Revista Opinión

Masonería y participación social

Publicado el 19 octubre 2015 por Habitalia
Las Obediencias masónicas son poseedoras de una tradición que se legitima por su antigüedad, sin embargo son sensibles a los movimientos de la sociedad.

La identidad de la Francmasonería adogmática desde 1728 es el equilibrio entre un planteamiento iniciático encaminado a emancipar a los individuos y el compromiso social y ciudadano que debe permitir el progreso de la sociedad. No hay pues en él lugar para integristas de la tradición, ni tampoco para extremistas de la acción política, pero buscando un equilibrio individual, nos comprometemos también con el contexto social que nos rodea. Hay pues una modernidad masónica cuando ésta se basa en este equilibrio entre planteamiento individual y compromiso común.

Cuando se habla de Francmasonería y modernidad, se contrapone a menudo tradición y progreso. Como si se tratara de una paradoja. Realmente, se trata más bien de una complementariedad. Somos una sociedad que efectivamente se afianza en la tradición pero en la tradición comprendida como un elemento de transmisión de lo que han hecho nuestros antecesores y somos ciudadanos con determinación, activos en el mundo de hoy, participes en la evolución de la sociedad, o incluso proponiendo acciones o soluciones a los problemas que nos rodean.

La Masonería ha sido moderna por naturaleza, puesto que defendió la idea de las libertades. La logia se creó por otra parte para permitir dialogar sobre todo lo que era tabú y prohibido exteriormente.

La Masonería se define progresiva, a veces fue progresista, aunque acoge también a muchos conservadores, puesto que la conservación de la tradición no es la reacción, es decir, el hecho de mantener lo que los reunió desde siempre. La Francmasonería es, por otra parte, la primera sociedad mundializada, puesto que la iniciación se reconoce como tal para todas y todos - al menos es el caso en las Obediencias liberales - cualquiera que sea el lugar dónde se ha realizado con tal que se hayan respetado los valores que nos son comunes y que estaban muy presentes en la construcción de la República.

Hoy estos mismos valores no han cambiado, los descubrimos en nuestros debates sobre la bio ética, sobre la construcción de Europa; recientemente sobre la integración del Islam o el debate "la inmigración una oportunidad más que un problema...". Son debates que no se abordan en una sociedad que se ha transformado en una sociedad del espectáculo y las variedades, en la que no se aborda en realidad ningún debate. El espacio masónico es el lugar en el que se escucha y donde se intenta proponer algo. Y ese espacio de libertad es naturalmente moderno -como era moderna la elección democrática de los Presidentes de las logias a partir de 1773, como era moderna la igualdad de todos en las logias y la aceptación en ellas de personas que no eran ciudadanos, de musulmanes, judíos, negros, de las mujeres - algo que en su tiempo se consideró como una aberración y que lo es considerado todavía hoy por algunas Obediencias. Hay pues sobre este tema un verdadero trabajo de modernidad permanente porque lo que es moderno es el respeto del otro, es el diálogo, es la libertad de opinión, pero es sobre todo el hecho de encontrar al final una síntesis dinámica destinada a saber proyectar sobre la base de lo que se ha aprendido y a hacer progresar por influencia al resto de la sociedad.

Sin embargo, la tradición está en el centro del ideal masónico; el problema consiste en no confundir la tradición y el inmovilismo; no considerar que la Masonería es una clase de referencia, viejos iconos, viejos galimatías que no deben mostrarse nunca, respetados sin duda, pero desconocidos. La Masonería, es precisamente ese espacio que en nombre del método, permite estar siempre presente en las evoluciones y progresos sociales.

Esencialmente, la Francmasonería es actualmente una gigantesca "caja de herramientas"; un espacio donde cada uno puede venir a buscar aquello que le es necesario en vista a expresar con valor, determinación, a veces lucidez, una visión política. Muchos responsables políticos dudan de la capacidad de la sociedad y la imaginan mucho más atrasada de lo que en realidad lo está. Desde la masonería, se da cuenta hoy, de la importancia de considerar la inmigración como un activo positivo, abogando por una integración verdadera que respeta las identidades pero que no reconstruye comunidades artificiales y que permita consolidar el pacto que nos permite vivir juntos. Presenta la construcción de un Islam de Europa y no solamente de un Islam en Europa. Hay una serie de elementos que son anunciados por los Francmasones desde siempre.

Vamos a volver a publicar en poco tiempo la lista de todas las cuestiones planteadas a las Logias desde la creación de la Masonería. Se verá hasta qué punto está en anticipo o en desfase con la sociedad, tratando de los temas que llegarán más pronto o más tarde... : el derecho de las mujeres a elegir, la libertad de asociación, la libertad de la prensa, la abolición de la esclavitud, el sufragio universal, la separación de la Iglesia y el Estado; todas eran nuevas ideas, supuestamente imposibles de aplicar en una sociedad que no las aceptaría.

Creo que esto es lo que permite a la Masonería ser útil, moderna; y que el Gobierno sea más bien de derechas o más bien de izquierda es para nosotros indiferente; lo que nos interesa, es que avanzamos siempre para solucionar estos problemas y en consecuencia estamos atentos a aquellos que utilizan la "caja de herramientas" que les proponemos libremente.


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