Revista Cultura y Ocio

Menuda sorpresa – @BlasRGEscritor

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

Martes 12 de abril de 2016. 22:33

—Llegas tarde.

Su voz suena como siempre, invariable. No puedo evitar mirarlo a la cara y ver que sonríe.

—Sólo son tres putos minutos, vamos, no me jodas.

A mí en un principio no me sale sonreír, aunque sé que no tardaré demasiado en hacerlo. Él siempre lo consigue.

Lo miro de arriba abajo, lleva la ropa de siempre, menuda sorpresa.

—Bueno, aquí estamos un año más —me dice para romper el hielo. Él y su frasecita de todos los años. No cambia.

Quizá no quiero que lo haga. Cuando me voy de aquí me gusta quedarme con ese sabor de boca de parecer que a pesar de que los años siguen pasando, él sigue igual.

Ojalá pudiera decir de mí lo mismo.

—Pues sí. No sé por qué coño seguimos quedando en este sitio, me trae mal fario.

Él comienza a reír.

—Tú y tus putas supersticiones.

—No es una superstición, coño, es que mira que hay lugares en el mundo, ¿por qué tiene que ser aquí?

Me mira fijamente y luego mira a nuestro alrededor.

—Me gusta la tranquilidad. Además, qué coño, que ya no tenemos edad para frecuentar esos antros a los que solíamos ir. Bueno, tú al menos.

—Ja, ja y ja. Claro, como para ti no pasan los años…

—Ventajas de haber pactado con Satán.

No puedo evitar pensar en lo de que “el Suzu” dice. Tiene razón, ya no ando para esos trotes. Y no precisamente por edad. Un día, sencillamente, me dejó de apetecer. Y mira que puede parecer extraño para una persona de veintitrés años el decir estas cosas. Pero no, no me apetece.

—Y dime, ¿cómo va todo? —Me pregunta.

—¿A qué te refieres con todo? —Trato de sonsacarle la pregunta clave.

—No sé, los chicos, ¿cómo están?

La evita.

—Ya los conoces. Siguen a su bola y quizá mejor así. Hace tiempo que no los veo pero es que siguen dentro de sus movidas y todo eso ya no va conmigo.

—Ahora resultará que eres un ángel.

—¿Pero el ángel no eras tú? —Le comento sonriendo. Ya ha conseguido que lo haga. Menuda sorpresa.

—La hostia. Tiene huevos que me digas eso. ¿Tú crees que a una persona que le apodan “El Suzu” podría ser alguna vez un ángel?

Ahora ríe. Menudo es. Pero es que en el fondo tiene razón el muy cabrón. No sé si él lo recuerda, pero ese apodo se lo saqué yo mismo. Recuerdo cuando éramos unos críos y no dejaba de marearme la cabeza con que cuando reuniera el dinero suficiente acabaría comprándose una Suzuki GSX 750. Yo no hacía otra cosa que llamarlo pringado porque en su puta vida reuniría él ni un mísero Euro. Y vaya que si lo consiguió. Los métodos eran lo de menos. Pero he de admitir que me sorprendió que por una vez en su vida se esforzara en algo.

—Y dime, ¿cómo está ella?

Por fin me hizo la puta pregunta.

—¿Tú qué crees?

Me mira triste.

—No te puedo mentir —proseguí—, no remonta. He tratado en muchas ocasiones de animarla, pero no se deja ayudar. Celia está muy encima de ella, pero no, no se deja ayudar.

—Menuda sorpresa.

—Tienes que entenderla. Un día, sin más, te marchas. No puedes esperar que lo entienda. ¿Has tratado alguna vez de comunicarte con ella?

Mira al frente.

—No sabría qué decirle.

Lo entendía perfectamente. Aunque no pensaba darle la razón. A mí también me costó entender su marcha, aunque me empeñé en lo lograrlo hasta que un día lo entendí.

—Haz lo que quieras, siempre lo has hecho —le dije. No encontraba una frase mejor que esa.

Él vuelve a mirarme.

—¿Y ahora, qué vas a hacer?

—Supongo que seguir con el día a día. Celia quiere quedarse embarazada, ¿te imaginas? Yo de padre.

—Serías un buen padre, imbécil. No digas esas cosas.

—¿Tú crees?

—Siempre lo has sido para mí. Bueno, un hermano más bien, pero vamos que cuidar me has cuidado. No creo que haya mucha diferencia con ser padre.

Ahora el que agacha la cabeza soy yo.

—No siempre te cuidé.

—¿Te refieres a eso? No me seas idiota, anda. Lo que hice lo hice porque me dio la gana. Vamos, cargar tú con la culpa. Si pudiera te daba una hostia para que espabilaras de una puta vez.

—Pero no puedes —digo en voz baja mirando hacia atrás.

Me levanto de la gran piedra de mármol despacio. Giro todo mi cuerpo para mirarlo bien. En la foto sale sonriente. Menuda sorpresa. Siempre sonreía. Siempre.

Miro la fecha y no puedo evitar sentir un escalofrío.

12 de abril de 2011.

No sé por qué te miento cuando digo que entiendo tu partida. No sé por qué no admito de una puta vez que cuando te saliste en aquella curva con la Suzuki que tanto te había costado conseguir, tú perdiste la vida, pero yo perdí el alma.

No sé por qué sigo viniendo a fingir que hablo contigo cada año.

No lo sé.

No entiendo nada.

Menuda sorpresa.

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