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Morocco VIII: Treintaiuno - Thirtyone

Publicado el 11 abril 2012 por Marinero

It’s almost eight o’clock in the morning and we are already checking the wave of Boilers at sunrise. The forecast has showed an important swell increase so we decided to leave the lonely south of Morocco in order to try some mythic waves. Around Tagazhout people have suffered three flat days which make us forget about the idea of a not-crowded surf session today. The rights were breaking over the rocks while the peak was more and more crowded every set. Suddenly, that quite session that some early riser were enjoying, became an international madness.

I paddle the first wave of the set, make some good turns and try to run the whole last section without success. The worst part was that the wave broke my leash, leaving me in the middle of nowhere, with no clue about my surfboard and a pretty big set approaching. I tried to focus on getting out of there. It wasn’t deep enough to dive under the waves so I just hold as tight as I could trying not to be roll over the rocks. I started to swim right to the little cliff in front of the waves. I thought I spotted my surfboard over some rocks and it didn’t seem broken. While I was climbing up the cliff, some Americans rescued my board from getting messed up by incoming waves. Once at the top, I thanked them, and we started tripping how lucky I was that my board barely suffered any damage after this crazy situation. To the point where i went back out into the water, and an hour later, broken fin.

Some some Moroccans had blocked the way out in order to force you to take another exit where they wait you with a chain and the friendly request of some Dirhams in order for them to lift the chain. We were tired of all this kind of black mailing, so we just drove over the rocks, listening to the moroccans shouting at us, reminding us of our mothers.

Taking avdantage of our currently situation in Tagazhout: epicenter of the Moroccan surf world, a place left by the authentic years ago, and now in present day, substituted by pizza rastaurants, surfcamps, surfshops and all kinds of tourist attractions. We avoid the typical cous-cous and Tajin meals eating huge pizza slices. After changing my board we went to check out a different wave that we spotted yesterday evening up from a cliff.

What we found there was awesome: The longest, most rippeable perfect right point break i have ever surfed. I couldn’t say how many turns you could fit into this wave, all I know that when it was over, my legs were burning, i had a permanent smile and it was impossible to hold up a big claim! A perfect five hours long session.

Paddles back to the peak were up to five-teen minutes long, but a motivating one too, since you got to see all the others ripping down the line.. It was a huge bummer my camera was still broken and couldn’t get the proper focus to take pictures. They would have been the gnarliest pictures of the entire trip

To put and end to our day, we drove to the next big city, Agadir, to buy a few beers to go with the delicious new year's dinner our landlord was preparing. We were exhausted, but we had too much to celebrate.

Son las ocho de la mañana y estamos viendo amanecer en Tagazhout sobre la explanada de rocas frente a la ola de Boilers. Las previsiones marcaban una subida de así que decidimos abandonar el solitario sur de Marruecos para probar algunas de sus olas más míticas. Por aquí habían sufrido tres días sin olas lo que nos dejaba bastante claro que no seríamos los únicos en el agua, ni mucho menos. Las derechas rompían sobre las rocas mientras aquello se iba llenando de gente. Para cuando nos quisimos dar cuenta, esas derechas que ante compartíamos entre unos pocos madrugadores, ahora se habían convertido en un festival de saltadas internacional.

Cojo la primera de la serie, un par de giros y trato de correr la última sección hasta el final pero me cierra con tal mala suerte que se rompe el invento. Levanto la cabeza y la situación no es muy cómoda: la ola continúa su camino hacia las rocas, no hay rastro de mi tabla, el agua me llega por las rodillas y la serie viene hacia mí.

Decido olvidarme de la tabla y centrarme en salir de allí. No cubre nada así que no puedo sumergirme para pasar las olas sin que me revuelquen por las rocas del fondo así que intento agarrarme como puedo. Nado hacia el pequeño acantilado que hay justo en frente de la ola sin saber muy bien como lo voy a subir pero ya he comprobado que llegar a la zona por la que se sale me es realmente imposible. Me ha parecido ver la tabla sobre unas rocas, no parece estar partida. Mientras subo veo que unos americanos rescatan mi tabla de ser llevada de nuevo al agua. Ya arriba, les doy las gracias, comentamos la jugada y nos reímos de la suerte que he tenido; apenas tiene un toque. Vuelvo al agua sin saber que una hora después partiría quilla y dos tapones.

Salimos del descampado de piedras como podemos porque algunos marroquís, con ánimo de alegrarte el día, han decidido llenar de piedras la salida obligándote a pasar por otro lado donde te esperan con una cadena y la escusa de unos cuantos dírhams a cambio de levantar la barrera. Hartos de este tipo de chantajes, decidimos pasar el coche por todas las rocas mientras oíamos a dichos personajes acordarse de nuestras respectivas madres en marroquí.

Aprovechando que estamos en Tagazhout: epicentro del surf en Marruecos donde lo auténtico hace ya mucho tiempo que dejó de habitar esta zona, siendo sustituido por infinidad de pizzerías, surfcamps, surfshops y demás atracciones para los turistas; aprovechamos a dejar de lado el cous-cous y el Tajin y nos damos el gustazo de una buena pizza. Cambio de tabla y nos acercamos a comprobar una ola que habíamos visto el día anterior desde el acantilado.

Lo que nos encontramos fue increíble: la derecha más larga y perfecta que he surfeado en mi vida. No sabría decir cuántos giros podías haber hecho al acabar la ola pero si sé que era inevitable ir sonriendo y acabar con un grito de júbilo. No nos lo creíamos. Estuvimos cinco horas en el agua. Las remontadas eran unos diez- quince minutos de remada que los hacías extasiado por la ola que acababas de surfear y las que veías que los demás venían disfrutando. Lástima que mi cámara seguía con problemas de enfocar porque esas fotos, de haber sito nítidas, habrían sido para mí de las mejores del viaje.

Para acabar el día, nos hemos ido a la ciudad de al lado, Agadir, a comprar unas cervezas para acompañar a la cena de Nochevieja que nuestro casero está preparando en casa. Estamos reventados pero hoy tenemos mucho que celebrar.

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