Revista Solidaridad

Obligadas a ser heroínas cuando tan sólo quieren ser madres

Por Iñaki Iñaki Alegria @InyakiAlegria

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Obligadas a ser heroínas cuando tan sólo quieren ser madres

Arriesgar la vida para dar vida, ser madre.

Ninguna madre debería morir dando vida.

Demasiadas madres siguen perdiendo su vida al dar vida.

Estas son historias de heroicidad de mujeres que no quieren ser heroínas, tan sólo quieren ser madres de manera tranquila, sencilla y feliz, sin tener que arriesgar su vida para ello.

Artículo Publicado en El País-Planeta Futuro

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Iñaki Alegría. Fundador de la ONG Alegría Sin Fronteras (  http://www.alegriasinfronteras.org). Coordinador de proyectos médicos en Meki con la ONG Fundación Pablo Horstmann.

Estas son las historias de Meseret, Mulu, Tigist.

Meseret se está jugando la vida.

Sufrimos por ella y por el niño que lleva dentro. No está enferma, “tan sólo” está embarazada, un proceso natural que se convierte en una amenaza para la vida, en una situación de extremo riesgo, y no es para menos, Meseret nunca conoció a su madre que murió cuando ella nacía. Estamos en un pueblo rural de Etiopía, dando vida arriesgando la vida.

Mulu vive en un pequeño poblado rural en la región de Oromía, Etiopía, al 20 quilómetros de la ciudad donde se encuentra el centro de salud más cercano.

Un viaje de horas por un camino estrecho tan solo transitable a pie y en época seca cuando el sofocante calor del sol te chupa el agua convirtiendo el camino en una odisea de supervivencia a lo largo de un cementerio de cadáveres.

Sendero intransitable en época de lluvias, ríos de agua que inundan rápidamente el sendero de barro formando violentos torrentes.

Un viaje interminable bajo el sol, un viaje imposible por ríos de agua… sin embargo… un viaje preciso para poder seguir con vida… Viaje a la vida…

Un viaje preciso para poder traer vida al mundo sin riesgos, o mejor dicho, con menos riesgos, ya que sigue siendo demasiado elevado.

Con la ONG Alegría Sin Fronteras y la Fundación Pablo Horstmann hemos iniciado un proyecto de formación y empoderamiento de las Health Extension Workers, las trabajadoras sanitarias en las zonas rurales, para mejorar la asistencia sanitaria en las zonas más remotas y aisladas.

Escucho atónito, con el aliento entrecortado la historia de Shasha:
“Mi hija Mulu tiene 16 años. Está embarazada. Desconoce de cuánto. Tan solo sabe que hace meses que le va creciendo la barriga y estos últimos días ha empezado con contracciones en el bajo vientre cada vez más fuertes y más regulares, hasta hacerse casi insoportables en las últimas horas.
Vivimos en un pequeño poblado al 20 quilómetros de la ciudad y hospital más cercanos. El pequeño dispensario se encuentra en el poblado vecino, a 2 quilómetros de distancia.

No nos queda más opción. Iniciamos el camino. Sabemos que sin duda es lo mejor para su futuro hijo, y su única posibilidad de salvación si se complica el parto.

El sol es impecable. Ni una sola nube lo desafía.

Iniciamos el camino.  Madre e hija embarazada inician la aventura. Inicio el camino junto a mi hija Anastasia.
Caminando bajo el sol abrasador, siente como se mojan sus piernas. No es sudor, es un torrente de agua entre sus piernas. Un líquido marronoso mancha el suelo. Acaba de romper aguas. Aguas meconiales, señal de que el niño está sufriendo, algo va mal allí dentro.

Llevamos apenas 1 quilómetro recorrido. El hospital se encontrará a unos 20 quilómetros. El dispensario a algo más de 1 quilómetro.

Se tumba Mulu en el ardiente suelo de arena. Se mira.

Me tumbo junto a ella.

Lo que ahora sigue lo recuerdo bien.
Coloqué a mi hija en posición de dar a luz. Me disponía a traer al mundo a mi nieto. Ya asomaba entre mi hija… pero no era la cabeza lo que asomaba… Parecía más bien un pie…

Metí la mano dentro de mi hija y cogí a mi nieto. Lo cogí del pie. Quería girarlo dentro de mi hija, encontrar la cabeza. Pero en un movimiento de giro una bocanada de sangre me manchó la mano… No paraba de salir sangre de dentro de Anastasia. Mi nieto estaba envuelto ahora en un mar rojo…

Mulu se quedó sin sangre… Su hijo, mi nieto, se ahogó antes de salir dentro de una madre ya sin vida.”

Es la historia que nos cuenta su madre… al ver morir delante su a su hija y su nieta.

Tigist, otra madre heroína. Esta es su historia de supervivencia.

“Amigo, vamos ya.”

Es la voz medio moribunda de Tigist, una joven de 18 años embarazada y con contracciones de parto en el carro tirado por un burro que hace las veces de ambulancia camino al hospital, mientras me sujeta la mano con la poca fuerza que le queda mientras deja ir al aire: “Amigo, vamos ya.”

El sonido del camino es el vaivén del carro subiendo y bajando los baches del camino sin asfaltar. Sonido que se acompaña de gemidos de sufrimiento de Tigist, nuestra mujer encinta.

“Amigo, ¿ya murió mi niño?”

Susurra con miedo. Deseando que el niño que lleva dentro siga vivo. Le preceden dos embarazos con dos dolorosos partos a los que sobrevivió, ella, más el niño nació muerto en los dos embarazos previos. Estamos ante el tercer embarazo. Una madre sin ningún hijo que espera ansiosa.
“Amigo, ¿sigue vivo mi niño?”
Susurra… Al tacto vaginal, vómitos de aguas meconiales. Mal pronóstico. Signo de sufrimiento fetal. Algo va mal allí dentro. El bebé debe salir de inmediato… pues prolongar el sufrimiento será una muerte asegurada. Es preciso y de urgencia vital para el niño realizar una cesárea urgente. Inmediata.

La única posibilidad de salvación del niño pasa por realizar una cesárea urgente en nuestro centro, el hospital de Gambo,  con nuestros limitados recursos y rezar… rezar…

“Amigo, llévame ya.”

“Amigo, voy a morir de dolor.”

Llegamos. Tigist se mueve ya con mucha dificultad y dolor. Entramos en quirófano. Cesárea. Urgente.
La doctora realiza la incisión en la ya a tensión barriga de Tigist. Llega al útero. Realiza la incisión. Salpican aguas espesas y marrones: meconio. Mete la mano dentro encontrando los pies del niño. Estira. Pies azules manchados de meconio. Mala señal. Vuelve a meter la mano. Sujeta dentro la cabeza del niño. Estira hacia afuera. El agujero de la incisión es pequeño.

La intervención se hace eterna. Cada segundo se prolonga cómo si de horas se tratase. Cada segundo que pasa se acorta la vida del niño que sigue dentro. Finalmente las habilidosas manos logran sujetar con firmeza la cabeza del niño. Estira, estira… Ya está casi fuera. Un poco más… Finalmente sale la cabeza y el cuello… pero… El cordón umbilical presenta dos vueltas alrededor del pequeño cuello del niño estrangulándolo… La cirujana rápidamente deshace las dos vueltas y libera al niño. Saca hombros y el resto del cuerpo. Pinza el cordón. Bienvenido a la vida! Hiwot, es el nombre del niño, vida es su significado, el milagro de la vida.

Como Meseret, Mulu y Tigist, demasiadas mujeres siguen arriesgando sus vidas al dar a luz. Ninguna mujer debería morir dando a luz, pero todavía queda mucho por hacer.


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