El pasado 6 de enero se observó en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter una extraña estructura en forma X de 140 metros, compuesta de polvo y gravilla. Por la trayectoria del rastro que ha dejado podría ser un cometa, pero hasta el momento estos no se habían visto nunca en ubicaciones tan próximas a cuerpos rocosos y secos, donde es difícil la volatibilidad.
El cinturón de asteroides de Júpiter y Marte alberga un gran anillo de escombros sobrantes de la formación de nuestro Sistema Solar. El orden de los cuerpos está condicionado por la presencia de Júpiter y su enorme gravitación que obliga a los asteorides que no pudieron reagruparse para formar planeta a concetrarse en lagunas alejadas de la poderosa influencia gravitatoria. En estas zonas “resonantes” se acumulan asteroides varios, entre ellos los denominados “troyanos”.
El tamaño de estos restos rocosos es diverso, desde metros a kilómetros de diámetro y, a pesar de la gran distancia que hay entre ellos, colisionan a menudo entre sí con una velocidad media de impacto superior a los 18.000 kilómetros por hora. El resultado de tales colisiones es la fragmentación en nuevas rocas disparadas en todas direcciones contra los planetas del sistema solar, el nuestro incluido. Hasta ahora no se tenía una toma que pudiera asegurar esos choques.
Lo que se ve en la imagen es el rastro que ha dejado la lluvia de restos. Los científicos andan estos días reunidos contrastando datos y decidiendo cómo valorar el fenómeno. De momento le han puesto un nombre, P / 2010
En este enlace puedes ver el archivo de imágenes diarias divulgativas de la NASA. De mis preferidas, la del 2 de febrero.







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