Revista Comunicación

Los objetivos en GTD y su utilidad

Publicado el 04 febrero 2022 por Jmbolivar @jmbolivar

En este post voy a profundizar sobre qué son los objetivos en GTD y su utilidad.

Es muy probable, además, que su lectura te sorprenda, sobre todo si tienes costumbre de usar objetivos fuera de GTD.

El motivo es que, como ocurre con otros elementos de la metodología, «objetivo» en GTD® tiene un significado distinto del habitual.

Por otra parte, Allen tampoco profundiza mucho sobre el tema en «Organízate con eficacia».

Sin embargo, en «Haz que funcione» sí que lo hace, dejándonos algunas «perlas» realmente valiosas.

Eso sí, encontrarlas supone un reto, porque aparecen en lugares un tanto insospechados.

En mi caso, lo que me incitó a buscarlas fue la curiosidad que me despertaron algunas frases que le oí a Allen en una ocasión.

En concreto, hubo una que me sorprendió mucho, por inesperada: «los objetivos son para liberar presión, no para crearla».

Qué son los objetivos en GTD

Desde el punto de vista más operativo, en GTD un objetivo es un resultado concreto que quieres conseguir, que requiere más de un paso y que vas a tardar más de un año en alcanzar.

Desde este enfoque, si te fijas, la diferencia entre proyecto y objetivo es únicamente la duración. Si el resultado se consigue en menos de un año es un proyecto y si va a llevar más tiempo es un objetivo.

Ahora bien, desde un punto de vista más estratégico, más de largo alcance, un objetivo es el resultado asociado a una visión (visión como concepto GTD, se entiende).

Y aquí se plantea una situación curiosa, porque una visión representa un estado que, al menos a priori, se entiende ideal, es decir, que puede que se consiga o puede que no.

Esto nos lleva a que los objetivos en GTD pueden ser dos cosas: punto de destino o punto de referencia, una dicotomía que aumenta exponencialmente su utilidad.

Para qué sirven los objetivos en GTD

Los objetivos en GTD son, como casi todo lo demás en la metodología, recordatorios externos, visibles, de cosas que —por un motivo u otro— son relevantes para ti.

Intentar gestionar recordatorios con nuestra cabeza es una mala práctica. No solo porque funciona mal, sino porque tiene efectos secundarios negativos: ruido, pérdida de enfoque y estrés.

En este sentido, conviene recordar que el propósito final de sacar un recordatorio de la cabeza y ponerlo en una mente externa/extendida es liberar presión/tensión.

Luego los objetivos en GTD sirven, sobre todo, para liberar presión/tensión. Esto se consigue de dos maneras, según el tipo de objetivo.

Si el objetivo es el recordatorio de un resultado real, concreto, que requiere varios pasos y que voy a conseguir en un plazo superior a un año, me va a ayudar a tenerlo controlado y a ser consciente de cómo voy progresando hacia él.

Por el contrario, si se trata del resultado asociado a una visión, su valor, como dice Allen, es otro: «the value of goals is not in the future they describe, but the change in perception of reality they foster, in the present».

Es decir, el valor de este tipo de objetivos no está tanto en el futuro que describen —en lo que se quiere conseguir—, sino en el cambio de percepción de la realidad que fomentan en el presente.

En otras palabras, la utilidad de establecer objetivos asociados a visiones —además de liberar presión—es que activan tu Sistema de Activación Reticular (SAR).

Esto hace a su vez que todo lo relacionado con dichos objetivos —positivo o negativo— pase a llamarte más la atención. En consecuencia, te equipa mejor para conseguirlo o, al menos, para aproximarte al máximo a ello.

Conclusiones

Muchas personas utilizan los objetivos con la intención de ayudarse a conseguir cosas que son relevantes para ellas.

El problema es que, aunque la intención es buena, estos objetivos a menudo están mal planteados, lo cual es contraproducente.

Porque con los objetivos pasa lo mismo que con los planes. Si los defines bien, los revisas con la frecuencia necesaria y los adaptas regularmente a la realidad, entonces son útiles.

Pero, cuando los defines mal o te empeñas en mantenerlos inmutables y, sobre todo, cuando te empeñas en que la realidad se adapte a ellos, entonces no solo dejan de ser útiles, sino que se convierten en fuente de ansiedad y estrés.

Por tanto, un objetivo debería tener como origen algo que ronda por tu cabeza presionándote para que hagas algo con ello.

Convertir este ruido mental en un objetivo, si lo haces bien, debería traducirse en una sensación de liberación y de mayor control sobre el tema.

Pero si la sensación que te produce dicho objetivo es negativa, entonces es que hay algo equivocado en su planteamiento. Y por sensación negativa me refiero a cualquier tipo de presión, incomodidad o malestar.

Afortunadamente, hay una buena práctica para establecer objetivos útiles —es decir, que liberen presión y te ayuden a avanzar.

Se trata de que sean lo suficientemente retadores como para que te inciten a la acción y, a la vez, lo suficientemente realistas como para que no te generen estrés ni te desmotiven.

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