Revista Historia

Pontevedra, “La Suiza española”

Por Moradadelbuho @moradadelbuho

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Panorámica de Pontevedra

Visitar y viajar

Pontevedra, al igual que las otras provincias gallegas, posee una riqueza paisajística envidiable. No en vano se la llama la "Suiza española". Sus paisajes son muy verdes y frondosos, gracias a la abundancia de lluvias durante todo el año y al sol. Es un lugar maravilloso para practicar varios deportes… Su gastronomía acompaña cualquier tipo de actividad, pues su riqueza gastronómica y la calidad de su materia prima es envidiable.

Por otro lado, posee una riqueza monumental, que le llega de su pasado histórico. Está llena de vestigios celtas, de ahí la cantidad de castros prehistóricos, que se encuentran en sus parroquias; griegos; romanos, encontramos puentes castillos, muchísimas iglesias de estilo románico; y cristianos. Y luego como no, El Camino de Santiago, la Ruta Jacobea Portuguesa atraviesa la provincia dejando su legado histórico: iglesias y catedrales, que fueron creándose y que daban cobijo a los peregrinos; Pousadoiros, lugar donde se acogí­a a los peregrinos y se les daba de comer (requesón y miel); puentes para cruzar rí­os y así­ facilitar la Ruta Jacobea.

Pontevedra linda al norte con A Coruña, al noreste con Lugo, al este con Ourense y al sur con Portugal. La provincia está situada en las Rías Baixas. Tiene 458,6 km de costa. Está bañada por los ríos Lérez, Tomeza, Verdugo, Miño, Ulla, Umia y sus afluentes. Las Islas Cíes, están frente a sus costas. La provincia tiene una extensión de 624,2 km2 y una población de aproximadamente 120.000 habitantes.

Cuenta la leyenda que Pontevedra fue fundada por Teucro, el guerrero que no pudiendo olvidar su Troya natal decidió fundar una ciudad que se le pareciese, cuya parte antigua está declarado recinto histórico-monumental.

La cultura castrexa deja también restos en el solar de la actual Pontevedra, con un conjunto arqueológico en el lugar ocupado por las Iglesias de Santa María y San Francisco.

La romanización también afectó al primitivo núcleo poblador, denominado Ad Duas Pontes, que comenzó a crecer gracias a la construcción de un puente sobre el Río Lérez.

En el siglo VII, la población y su comarca es cristianizada por San Fructuoso, gracias a la fundación de monasterios como los de Armenterí­a y Meis. No obstante, no se tendrán mayores noticias de la localidad hasta el siglo XII, en que el nombre de Pontus Veteri será citado en varios documentos, que hablan de la construcción de un nuevo puente sobre el primitivo romano. Es en esta etapa cuando comienza un cierto auge de la población: recibe privilegios por parte de Fernando II y otros monarcas (como el alusivo a la fabricación de grasa de saí­n y el de curar pescado, 1.229; la feria franca de San Bartolomé, 1.467; y el de ser puerto de carga y descarga de Galicia, 1.452), se beneficia de su puerto y su comercio, y de sus astilleros saldrán los buques que, al mando de Paio Gómez Chariño, conquisten Sevilla.

Los siglos XV y XVI son para Pontevedra su etapa de mayor desarrollo, gracias al importante papel en el comercio internacional que su puerto les permite. Esto permite un crecimiento en el número de sus habitantes, que demandan mayores cantidades de alimentos: la pesca, fundamentalmente de sardina, y las industrias de secado y salazón contribuyen a lanar la economía pontevedresa. A este período corresponde también la erección de un monumento acorde a la pujanza de la localidad: la basílica de Santa María, costeada por el poderoso gremio de los mareantes.

Sin embargo, el siglo XVII supone el inicio de una larga etapa de decadencia. Las frecuentes guerras en que se ve envuelta España, así­ como la inestabilidad política y la decadencia del papel español en el conjunto de las naciones europeas afectan, como no podí­a ser de otra manera, a Pontevedra. Las "Guerras de Sucesión" e "Independencia", además de los conflictos con portugueses y británicos, la perjudican especialmente, dada su posición geográfica, abierta al Atlántico y a ambos países. Por si fuera poco, la sedimentación del río Lérez obliga a cerrar el puerto a los buques de gran calado, por lo que pierde importancia su papel comercial y pesquero, circunstancia esta última agudizada por el agotamiento de los caladeros. Una consecuencia más la población acaba por reducirse a la mitad.

Con todo, la citada "Guerra de Independencia" dará lugar a uno de los episodios más notables en la historia de Pontevedra, cuando la población rechaza a las tropas del General Francís Ney en su intento por ocuparla, como al resto del paí­s.

Las reformas administrativas del siglo XIX convierten a Pontevedra en capital de provincia, configurando su carácter de población administrativa y comercial, cabecera de una comarca circundante. Aunque no demasiado notable, el paulatino incremento de población y los nuevos aires urbanos provocan el derribo de la vieja muralla y la construcción de edificios públicos más acordes con los nuevos tiempos.

En el siglo XX, Pontevedra conocerá dos acontecimientos principales. A principios de la centuria, en un ambiente de efervescencia cultural y política, surgirá­ el "Partido Galeguista", con las figuras de Castelao y Alexandre Bóveda. El segundo acontecimiento será la Guerra Civil, que en Pontevedra deja, como en tantas otras localidades, un triste reguero de violencia y destrucción.

Las dos primeras décadas de la Dictadura del General Franco serán un período de dificultades económicas para la mayorí­a de la población. En la década de 1.960 se inicia un periodo de crecimiento económico que empieza a manifestarse con mayor claridad coincidiendo con la muerte del dictador y los primeros años de la transición.

Su clima es templado, pero muy lluvioso, sobre todo en la costa. Sus inviernos no son muy frí­os ni sus veranos muy calurosos. La temperatura media anual es de 15 grados. Su clima incide favorablemente en su vegetación verde intensa y frondosa. Sus prados están diseminados de rebaños de vacas gallegas, es precioso verlo. De hecho, hay que señalar, que la calidad de la leche gallega es excelente, así como todos los productos lácteos derivados de ella.

El visitante, al adentrarse en sus empedradas calles de Pontevedra, se sorprenderá a cada momento con su historia, que nos habla de un puerto que en la Edad Media gozó del favor de la Corona. Las iglesias de Santa María y la Peregrina, la Plaza de la Herrerí­a y el Museo Provincial son citas obligadas.

Fuente | Arte Historia

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07.03.2012 |
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  @moradadelbuho  


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