Revista Cultura y Ocio

"No hagas que tenga que acabar yo mismo con mi vida"

Publicado el 21 mayo 2014 por Pnyxis @Pnyxis


Hoy ha caído en mis manos la entrevista que le hicieron a Ortega Lara en El Mundo, y el fragmento de la misma que te dejo a continuación es lo que más me ha impresionado sin lugar a dudas. Creo que por una vez no hace falta ni que comente nada:
Usted fue liberado tres días después de ese aniversario de boda...
Si la Guardia Civil no hubiera llegado a tiempo, me habría suicidado pronto porque estaba realmente desquiciado.
¿Qué recuerda de esos días finales?
 Un sufrimiento atroz. Pero de verdad atroz. Fui el ser más desgraciado que había sobre la faz de la tierra. 
¿Si no fuera creyente se habría suicidado?
Con toda probabilidad. Para un creyente el suicidio es lo más degradante, lo más humillante. Cada vez que me lo planteaba me sentía fatal conmigo mismo. Pero aquel dolor era insoportable.
Debió ser un conflicto desgarrador.
Siempre discutía con Dios. Luego me arrepentía, me disculpaba y volvíamos otra vez, así día tras día. Al final le decía: «Hombre, por favor, dame una salida. Si no consideras oportuno que salga de aquí vivo, haz por lo menos que me maten. No hagas que tenga que acabar yo mismo con mi vida».
Eso mismo es lo que le pedía a Dios uno de los personajes de El Maestro y Margarita de Bulgakov cuando Cristo estaba en la cruz: «Dale una salida». ¿Pensó en algún momento que lo suyo era como la Pasión...? 
Sí y me enfadaba con Él: «Lo tuyo duró tres días hasta la Resurrección. Pero yo llevo aquí 300, 400, 500 días y no me das ninguna solución». Al día siguiente hacía de tripas corazón y le decía: «Perdona, es que estoy muy enfadado... pero tengo motivos para estar enfadado, ¿no?». 
¿Llegó a compararse con Jesucristo en la cruz?
Me sentía como el más desgraciado de los hijos de Dios. ¡Pero cómo me voy a comparar con Jesucristo...! 
En el sentido de que la Redención es pagar por los pecados ajenos, sacrificarse por los demás...
Durante un tiempo me sentí útil. Pensaba que mientras estuviera allí a ningún otro compañero le iba a pasar lo que a mí... Pero todo tiene un límite. Llega un momento en que más que un ser humano eres casi un guiñapo y eso me aterrorizaba... 
Hasta pensar que Dios le había abandonado...
Había que estar allí, en aquellas circunstancias, en aquel momento, en absoluta soledad, en medio de aquella humedad, con dolores físicos y el alma destrozada. Sufriendo, sufriendo y sufriendo todos los días...


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