Revista Cultura y Ocio

Mark Twain: Centenario de su muerte

Publicado el 21 abril 2010 por Susanabb

Mark Twain: Centenario de su muerte

 

En 1909, cuando casi toda su familia había muerto y estaba casi arruinado, Mark Twain escribió:
“Vine al mundo con el cometa Halley. Vuelve el año que viene y sería la mayor desilusión de mi vida no irme con él. Sin duda, el Todopoderoso ha dicho: aquí tenemos a estos dos bichos raros. Llegaron juntos, que se vayan juntos

 

Su deseo se hizo realidad. Samuel Langhorne Clemens, conocido por el pseudónimo de Mark Twain había nacido en Florida el 30 de noviembre de 1835  y falleció en Redding, Estados Unidos, el 21 de abril de 1910. Hoy se cumplen los cien años.

Mark Twain: Centenario de su muerte

 

MARK TWAIN. A los 100 años de su muerte
Considerado el padre de la narrativa estadounidense contemporánea, el 21 de abril se cumple el primer centenario de la muerte de Mark Twain, cuyo nombre y novelas se asocian irremediablemente al ingenio y la aventura. José Antonio Gurpegui revisa su influencia decisiva en Hemingway, Faulkner o Bellow.


“Toda la literatura norteamericana moderna viene de un libro de Mark Twain titulado Huckleberry Finn. Si lo lees, detente justo cuando al negro Jim se le separa de los chicos, ése es el verdadero final. El resto es un simple engaño. Pero es el mejor libro que tenemos. Toda la literatura norteamericana empieza con él. No había nada antes. No hay nada tan bueno después.” La apreciación se refiere, obviamente, a Huckleberry Finn de Mark Twain -seudónimo de Samuel Langhorne Clemens (1835-1910)- y fue realizada por Ernest Hemingway en Las verdes colinas de África (1935)


(…)Sin embargo, lo que resulta evidente es que Las aventuras de Huckleberry Finn (1885) marca el punto cumbre de las letras norteamericanas, consagrando definitivamente la “independencia cultural” que reclamara James Kirke Paulding a comienzos del XIX, e iniciada con La letra escarlata (1850) de Hawthorne y Moby Dick (1851) de Melville. No en vano, en una conferencia en Japón, en 1955, William Faulkner afirmó que Twain es “el padre de la literatura norteamericana… el primer escritor verdaderamente norteamericano, y todos nosotros somos sus herederos”.


Lo sorprendente, sin duda, es cómo un huérfano de doce años llamado Samuel Clemens, que abandonó sus estudios para trabajar como aprendiz en un modesto periódico local, piloto de barcos, soldado y viajero, se convirtió en una leyenda para millones de lectores, escritores y críticos gracias a sus crónicas periodísticas y a novelas tan populares como el ya mencionado Huckleberry, Las aventuras de Tom Sawyer o Un yanqui en la Corte del rey Arturo.


William Dean Howells, editor del influyente Atlantic Monthly y gran pope de la literatura norteamericana de entresiglos (XIX-XX), alabó efusivamente la publicación de Huckleberry Finn llegando a afirmar que se trataba de la primera obra de ficción que reflejaba con fidelidad la realidad e idiosincrasia norteamericanas. Howells, en estas cuestiones críticas mucho más fiable que Hemingway, abogaba por un modelo cultural literario norteamericano más próximo al regionalismo -en lo que vino a denominarse “color local”- que al urbanismo de Henry James, que acababa de publicar Washington Square (1881). Y de alguna forma la dicotomía Twain-James o James-Twain parece tener una sombra tan alargada que se proyecta hasta el siglo XXI. En cierta ocasión escuché a mi querido maestro Leopoldo Mateo mencionar cómo había constatado que aquéllos que sentían pasión por Twain aborrecían a James, y viceversa.


En el caso de Twain su influencia se circunscribe casi exclusivamente a Huckleberry Finn, pues el resto de sus obras, si exceptuamos algún que otro cuento incluido en La afamada rana saltarina del condado de Calaveras (1867), no logra ni tan siquiera aproximarse a las cotas artísticas alcanzadas en la historia del pícaro Huck y el esclavo Jim.


Con anterioridad a Twain, escritores como Francis Bret Harte, autor del divertido volumen The Outcasts of Pokerflat (1869) y Joel Chandler Harris y sus Historias del tío Remus (1880) ya habían explorado las posibilidades literarias del ambiente rural y fronterizo, de acuerdo a formas y modelos literarios distintos, no necesariamente antagónicos, al romanticismo de la primera mitad del siglo, pero es Mark Twain quien confiere su auténtica categoría al género.


Hamlin Garland fue uno de sus primeros y más aventajados discípulos y los cuentos de sus Main-Traveled Road (1891), y especialmente A Son of the Middle Border (1917) ofrecen una perspectiva de la América rural que complementa la del autor del Mississippi. También Charles W. Chesnutt en su injustamente olvidada The Marrow of Tradition (1901) mantiene interesantes deudas con Twain, tanto en lo referente al género literario como en lo sustancial del argumento al explorar la perversión social y personal que significa la esclavitud. Similar influencia a la que podemos encontrar en George Washington Cable, especialmente en obras como The Negro Question (1888).


En los autores del siglo XX la influencia de Twain resulta mucho más sutil. En el caso de Saul Bellow, por ejemplo, el título de una de sus más admiradas obras, Las aventuras de Augie March (1953) ya indica de forma más bien explicita dónde encontraremos el referente. Pero no es solo el título: la progresión del héroe desde la infancia a la madurez o ese ambiente picaresco que sazona la novela nos remiten directamente a Huck. También Ralph Ellison, autor de El hombre invisible (1952), afirmaba en un antológico ensayo que Twain “nos ha enseñado cómo capturar lo que es esencialmente norteamericano en nuestras costumbres y folclore”. Resulta interesante la valoración de este escritor afroamericano, sobre todo teniendo en cuenta las recientes valoraciones de jóvenes críticos que consideran a Twain un escritor racista…


Algo más objetiva resulta la también afroamericana Toni Morrison, premio Nobel, quien colaboró escribiendo la Introducción de Huckleberry Finn en el X volumen de The Oxford Mark Twain (1996), donde Shelley F. Fishkin editó los 29 volúmenes de sus obras completas. También Arthur Miller participó en el proyecto en los escritos pertenecientes a la Autobiografía: fue él quien me comentó que le habían contactado para escribir una de las introducciones y recuerdo perfectamente su comentario cuando, al hilo de lo que me acababa de decir, mencioné cómo el inmortal novelista parecía estar cuestionado a finales del siglo XX, “Natural -ironizó Miller-, nadie les prestaría atención si, como nosotros, dijeran que es el novelista más importante de las letras norteamericanas”. Esta enciclopédica edición de las obras de Twain resulta también ilustrativa al repasar la nómina de escritores que han participado.

Además de los referidos Miller y Morrison, también han colaborado firmas tan prestigiosas y consagradas como E. L. Doctorow introduciendo Las aventuras de Tom Sawyer; Kurt Vonnegut en el volumen correspondiente a Un yanqui en la corte del rey Arturo; Bobbie Ann Mason, Malcolm Bradbury, Walter Mosley, Cynthia Ozick, Erica Jong; Lee Smith, Gore Vidal. Todos ellos reconocen no solo la importancia de Samuel Langhorne Clemens, Mark Twain, en la literatura norteamericana, sino en sus propias creaciones artísticas y en su concepción del arte y de los Estados Unidos. José Antonio Gurpegui  EL CULTURAL

Mark Twain: Centenario de su muerte

 

Twain tuvo una vida intensa y acabó amargado por golpes tanto económicos como familiares. Su estilo popular y lleno de humor de los comienzos, y su ironía y sarcasmo de sus últimas producciones literarias, contrapusieron el mundo idealizado de la infancia, inocente y a la vez pícara, con una concepción desencantada del hombre adulto, el de la era industrial, de la edad dorada, engañado por la moralidad y la civilización.Theodore Roosevelt lo odió y Franklin Roosevelt lo admiró. Friedrich Nietzsche aseguraba que un libro suyo era un muy buen regalo y T.S. Eliot, sospechaba que Twain había inventado un nuevo modo de escribir (...) Borges aseguraba que al contrario de Kim de Rudyard Kipling y Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, su obra es imaginable en los Estados Unidos.
 La escritura de Twain es el río Mississippi. El río y el sur marcaron su vida.


Fue en la distinguida Nueva Inglaterra donde Twain escribió los libros sureños que lo hicieron famoso entre ellos : Las aventuras de Tom Sawyer, que se convirtieron en 1876 en el primer libro escrito a máquina de la historia de la literatura, Vida en el Mississippi (1883) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1884). Twain describe en un lenguaje inocente y claro la idílica vida en el río y cómo fue desgarrada por la esclavitud y el odio racial. Los expertos en literatura infanto juvenil sostienen que estas obras repletas de huelga, problemas escolares, un episodio de huida, historia de amor, elementos de un policial, búsqueda de tesoro y un final feliz pocas veces fueron tan logradas.Crítica de la Argentina
Capítulo I No sabréis quién soy yo si no habéis leído un libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer, pero no importa. Ese libro lo escribió el señor Mark Twain y contó la verdad, casi siempre. Algunas cosas las exageró, pero casi siempre dijo la verdad. Eso no es nada. Nunca he visto a nadie que no mintiese alguna vez, menos la tía Polly, o la viuda, o quizá Mary. De la tía Polly -es la tía Polly de Tom- y de Mary y de la viuda Douglas se cuenta todo en ese libro, que es verdad en casi todo, con algunas exageraciones, como he dicho antes. Bueno, el libro termina así: Tom y yo encontramos el dinero que los ladrones habían escondido en la cueva y nos hicimos ricos. Nos tocaron seis mil dólares a cada uno: todo en oro. La verdad es que impresionaba ver todo aquel dinero amontonado. Bueno, el juez Thatcher se encargó de él y lo colocó a interés y nos daba un dólar al día, y todo el año: tanto que no sabría uno en qué gastárselo. La viuda Douglas me adoptó como hijo y dijo que me iba a civilizar...Mark Twain Las Aventuras de Huckleberry Finn

Mark Twain: Centenario de su muerte
ESPECIAL DE "El MUNDO" por el Centenario de MARK TWAIN


EL HOMBRE
EL ESCRITOR
SU OBRA
PERSONAJES
EN SU CASA MUSEO
ÁLBUM HOMENAJE

Mark Twain: Centenario de su muerte

SU IRONÍA. PALABRA DE TWAIN
Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.
La historia no se repite, pero rima.
Para Adán el paraíso es donde estaba Eva.


Así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco.


Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.


El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hay sol y nos lo exige cuando empieza a llover.


El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena.


Cuando yo tenía 14 años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los 21, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años.


El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno, por la compañía.


¿Qué serían los hombres sin mujeres? Pocos, muy pocos.
Mark Twain: Centenario de su muerte
Ilustración: Idígoras y Pachi
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