales, es importante señalar que antes de ocuparse con técnicas organizativas, hemos de ver la condición de ese proceso, es decir el interés por las personas. Sin esa condición inicial, sin un interés real por la gente, las estructuras no progresan y, eventualmente, se caen. La acción tiene que terminar en otros, y lo importante es llegar a muchos.
Por otra parte, el concepto de línea, equipo, funciones, etc., tiene que ver con la idea de la distribución del trabajo. Todo lo que hay que hacer no lo pueden llevar adelante una o dos personas.
El pensamiento intencional es algo a lo que aspiramos y se opone a lo reactivo o a lo compensatorio, y siendo esa la esencia de nuestro pensamiento, resulta imperioso comprender tal cosa a fondo. El pensamiento intencional se dirige a lo fundamental dejando de lado lo secundario, lo accidental, lo contingente, lo no-significativo, para dar lugar a lo realmente importante, lo prioritario, lo que queremos hacer. Ese es el carácter de todas nuestras actividades y por ello conviene discernir entre lo casual y lo accidental de lo intencional, empujando para que sea la intención lo que siempre prevalezca.

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