Revista Cultura y Ocio

Microteatro por dinero

Publicado el 02 agosto 2011 por Juliobravo
Microteatro por dineroLlevaba mucho tiempo queriendo ir a conocer ese joven proyecto (en octubre cumplirá un año) llamado Microteatro por dinero, del que todo el mundo me hablaba con entusiasmo, pero no había surgido la oportunidad; el sábado acudí por fin para ver a mi amiga Begoña Álvarez en la obra Amor de verano, de Miguel Castillo, con dirección de José Luis Sixto, y repetí al día siguiente para ver la última función de este proyecto, esta vez con Fanni Alcázar acompañando a Nacho López como pareja protagonista, y otras dos propuestas más: (lo otro), de Juan Cavestany, y Casi doce, de Miguel Alcantud y A. Russo.
He de decir que el proyecto ha superado sin duda mis expectativas, no solo por la calidad de las tres obras que vi, sino también por la frescura, la originalidad y el talento que se respira en ese local que fue en su día carnicería y que hoy es un centro cultural de primer orden. El teatro madrileño tiene un latido diferente en este Microteatro por dinero, que abre nuevas vías de expresión a autores, directores y actores, y que es un magnífico reclamo para nuevos públicos.
El mecanismo es sencillo. El sótano del local está dividido en cinco salas, pequeñísimas, con capacidad para un máximo de quince espectadores, y cada mes se programan otras tantas piezas cortas -su duración no puede superar el cuarto de hora- basadas en una temática concreta: en julio fueron las vacaciones y en agosto el aburrimiento; se ofrecen varias sesiones y el público puede acudir a cualquiera de ellas por un precio de tres euros la función. A la hora señalada, Lucía anuncia la sala y los espectadores bajan las escaleras hasta el oscuro pasillo que flanquea las salas. Algunos montajes permiten al espectador sentarse, y otras tienen que seguirse de pie. El interín entre obra y obra se puede amenizar en el bar o en la terraza.
Se respira un ambiente muy especial en este local, donde se produce una inevitable simbiosis entre público y actores. Hay muchos rostros conocidos que acuden para ver el trabajo de sus compañeros y estar con ellos en un contexto muy distinto del que están acostumbrados.
Disfruté enormemente con (lo otro), donde una pareja (Raúl Jiménez y Raquel Guerrero) regresa de sus vacaciones con un pequeño problema en la conciencia y admiré el soberbio y comprometido trabajo de Elena Corredera y Raúl Tejón en Casi doce, donde los dos se muestran desnudos a solo unos centímetros de los espectadores; su naturalidad y su verdad hacen sin embargo que a los dos minutos esa desnudez deje de ser una incomodidad. Pero me atrapó sobre todo Amor de verano, una singular historia de amor entre dos obras de arte; la función está llena de humor, de ternura, de poesía... En las tres obras se establece una conexión entre los actores y sus espectadores, que dejan de serlo para convertirse en cómplices y en mudos comensales del banquete escénico.
Microteatro por dinero es una de las mejores ideas que ha tenido el teatro español en los últimos tiempos, y ojalá nunca pierda su esencia.

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