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Paren el mundo, que me bajo.

Publicado el 15 junio 2012 por Bypils @bypils

Paren el mundo, que me bajo.

Estoy haciendo mudanza y estoy muy triste. Rupturas, ausencias, pérdidas.

Me gustaría parar el mundo y bajarme…

He encontrado un disfraz y una varita mágica. Recuerdo perfectamente el día en que mi abuela me regaló este vestido de Hada. Causé sensación en una fiesta de disfraces… Aún me acuerdo. Margarita se llamaba la niña que cumplía años…

Mi precioso vestido llamaba la atención porque parecía de verdad… La pedrería brillaba y los hilos dorados de los bordados de flores y corazones lucían en mil destellos. La seda era suave y liviana. Los otros disfraces, se veían más de “plástico”, con esos encajes rígidos y los rasos de electricidad estática…Fui la más admirada de la fiesta.

Miro la falda abullonada y aquel corpiño de mil colores y me doy cuenta que el disfraz sigue siendo precioso. Es una pena que mi cuerpo exceda la talla porque mi mente, aún tiene algo de esa niña. Acaricio la seda y , entonces, recuerdo las palabras de mi abuela . Llegan a mí con precisión, casi textuales.  El vestido, es un verdadero vestido de hada y la varita… La varita es real. Funciona, vamos. De la misma forma que , de niña, no presté atención a aquella disertación sobre las bondades de la varita mágica ( estaba ocupada poniéndome el vestido), en aquel momento me pareció volver a estar en la habitación de costura, con la abuela…atendiendo con mucho interés a sus palabras.

He cogido la varita y la he movido en círculos. Tres, para ser más exactos. Mientras se ejecuta el movimiento se debe recitar “ Fru-Fru” + lo que quieras conseguir” y no lo he hecho porque esta vez he recordado las instrucciones de la abuela: Sólo se puede utilizar una vez en la vida.

He decidido reflexionar y elegir bien. Lo primero que se me ha pasado por la cabeza , es parar el mundo y bajarme. Este pensamiento es recurrente en los últimos tiempos pero estoy muy deprimida y eso, ese desparecer tan radical, es lo que me grita el alma pero no debo olvidar que lo que pida a la varita se cumplirá de forma literal.

Literal significa que la tierra se parará y yo saldré expulsada hacia el espacio exterior. Me apearé del mundo y me quedaré suspendida, en plan satélite, dando vueltas por ahí. No me convence. Además, si la tierra se para pueden haber consecuencias desastrosas: la fuerza de la inercia destrozaría el mundo ( lo he mirado en Internet)… Mal, muy mal.

Lo que más quiero, que es parar el mundo y bajar de él, no es posible. Tendré que pensar …¿Qué es lo que más quiero? ¿Qué es lo que deseo?

Dejo la varita, con cuidado, encima de la mesa. Pensaré en ello…

Me dedico a empaquetar las fotos y mientras lo hago, mi vida pasa ante mis ojos, en formato fotografía. Un sentimiento florece en mí. Me alivia. Me doy cuenta que no he tenido una mala vida. Me doy cuenta que no ha acabado. Me doy cuenta que puedo tener muchas más fotografías.

Ya no me interesa tanto eso de bajarme del mundo. Empiezo a valorar la posibilidad de pedir a la varita,  volver a esos buenos tiempos. Los de las fotos…pero…eso será literal. Mi peinado será un escalado de esos ochenteros y llevaré hombreras. Otra vez, aquella vespa vieja que costaba de arrancar y… el anhelo de llegar, rápidamente,  a estos tiempos en los que vivo ahora. Es irónico que justo, en estos tiempos de ahora, desee todo lo contrario…

No. Tampoco puede ser una opción. Debo recordar ese efecto de “literalidad”…Lo mejor, es buscar algo muy objetivo, contrastable, que no tenga un resquicio para la doble interpretación. Y ese algo, debe ser algo imposible en la vida real. Sólo la magia lo conseguiría.

Cuando acabo de clasificar todas mis pertenencias, me doy cuenta que tengo ganas de salir de allí. Ya se llevaran las cajas los de la empresa de mudanza. De repente, me apetece estar en la calle y hacer fotos. Luce el sol y el día es espléndido.

La varita sigue en la mesa. He olvidado empaquetarla. La cojo y no puedo evitar trazar dos círculos. Cuando lo hago, se esparcen unas bellas chispas multicolores que desaparecen en el aire.

Me río y pienso que dibujaré el tercer círculo y recitaré “Fru-Fru “ + “que George Clonney se enamoré de mí “ . Lo cierto es que no me creo que la varita sea mágica. La magia la ponía la abuela. Así que lo hago,  pero mi mente, traicionera, ha estado repitiendo esa frase: Que paren el mundo que me bajo y estas palabras controlan mis deseos. La recito, mientras el círculo se cierra.

La varita chisporrotea y siento que todo se para y que yo salgo, expulsada, hacia el espacio exterior.

Y aquí estoy, flotando en dirección a la luna…

Lo siento, de verdad.

N: Y si alguién encuentra la varita, por favor que vuelva a poner en marcha el mundo…


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