Revista América Latina

Apellido de soltera

Por Mexinol

Algo que a los latinos nos suele causar curiosidad o a veces extrañeza es que en los países llamados civilizados, con sociedades igualitarias en cuanto a hombres y mujeres, estas pierdan su apellido al momento de casarse. Lo gordo es que si se divorcian, o se quedan con el apellido del cabrón que les puso el cuerno, o tienen que volver a cambiar el apellido y recuperar el “apellido de soltera”. Si por masoquismo puro se vuelven a casar, nuevo cambio de apellido, con lo que al final la pobre mujer tiene que tener un complejo de personalidad múltiple del copón.

En España ya sabemos como es el asunto, todos tenemos dos apellidos y la mujer se queda con sus apellidos cuando se casa, y sigue llamándose igual. Pero lo que pasa en México en este aspecto es lo que nos trae este comentario.

En México todas estas costumbres vienen desde España, por lo que legalmente, una mujer al casarse sigue manteniendo sus apellidos y, como sucedía en España, ella dará su primer apellido a su hijo, quien lo portará en segundo lugar después del de su padre. Todavía no nos ha llegado la moda esa de revolver apellidos como en España, pero tiempo al tiempo.

Sin embargo socialmente si se hace un cambio, la mujer casada, al presentarse suele dar su nombre, su primer apellido, y posteriormente agregar un "de" seguido del apellido del marido. Para explicarme un poco mejor os pondré la tabla siguiente


Nombre de soltera

Nombre legal de casada

Nombre social de casada

Romualda Gorgonia Pechotoro

Romualda Gorgonia Pechotoro Romualda Gorgonia de Algodóñez


Con esto claro, estoy asumiendo que Doña Romualda es la parienta de Don Pelotillón Algodóñez. Lo chistoso es cuando el marido tiene un apellido compuesto, como puede ser López de Algodóñez, entonces la tía debe presentarse como “Romualda Gorgonia de López de Algodóñez”, o que tal la parienta de un tío cuyo apellido compuesto empieza con “de”, como por ejemplo Miguel “de” Cervantes, La tía se presentará como Romualda Gorgonia de de Cervantes.

Todo esto está cayendo ya en desuso, sobre todo entre las clases mas populares de la población, es decir, entre los pobres. Sin embargo las damas de la alta sociedad siguen conservando esa etiqueta del “de” como un título nobiliario, para así indicar a sus congéneres que es una respetada señora casada. Igualmente en las revistas de sociedad así lo destacan, y ya se ha quedado en la consciencia de la gente que cuando una mujer dice el “de”, se asume que está casada con un tío que tiene mas pasta que la sopa de un asilo de ancianos.

Yo recuerdo que cuando era crío algunas mujeres entradas en años se llegaban a presentar como “la señora de Algodoñez”, así que supongo que esta costumbre viene de antiguo, y que poco a poco va con tendencia a desaparecer.


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