Revista Economía

Policias miopes.

Publicado el 20 abril 2014 por Torrens

Para los culés lo ocurrido el miércoles 16 en el Estadio de Mestalla fue desastroso porque significa que una época dorada toca a su fin y hemos de volver a esperar a que se produzcan de nuevo las circunstancias o coincidencias que resulten en un Barça que lo gane casi todo, aunque tengo ciertas esperanzas porque todavía tenemos la mejor escuela de futbol del mundo, mal que le sepa a la FIFA y a algunos más.

Pero también ocurrió algo en mi opinión extremadamente preocupante no ya como culé sino como catalán y como español.

Aunque después daré detalles, el asunto se resume en que se ha dicho que la gran mayoría de los detenidos y puestos a disposición judicial a consecuencia de la final eran seguidores culés, pero finalmente varios medios han aclarado que TODOS eran culés. Los 10 palos (seguramente atados a una bandera) y una bengala requisados por la policía eran todos de seguidores culés. Por lanzamiento de objetos al campo y otras lindezas se efectuaron denuncias y certificaron incidentes, todos causados por seguidores culés. En relación con seguidores madridistas no hay nada de nada, ni detenciones, ni incidentes ni una triste denuncia. Nada.

Conclusión: los madridistas son la afición más civilizada del mundo y los culés son los peores hooligans posibles. Sin embargo los peores incidentes antes y después del partido dan a entender algo que no encaja con esta estadística. En las zonas asignadas a las dos aficiones para matar el tiempo antes del partido, no se produjo el más mínimo incidente en el espacio de los culés, mientras en el de los madridistas insultaron y expulsaron de muy mala manera a un reportero de TV3 y a su cámara y quemaron una bandera estelada delante de una pared que lucía una bandera nazi, banderas nazis que a pesar de que no provocaron ni una sola intervención de la policía, ondearon en varios puntos de la afición madridista durante todo el partido, aunque probablemente si los agentes de la Policía Nacional venían de Madrid y allí leen y oyen los medios de comunicación cavernarios de la capital, El País incluido, no hicieron nada porque debieron pensar que no eran banderas nazis sino catalanas. Incluso después del partido, fuera de Mestalla y ya en la Avenida de Catalunya, un autobús de aficionados madridistas soltando insultos a voz en grito, hizo el gesto de arrollar a un grupo de culés, subiendo incluso las ruedas de la derecha sobre la acera, afortunadamente sin consecuencias.

Cuando el himno sonaba se oyeron pitos, ¿a alguien le extraña?. En otra ocasión en que los pitos sonaron por la misma razón, la Sra. Aguirre afirmó que esto solo lo hacían catalanes y vascos, pero mi amigo galés lo desmintió rotundamente porque cuando Inglaterra juega en Gales, todo e interpretar solo un himno e incluso en partidos de Rugby en los que la deportividad está más acentuada, la pitada es sonora.

Pero lo peor ocurrió durante el partido. Un aficionado culé, según su propia versión, alrededor de la media parte se dirigía a los lavabos con una bandera estelada colgada del cuello, fue interceptado por varios policías que después de decir “Te vas a enterar catalán de mierda” le propinaron una soberana paliza que acabó con el joven primero en el Hospital y después, a las 4 de la mañana, en la cárcel antes de pasar a disposición judicial y que el juez lo pusiese en libertad, todo ese tiempo con las esposas puestas. Según la versión de los policías se le pidió la documentación, que se negó a mostrar, a continuación les insultó y finalmente se resistió a la detención. Pero el parte médico no solo es claramente el de una buena paliza: hematomas y edemas en el ojo izquierdo, las lumbares, el cuello y otros menores en todo el cuerpo, incluidas las orejas y las muñecas, y fisuras en las costillas, además corrobora la declaración del joven sobre las esposas y el hecho que fue pateado cuando estaba en el suelo. No creo que todos los detenidos por negarse a mostrar la documentación y resistencia a la autoridad, en el peor de los casos acaben con un parte médico mucho menos de la mitad de grave que el de este chaval. Para dar más credibilidad al joven y demostrar una vez más que los tontos se creen que todos somos idiotas, el viernes la Policía Nacional dio una versión detallada según la cual el moratón en el ojo se lo causo él mismo al caer cuando intentaba huir. Caray, pues a juzgar por el estado de su cuerpo aparte caer debió rebotar repetida y violentamente, eso sí, él solito.

Yo no me creo que los madridistas sean la afición más civilizada del mundo y los culés los peores hooligans posibles, ni lo opuesto, menos todavía cuando mis amigos que acompañaron al Barça a Valencia y muchos aficionados dicen haber oído muchos insultos contra los catalanes y Catalunya, casi en mayor proporción que los dedicados a los culés y contra el Barça. Aunque me imagino que también hubieron insultos en sentido contrario, dedicados a España y los españoles.

Toda esta soberana tontería: el montaje policial para que a pesar de los pesares los madridistas pasen por ser una cofradía en plena semana santa y los culés por ser una pandilla de bárbaros sin freno, y los insultos a Catalunya y a España por cualquier razón y con cualquier excusa son consecuencia del profundamente absurdo enfoque que desde el principio de la movida independentista en Catalunya han adoptado la, por desgracia, gran mayoría de políticos y periodistas en el resto de España, pero sobre todo en Madrid. Siempre ha habido una cierta catalanofobia latente en demasiados españoles, desde que en el siglo XVIII llegaron los borbones, y lo lógico hubiese sido que en democracia nuestros gobernantes hubiesen hecho lo posible por aminorarla para evitar males futuros, pero no solo ninguno ni lo intentó, sino que Aznar y el PP desde que en el 2000 ganaron sus primeras elecciones por mayoría absoluta, y con el objetivo de ganar votos, han exacerbado la catalanofobia, han acosado sin tregua la lengua, la cultura y la economía catalanas, y el resultado es visible en demasiadas ocasiones, como en Valencia el Miércoles 16. Es decir, no solo no han solucionado el problema sino que lo han empeorado hasta rozar el conflicto.

Repetidamente he dicho que me gustaría mucho, porque lo que no entiendo me intriga, que alguien me explicase donde nos lleva el negar lo que está ocurriendo en Catalunya, pero al mismo tiempo reaccionar de manera sumamente agresiva, con mentiras, difamaciones (hasta el extremo de negar repetidamente la evidencia de que se trata de una movida pacífica, comparándola incluso con movimientos terroristas), insultos, y una presión a nivel internacional tan pasada de vueltas que consigue que el portavoz de la U.E. diga tonterías (algo por otro lado no excesivamente difícil).  De momento nos ha llevado a una situación insostenible que cada vez empeora más, no se sabe hasta dónde o hasta que ocurra qué. Y lo peor de todo es que en su obsesión por dar satisfacción a la catalanofobia explicita o latente de demasiados españoles, por los malditos votos, no se dan cuenta de que están alimentando el independentismo, o se dan cuenta pero les da igual. Me atrevería a aventurar que con su actitud absurda y estúpida ganan menos votos que el número de independentistas que crean.

Seguro que después del partido, entre los culés que regresaban de Valencia el número de independentistas convencidos había aumentado considerablemente.

Por cierto. ¿Por qué se empeñan casi todos los periodistas en decir que en el tema catalán ninguna de las dos partes quiere el dialogo, cuando uno ha pedido día y hora y el otro pone la rendición incondicional como condición previa para el dialogo?. Eso no es dialogar sino el típico ordeno y mando nacional-católico.


POLICIAS MIOPES.

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