Revista Cultura y Ocio

Nunca digas nunca

Por Eltiramilla

nuncadigasnuncaCRÍTICA LITERARIA

Nunca digas nunca

Autor: Amy Lab
Edición: Alfaguara, 2012Una noche en la lunaUna noche en la luna, de Cath CrowleyMiguel StrogoffMiguel Strogoff, de Julio VerneÁrboles de JudíasÁrboles de Judías, de Barbara KingsolverArgumentoJacq afronta el verano más trascendental de su vida: recuperarse de una gran pérdida, acostumbrarse a una nueva familia, encontrar nuevas amistades y descubrir el amor. Pero, por si fuera poco, se verá también obli­gada a enfrentarse a un oscuro secreto del pasado que todos a su alrededor tratan de esconder. El peligro y el amor están más próximos de lo que ella imagina…
Opinión - Alba Úriz, 17/10/2012

Se deja leer, entretiene y resulta muy fácil identificarse con los personajes

Nunca digas nunca es la historia de un grupo de amigos durante las vacaciones de verano, que pasan en un pueblecito precioso de la Sierra de Madrid. Viejas y nuevas amistades, dramas familiares, amores y desamores, obsesiones, un par de asesinatos… Amy Lab, seudónimo bajo el que se esconden las escritoras Ana Alejandro Moreno y María Cereijo Arnáez, ha escrito todo un culebrón. Y esa es precisamente su baza, porque aunque la pluma no es especialmente deliciosa, cada capítulo se cierra con detalles que obligan a seguir leyendo para saber si habrá beso, si habrá revolcón, si los personajes se irán de fiesta, si se resuelve el misterio, si el asesino es quien parece ser…

Aunque no es original y sí previsible, en general me ha parecido un libro correcto. Es agradable de leer, tiene un par de diálogos divertidos, muchas situaciones se ajustan a la realidad y algunas escenas románticas están realmente bien construidas. Otra de las bazas de la obra es que está narrada a varias voces, lo que permite que lleguemos a conocer más a fondo a los protagonistas, bien perfilados y con los clichés justos.

Pero Nunca digas nunca es una novela demasiado larga con un ritmo demasiado irregular. En sus 421 páginas pasan cosas, pero no tantas ni tan interesantes como para rellenar decentemente tanto espacio, y así la lectura se hace pesada y a veces aburrida. Además, el desenlace es predecible y absolutamente precipitado. Por otra parte, Jacq a veces tiene episodios infantiloides de lo más absurdos que restan coherencia al personaje; por no hablar de que recurre a tópicos tan viejos como “las pecas en las chicas son feas” y “las cicatrices en los chicos son atractivas”. En esas escenas dan ganas de no seguir leyendo. Tampoco me ha gustado ese misterio alrededor del personaje gay: que sí, que es joven y no tiene la confianza suficiente como para contarles a sus amigos que es gay, pero hacer que el lector sobrentienda que lo es en lugar de decírselo directamente me ha parecido un poco… ridículo, pasado de moda.

A pesar de todo, como digo, éste es un libro correcto. Se deja leer, entretiene y resulta muy fácil identificarse con los personajes. Sin embargo, hay un detalle que estropea todo lo bueno. Seguro que lo adivináis: las faltas de ortografía. Hay tantas que paras de contarlas. Lo curioso es que hasta casi la mitad de la novela apenas hay faltas ni erratas, pero de repente llegan con la fuerza de un batallón imparable. ¿Es que en la editorial sólo corrigieron un cachito del libro?


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