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“¿Por qué nos hacemos esto?”: Clash by nigth, un melonoir de Fritz lang en Las tres noche de Barbara Stanwyck

Publicado el 04 enero 2012 por Esbilla

“Another time, another place
Another wind to blame
Cover every track and trace
I’ll find you just the same”      Poison Lovers: Steve Earle & Lucinda Williams

Doble entrada, y bien diferentes ambas, para Las tres noches de Barbara Stanwyck, espacio compartido junto a Christian Aguilera y Sergi Grau dedicado a trastear con la imagen, talento e historia de la actriz y sus alrededores. La primera es una recopilación de anuncios publicitarios de diferentes marcas realizados entres los últimos 30 y los 50 (…) una pequeña colección, representativa de este uso de la imagen, del icono, que es una parte también esencial del recuerdo de los mitos de la pantalla. Y más de aquellos del star system, al igual que la publicidad un producto de la cultura pop norteamericana, que es como decir de la cultura pop del siglo XX: memorabilia-barbara-stanwyck-on.html

“¿Por qué nos hacemos esto?”: Clash by nigth, un melonoir de Fritz lang en Las tres noche de Barbara Stanwyck

La segunda es una reseña centrada en Clash by night, un penetrante melodrama psicológico dirigido por Fritz Lang en 1952 y una de las piezas menos citadas de su etapa norteamericana y ello pese a su soberbio reparto, Barbara Stanwyck, Robert Ryan, Paul Douglas o una joven y luminosa Marilyn Monroe, o a su evidente conexión con otros títulos de su filmografía:

clash-by-night-1952-amantes-venenosos.html

“¿Por qué nos hacemos esto?”: Clash by nigth, un melonoir de Fritz lang en Las tres noche de Barbara Stanwyck
*Clifford Odets se puso de moda en el Hollywood de los 50. El psicologismo penetrante, analítico, y también por que no decirlo, subrayado de sus obras de la década de los 40 eran lo que buscaba la industria durante los 50. Década en la cual hasta el western fue western psicológico. Neurosis existencial, crispación, diálogos literarios llenos de vibrantes metáforas físicas e inquisitivas agujas verbales. Un peligro cinematográfico. Por ejemplo Robert Aldrich sucumbió a él en The big knife (1955) asimilando el texto a la forma, logrando un film agobiante, obvio en todos sus extremos. Una sesión de psicoanálisis de salón rodada del modo más enfático imaginable. Alexander Mackendrick en cambio lo atrajo a su terreno en Chantaje en Broadway (1957) , acoplando la musicalidad del diálogo de Odetts al ritmo jazzístico de un film geométrico, musical en su formulación visual, de enorme sutileza. Fritz Lang, en la presente Clash by Night logra también reconducir a su terreno un original estrenado once años antes. No completamente, ya que algunos personajes secundarios (como el cruel bufón que es el tío del protagonista) resultan cargantes o demasiado instrumentales  y cierta teatralidad aun persiste, No es difícil imagina a Lang atraído por un melodrama de impronta fatalista erigido sobre un cambiante triángulo sentimental; siendo esta una figura paradigmática en el arte langiano:
“¿Por qué nos hacemos esto?”: Clash by nigth, un melonoir de Fritz lang en Las tres noche de Barbara Stanwyck
triángulos de personajes sumados a triángulos de puesta en escena. (…)
(…)Esa secuencia inaugural define sin diálogo alguno un lugar y unos personajes principales, Jerry y Mae. Vemos los barcos llegar y descargar, la actividad de la fábrica, el mar y los animales costeros que buscan los peces que los barcos dejan caer durante la faena -por cierto que serán recurrentes los planos del mar rugiente y de la luna, ambos símbolos ciclotímicos, ingobernables, así como de los barcos y la factoría, una obra del hombre para domar la naturaleza salvaje. Quim Casas en el libro aludido anteriormente identifica, simbólicamente, a los personajes y su pathos con esta dicotomía de salvajismo/“represión”. Hasta cierto punto puede incluso hacerse extensiva esta simbología a los respectivos personajes de Robert Ryan y Paul Douglas en sus divergentes masculinidades-. En uno de ellos regresa Jerry. En plano general desde la orilla, opuesto a al llega de los barcos por tanto y dominando el pueblo llega un tren. Al marcharse solo queda una mujer que comienza a descender por las calles. Ella también regresa, pero desde el interior no desde el exterior. Es decir, mientras Jerry es recibido de frente, Mae lo es de espaldas. De cualquier modo no tardaran en converger en lo que para él es un hogar y para ella “donde vuelves cuando te quedas sin sitio a donde ir”.*

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