Revista Cultura y Ocio

¿Por qué manda Occidente?

Por Tiburciosamsa

¿Por qué manda Occidente (por ahora)? (1)

André Gunder Frank escribió 'ReOrient: Global economy in the Asian Age' para explicar la anomalía de que en el siglo XVIII Occidente hubiese conseguido adelantar a Oriente, que le llevaba la delantera. Ian Morris en 'Why the West Rules-for now' dice que lo anómalo fue que entre el 530 y 1725 Oriente hubiese adelantado a Occidente. Si Frank hubiese retrocedido lo suficiente en el tiempo, exactamente hasta el 14.000 a.C., justo después de la última glaciación, habría visto que quien ha venido dominando el 90% del tiempo ha sido Occidente.

Morris tiene una visión bastante mecanicista de la Historia. Se diría que todo depende de cómo orbite la Tierra en torno al sol. En función de cómo lo haga, hará más o menos calor y lloverá más o menos y los hombres tendrán que reaccionar a unas condiciones climatológicas nuevas. Para Morris, los hombres se mueven por tres cosas: la pereza (¿cómo podría conseguir el mismo resultado con menos esfuerzo?), la codicia (quiero más, más y más) y el miedo (¿cómo me puedo proteger de un mundo hostil como éste?). Para mí que Morris se deja fuera el incentivo del sexo, que conozco cada uno capaz de construir una de las maravillas del mundo sólo para tener un polvo decente…

La combinación de cambios climatológicos e ingenio humano (que no es más que la fórmula pereza+codicia+pereza aplicada a la resolución de problemas) hace que la geografía, que es determinante para la Historia, cambie continuamente de significado. En el 7.000 antes de Cristo podía ser muy bueno residir en los montes de la Media Luna Fértil. Hacia el 3.800 el clima se enfrió. Malo para los habitantes de esos montes, pero todavía peor para los granjeros de Mesopotamia, que vieron cómo las lluvias disminuían y se hacían más irregulares. Las colinas de la Media Luna Fértil ya estaban superpobladas, así que la emigración a ellas no era una opción. Los granjeros mesopotámicos dieron con una solución original: construir sistemas de irrigación y almacenamientos del agua complejos, que requerían una organización social más complicada. Con esto el núcleo duro de Occidente se trasladó de las colinas de la Media Luna Fértil al valle mesopotámico. Porque ésta es una ley histórica para Morris: Oriente y Occidente se van expandiendo, lo que ayer era periferia hoy puede ser núcleo duro. Las periferias presentan una ventaja: son fronteras abiertas y por explotar, allí se pueden aplicar las tecnologías ya desarrolladas en el núcleo duro y perfeccionarlas o modificarlas para que se adapten a las nuevas condiciones. Mientras que los habitantes del núcleo duro que inventaron esas tecnologías puede que hayan caído en la complacencia y ya no innoven, la gente de la periferia está más que dispuesta a probar nuevas cosas. Y así, insensiblemente, la antorcha del progreso pasa a sus manos.

A mediados del siglo XX, el historiador británico Arnold J. Toynbee se propuso estudiar la Historia universal para descubrir las leyes que la movían. No sé si Morris habrá leído a Toynbee, pero parte de lo que dice me recuerda a éste. Para Toynbee, la Historia humana se movía por el principio de desafío-respuesta. Cuando una civilización suspendía uno de esos desafíos, la había cagado y ya podía ir haciendo las maletas, porque estaba en la ruta de salida. También para Toynbee las periferias tenían sobre el centro la ventaja de que estaban más preparadas para innovar.

Lo primero que hace Morris, después de haber establecido cuáles son los motores de la Historia, es definir lo que es Occidente, que es como un buen polvo, algo que todos creemos que sabemos lo que es hasta que alguien nos pregunta a fondo. Existen en el mundo siete regiones en las que la domesticación de los animales y las plantas se desarrolló con independencia entre el 11.000 y el 5.000 a.C.: Oaxaca, Perú, el Sahara Occidental, la Media Luna Fértil, el valle del Indo, los valles del Yangtsé y del río Amarillo y Nueva Guinea. Occidente, para Morris, son las culturas que se remontan a los primeros agricultores de la Media Luna Fértil. Oriente, las que se remontan a los primeros agricultores de la región del Yangtsé-río Amarillo. Esto deja fuera de Oriente a la India, que proviene de los primeros agricultores del valle del Indo. Parece que en torno al 7.000 a.C. el valle del Indo recibió una fuerte influencia de la Media Luna Fértil. Es posible que los aportes procedentes de Occidente hubieran continuado más tarde. Hay arqueólogos que piensan que hubo contactos entre los sumerios y la cultura del valle del Indo. Como quiera que sea, en su análisis Morris no tiene en cuenta a la India. Podremos estar o no de acuerdo, pero facilita las cosas.

Lo segundo que hace Morris es establecer unos parámetros lo más objetivos posibles para medir el grado de desarrollo de Oriente y Occidente. Los cuatro parámetros que le ayudan a determinar el grado de desarrollo de una sociedad son:

1) El grado de urbanización, para medir el cual toma como referencia la población de la ciudad más densamente poblada en cada uno de ambos sitios.

2) El uso de energía. Esto es más complicado de medir. Morris se basa para medirlo en los trabajos de Earl Cook, quien calculó el uso de energía en varias sociedades.

3) La tecnología de la información. La gradación en este punto se consigue teniendo en cuenta: los niveles de alfabetización de la sociedad y la tecnología para la difusión de la información (cantidad y rapidez con la que se puede transmitir).

4) Las capacidades bélicas. Es un indicador muy conveniente. Para empezar tenemos más información sobre las capacidades bélicas de las sociedades a lo largo de la Historia que de ninguna otra actividad. Hemos encontrado tumbas del neolítico, en las que se enterró a los muertos con sus armas, y disponemos de esqueletos que murieron violentamente y podemos determinar qué tipo de armas les mataron. No tenemos nada parecido para determinar, por ejemplo, cuáles eran sus creencias religiosas concretas. Las capacidades bélicas de una sociedad nos dicen, además, muchas cosas sobre su poderío económico y su grado de desarrollo tecnológico, así como su posición relativa con otras sociedades.

Morris toma como punto de partida de sus mediciones el año 2000 y asigna un valor máximo a cada parámetro de 250. Así, la sociedad más avanzada del planeta podría de alcanzar en el año 2000 un máximo de 1000 puntos. Para ver cómo funciona el sistema en la práctica, tomemos el ejemplo del urbanismo. En 2000 la ciudad más poblada en Oriente (y también en el mundo) era Tokio con 26.700.000 millones de habitantes. Oriente recibe en esta medida 250 puntos. En Occidente la ciudad más poblada es Nueva York con 16.700.000. Si Tokio consigue 250 puntos con 26.700.000, podemos establecer una escala según la cual cada 106.800 habitantes equivalen a un punto. Así pues, en 2000 la puntuación de Occidente en urbanismo (utilizando Nueva York como referencia) sería de 156 puntos. En el año 1, la ciudad más poblada de Occidente era Roma con una población estimada de un millón de habitantes. Así pues, la puntuación de Occidente por este concepto en ese momento era de 9. En Oriente la ciudad más poblada entonces era Chang’an con medio millón de personas, luego 4’5 puntos.


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