Revista Opinión

¿Paz o aire acondicionado?

Publicado el 07 abril 2022 por José Luis Díaz @joseluisdiaz2

La vieja Europa parece incapaz de aprender de sus errores: cuando no es por inercia es porque se anteponen intereses económicos o por ambas cosas a la vez, como ocurre ahora ante la guerra en Ucrania. Cada día que pasa sin cortar las importaciones de gas, carbón y petróleo rusos es un día más que añadir al horror y la posibilidad de que las tropas rusas perpetren nuevas masacres como la de Bucha. Enviar más armas, aprobar la quinta tanda de sanciones incluyendo a las hijas de Putin, horrorizarse o exigir que se lleve al tirano ante la justicia por crímenes de guerra es necesario pero también es evidente que no basta: la UE no puede seguir financiando ni un día más la guerra de Putin y, al mismo tiempo, abominando del único responsable de haberla desatado. Si eso no es hipocresía se le parece mucho, de manera que hay que elegir cuanto antes: o con Putin o contra Putin.

¿Paz o aire acondicionado?

Putin, un viejo conocido para Europa

Cuando Putin arrasó Grozni, la capital chechena, la Unión Europea siguió comprando gas, petróleo y carbón rusos; cuando bombardeó Alepo (Siria), siguió comprando gas, carbón y petróleo rusos; cuando invadió Georgia no dejó tampoco de comprar gas, carbón y petróleo rusos. En los tres casos hubo flagrantes crímenes de guerra, pero eso no disuadió a la vieja Europa de seguir con sus compras energéticas a Moscú mientras miraba a otro lado. Había muchos intereses en juego y nadie quería enemistarse con el que nos vendía gas para mantener funcionando el aire acondicionado. Ahora que Putin arrasa Ucrania y a los ucranianos, la Unión Europea no ha dejado ni un solo día de comprar gas, petróleo y carbón rusos. Es más, ha intensificado las compras por si al sátrapa de Moscú le entraba la tentación de cerrar el grifo en respuesta a las sanciones de Bruselas y Estados Unidos.

En realidad, es muy dudoso que Putin pensara en hacer tal cosa: ¿Cómo iba el dictador ruso a cortar los suministros si a cambio de su gas, su carbón y su petróleo ingresa cada día cerca de 1.000 millones de euros con los que continuar financiando la guerra a costa de los europeos occidentales? Sería un tonto si lo hiciera y Putin será un sátrapa o un tirano o un autócrata sanguinario, pero no es estúpido. Arrastrando los pies se propone ahora en Bruselas un veto al carbón ruso. Bueno, por algo se empieza pero sigue siendo insuficiente mientras no se cierre la llave del gas y para eso no se percibe precisamente mucho entusiasmo en estos momentos entre los principales líderes europeos.

El nudo gordiano alemán

El nudo gordiano está en una Alemania que importa de Rusia casi dos terceras partes del gas y una tercera parte del petróleo que necesita su economía para no griparse. Las tímidas declaraciones de algunos ministros alemanes abriendo la puerta a vetar el gas ruso han sido inmediatamente contestadas por los bancos del país advirtiendo de una grave recesión económica si eso ocurre. Además, la UE también tiene en casa a un quintacolumnista húngaro llamado Victor Orban, al que Putin ha felicitado efusivamente por su triunfo electoral del domingo, que amenaza con dinamitar la precaria unidad europea en torno a las sanciones a Moscú. Nos crecen los enanos, dicho sean sin ánimo de señalar.

La UE está pagando su falta de determinación de años para reducir su elevada dependencia energética de la Rusia de un Putin al que a estas alturas ya debería conocer perfectamente para saber que no es precisamente un demócrata. Aún así, los líderes europeos se hacen ahora de nuevas y se espantan y se persignan ante lo autócrata y déspota que ha resultado ser el inquilino vitalicio del Kremlin. Sin embargo, a pesar de las documentadas atrocidades rusas en Siria, Chechenia o Georgia, siguieron inyectando miles de millones de euros en las arcas del dictador y se olvidaron convenientemente de los crímenes de guerra. Con el Atila de Moscú a las puertas de la Unión Europea y de la OTAN, los países occidentales se enfrentan hoy a las duras consecuencias de no haber hecho los deberes y haber buscado fuentes alternativas de aprovisionamiento energético.

¿Paz o aire acondicionado?

Un mes y medio después de la invasión las débiles negociaciones de paz han encallado y apenas funcionan corredores humanitarios para la población ucraniana castigada sin piedad por las tropas invasoras. Mientras, China parece haber renunciado por completo a desempeñar un papel constructivo frente a su aliado moscovita y solo se preocupa de mantenerse sobre el alambre de su calculada ambigüedad ante las atrocidades rusas. Su tibia reacción tras la masacre de Bucha demuestra con claridad que la prioridad de Pekín no es detener la guerra sino que no la pierda Putin.

Hay ya pocas dudas de que esta será una guerra larga, y cuanto más larga sea más cruenta puede ser también. La UE tiene medios para paliar los efectos económicos de un embargo energético a Rusia en los países más expuestos, caso de Alemania. Lo que no puede hacer es seguir demorando una medida que debió figurar entre las primeras sanciones al régimen ruso. Lo ha expresado muy bien el primer ministro italiano Mario Draghi, dispuesto a apoyar el embargo a pesar de que su país importa de Rusia casi el 50% del gas que necesita. Según Draghi, “los líderes europeos deben preguntarse si prefieren la paz o mantener el aire acondicionado encendido”. ¿Ustedes que creen que preferirán?


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