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Los dos interpretaciones de ‘La Naranja Mecánica’: el libro y la película

Publicado el 12 noviembre 2012 por El Ninho Naranja

Anthony Burgess escribió ‘La naranja mecánica’ en tan sólo tres semanas. Publicada por primera vez en Inglaterra en 1962, Burgess pensaba que el público se olvidaría rápidamente de su novela. Sin embargo, la obra ha resistido el paso del tiempo, algo de lo que tiene casi toda la culpa la adaptación cinematográfica de Stanley Kubrick en 1971.

La Naranja Mecánica

Si habéis tenido la oportunidad tanto de ver la película como de leer el libro, habréis observado que ambas versiones tiene finales diferentes. Por resumir, la película acaba abruptamente mientras el libro continúa un poco más. Sin embargo, eso hace que el mensaje que transmite el film sea radicalmente distinto al de la novela. La razón de esta diferencia se encuentra en las dos ediciones, británica y norteamericana, que tiene la novela.

ADVERTENCIA: dado que la película es de 1971 y la primera edición española del libro de 1976, el argumento de La naranja mecánica puede considerarse de “dominio público”. Aun así, he intentado hablar de los diferentes finales en términos abstractos, sin revelar detalles de la trama. No obstante, estas explicaciones podrían considerarse spoilers si no se ha visto la película o leído el libro.

La edición original (la británica) de La naranja mecánica se divide en 3 partes de 7 capítulos cada una. Esto es, 21 en total. Sin embargo, el editor de Nueva York de Burgess puso como condición para publicar la novela eliminar el último capítulo. Según el editor, era un capítulo muy blando que podía considerarse una traición al resto del relato[1].

La mayoría de las traducciones de La naranja mecánica tienen como referente a la edición británica. Sin embargo, la adaptación al cine de Kubrick se basó en la edición norteamericana, a pesar de que la película se rodó (y transcurre) en Inglaterra.

¿Y qué es lo que tiene ese último capítulo que hace las dos versiones tan diferentes? En esencia, es una suerte de epílogo donde el protagonista madura. Como sabréis, la película de La naranja mecánica cuenta las “aventuras” de Alex, un joven ultraviolento que es detenido por la policía y sometido a un tratamiento correctivo basado en el condicionamiento. En la película el arco que recorre el personaje es forzado por las circustancias y vuelve al mismo sitio. Es decir, desde un punto A al principio de la cinta, va hasta un punto B (obligado por las circustancias, no por evolución del personaje) y regresa al punto A cuando esas circustancias desaparecen.

En la novela se cuenta exactamente lo mismo, pero allí donde acaba la película, en la novela es el final del capítulo 20. En el último capítulo vemos cómo el personaje evoluciona. Por fin va a un punto B real, no forzado. Y eso cambia muchas cosas. La película es una fábula, o un cuento, ya que el protagonista no cambia. La novela es en efecto una novela, donde el personaje principal tiene un desarrollo.

Y es que el mensaje que intenta transimtir Anthony Burgess es que el ser humano tiene libre albedrío, y la violencia y la maldad no son sino una elección. El título de la obra alude a la imposibilidad de aplicar una moralidad “mecánica”, forzada, impuesta, a un organismo vivo. La película en cambio (y que conste que es una gran película y me encanta) pierde casi todo el mensaje y se queda en una apología de la violencia, como si la violencia fuera algo innato en el ser humano y que no se puede evitar por mucho que se intente.


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