Revista En Femenino

¿Qué es el crecimiento personal?

Por Tenemostetas
Por Ileana Medina Hernández
¿Qué crecimiento personal?
Los talleres de crecimiento personal en todas sus formas son cada día más demandados. Meditación, yoga, tai-chi, reiki, aromaterapia, biodanza, kinesiología, coaching, psicología transpersonal, espiritualidad, constelaciones familiares, psicoanálisis, gestión de las emociones, gestión del talento, gestión del estrés, osteopatía, Pilates, regresiones, relajación, masajes, misticismo, rituales religiosos... el listado es interminable, muchos caminos diferentes conducen a mejorar nuestro bienestar y a conectar con nuestras potencialidades a partir del autoconocimiento y de la paz interior.
Pero, ¿qué es exactamente el crecimiento personal?  
Me arriesgo a emitir mi propia definición: el crecimiento personal es el AUMENTO DE NUESTRA CAPACIDAD DE AMAR. De amar a los demás, y de amarnos a nosotros mismos, que es directamente proporcional, es un único amor. Solo en la medida en que nos amemos y ACEPTEMOS a nosotros mismos, podemos amar y aceptar a los demás y viceversa. Podemos aumentar nuestra capacidad emocional de amar, aceptar y acompañar a otros: a nuestros hijos, a nuestras parejas, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de trabajo, al prójimo. Y con ello, conjuntamente alcanzar paz, bienestar interior y salud.
Hay una relación estrecha, evidente cada vez para más personas, entre nuestra capacidad emocional, nuestra capacidad de amar, nuestro desarrollo espiritual, el autoconocimiento (acceso a nuestro inconsciente, a nuestro pasado olvidado, a nuestra verdadera realidad emocional como bebés y niños pequeños...), la paz interior, la paz con los demás y la salud física y mental.
  • LA CAPACIDAD DE AMAR DEL SER HUMANO
Porque ¿cómo surge y se desarrolla la capacidad de amar del ser humano? Eso que llamamos el "carácter", el buen humor, la sociabilidad, la empatía, la solidaridad, la paciencia, la tolerancia, la capacidad de cuidar de otros, de acompañar, de acariciar, de amar... ¿de dónde sale?
Todos traemos dentro de nosotros la capacidad de amar o de odiar, de dar o necesitar afecto... ¿pero cómo se potencia la una o la otra?
La neurociencia parece hoy de acuerdo: depende del entorno en que habitamos en nuestra vida intrauterina, el momento del nacimiento y los primeros meses y años de vida, hasta los 7 años, son fundamentales.
La etapa en que se está FORMANDO NUESTRO CEREBRO, nuestras redes neuronales, nuestro sistema nervioso y nuestro sistema emocional.
Nuestro sistema neurológico se formará para el amor, la paz, la empatía y el cuidado si recibimos lo mismo en esta etapa crítica.
El bebé y el niño pequeño son fundamentalmente emocionales, y la calidad de la formación de su sistema nervioso, y de los neurotransmisores del placer y la alegría dependen del cuidado, el contacto físico, la lactancia materna, el cuerpo maternante que reciban al nacer.
Por el contrario, un bebé en soledad o agredido, abandonado o reprimido, formará su cerebro en condiciones de estrés, empapado de adrenalina y cortisol, desarrollará miedo, y por tanto agresividad, para sobrevivir en condiciones adversas.
James Prescott,  ex director del Instituto Nacional de la Salud y el Desarrollo Infantiles de EEUU, ha estudiado durante muchos años el origen neuronal de la violencia humana: "Cuando no se toca y no se rodea de afecto a los niños, los sistemas cerebrales del placer no se desarrollan. La consecuencia de ello son unos individuos y una cultura basados en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo”.
También Louis Cozolino, profesor de Psicología de la Universidad Pepperdine y autor de The Neuroscience of human relationships, explica lo mismo: "cuando no hay mucho contacto o existe una falta de cuidados, es más probable que el cerebro desarrolle un sistema dirigido fundamentalmente por la adrenalina. Esto dará lugar a un tipo más violento, más agitado. Algo que tiene sentido desde un punto de vista evolutivo. Cuanto menos protegido esté un niño por sus padres, más agresivo tiene que ser para sobrevivir”. (Citado por Can-Men en Paz y Crianza, ¿dónde nace la violencia?").
Dicho en otras palabras, de la cantidad de cuidado, afecto y apego que recibamos en nuestra primera infancia, del vínculo emocional sano que construyamos con nuestra madre y nuestro padre, todo eso que no recordamos en la memoria activa, pero que queda grabado en nuestro sistema emocional y neuronal, dependerá la capacidad de amar que POR DEFECTO desarrollaremos en nuestra vida futura.
"Los vínculos de cuidado y afecto entre los seres vivos son fundamentales para la supervivencia y la procreación. Pero ¿cómo funcionan? ¿Cuáles son los mensajes, señales y signos que los crean? Tanto las relaciones entre padres e hijos como la atracción entre los sexos se basan en sutiles percepciones y emisiones de señales que a menudo quedan «grabadas» para toda la vida en la memoria más profunda." (Cyrulnik, Boris: Bajo el signo del vínculo. Una Historia natural del apego. Gedisa, 2008).
El amor que recibimos no se mide por la cantidad abstracta de amor que nuestros padres sintieron por nosotros. Sino por unas señales y conductas concretas que el bebé humano espera recibir para sentirse cálido, seguro, acogido. Las sonrisas, la comunicación, el contacto físico con el cuerpo de la madre, la compañía para dormir, la lactancia materna, la disponibilidad, la urgencia en satisfacer sus necesidades... son "signos" de afecto para el bebé. Solo desde la CORPORALIDAD, desde la sensorialidad directa, un bebé puede sentirse amado, y su sistema neuronal y nervioso funcionará correctamente.
El médico Michel Odent va más lejos, e insiste en la importancia de la primera hora tras el nacimiento: "Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la primera hora que sigue al nacimiento la que conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar." El pico de oxitocina, la hormona del amor, más alto de la especie humana se alcanza en esos momentos antes, durante e inmediatamente después del nacimiento. Cuidar ese momento mágico sin perturbaciones es cuidar las cotas de amor más alto a donde puede llegar la especie, y tiene efectos importantísimos en la capacidad de amar que desarrollaremos el resto de nuestra vida.
Y es ahí donde nos damos cuenta de la falta de amor primario, de la falta de maternaje, que todos los bebés humanos sufrimos en mayor o en menor medida, en una CIVILIZACIÓN donde la práctica de dejar solos a los bebés es comúnmente practicada, donde incluso se estimula y se legitima.
A lo largo de los siglos, todas las culturas patriarcales han utilizado prácticas para "putear" y someter a los bebés, desde tirarlos contra el suelo como hacían los antiguos espartanos, hasta separarlos de la madre nada más nacer, envolverlos en telas y dejarlos solos, cunas, carritos, y demás artefactos "desmaternizantes". Sin contar, la violencia explícita (golpes, castigos, violaciones...) que a lo largo de siglos ha sido práctica normal de padres a hijos y se ha transmitido de generación en generación prolongando la cadena histórica del desamparo y la violencia, hasta hacerla aparecer como algo "natural" (el pecado original).
Luego es posible que no lo recordemos con nuestra memoria selectiva, con el neocórtex... pero el desamparo y la violencia primaria están ahí, en nuestro inconsciente, en nuestra arquitectura neurológica, emocional y corporal.
Darnos cuenta de que esa es la "falta básica" (Balint) de la que todos provenimos en mayor o menor medida en la civilización patriarcal, ("todo el mundo es huérfano en la sociedad patriarcal", dijo Victoria Sau), es el inicio para comprender el por qué de nuestra escasa capacidad de amar y amarnos, y la causa de que en el mundo se reproduzca, reine y gobierne todo lo que no es amor (miedo, agresividad, violencia, neurosis, acorazamiento, enfermedad).
En lugar del cuerpo materno, de la sexualidad oral que supone la lactancia, de dormir calentitos y acompañados y seguros, de la satisfacción de nuestros mecanismos de PLACER en esos primeros meses y años de vida... nos vamos creando una CORAZA (Reich) frente al entorno hostil, que se manifiesta y se archiva en nuestro sistema nervioso y en nuestra salud en general.
Nuestro sistema emocional; nuestra capacidad de reaccionar para la ATRACCIÓN con nuestros semejantes (el amor) y no para la REPULSIÓN (el odio, la agresividad); nuestra capacidad de amar, se construye entonces a través de la calidad del vínculo primario, del amor corporal, físico y tangible, y también por el respeto a nuestra integridad emocional, a nuestra dignidad y a nuestra libertad,  que hayamos recibido en la infancia.
  • LA RELACIÓN ENTRE EL AMOR Y LA SALUD, ENTRE EL CUERPO Y LA MENTE

Dice la ginecóloga norteamericana Christiane Northrup en su libro Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer que el patriarcado es "la separación cuerpo/mente".
El psiquiatra chileno Claudio Naranjo define la mente patriarcal como aquella forma de pensamiento social en la que el pensamiento racional-intelectual (el neocórtex) domina sobre los otros dos cerebros, el córtex y el primitivo reptiliano, ahogando la posibilidad de integrar los tres cerebros,  de explotar toda nuestra potencialidad tri-cerebral, de integrar armónicamente el intelecto con las emociones y con los instintos:
"El dominio del Padre Absoluto en la sociedad, en la cultura y a través de la historia no se ha expresado sólo a través del machismo, sino, también, a través de la tiranía de la razón sobre la emoción y el placer instintivo, y a través de la sobrevaloración del saber a expensas del amor y de la libertad. Además, la agresión de los machos adreno-maníacos del mundo ha castigado e inhibido la ternura tanto como la espontaneidad y la naturalidad, robándonos así el amor y la autenticidad, con lo que nos ha empequeñecido y aislado, interfiriendo con un potencial de hermandad sin el cual no puede florecer una sociedad sana". (Naranjo, Claudio: Sanar la civilización, Ediciones La Llave, 2009, pág. 76).
Esta represión emocional que ha caracterizado a la civilización humana hasta hoy, es causante no solo de enfermedad mental (la neurosis, por definición) sino también de la enfermedad física, dado que una de las consecuencias del pensamiento binario patriarcal (el "error de Descartes" que llama metonímicamente Antonio Damasio) es el de desconectar el cerebro del resto de nuestro cuerpo. Saber pero no sentir.
La neurofisiología explica hoy perfectamente esta relación CUERPO-MENTE. El eminente neurólogo Antonio Damasio, en su ya paradigmático libro El Error de Descartes, explica cómo se ha descubierto que las mismas zonas cerebrales que procesan nuestras EMOCIONES ¡son las que regulan la relación del cerebro con los órganos del cuerpo! Cerebro y cuerpo están indisociablemente integrados mediante circuitos bioquímicos y neuronales que se conectan mutuamente:
"Las redes críticas en las que se basan los sentimientos incluyen no sólo la serie de estructuras cerebrales que se han estudiado tradicionalmente, conocidas como sistema límbico, sino también algunas de las cortezas prefrontales del cerebro y, lo que es más importante, los sectores del cerebro que cartografían e integran señales procedentes del cuerpo".
(...)"De una manera general, un sentimiento es la «visión» momentánea de una parte de ese paisaje del cuerpo. Tiene un contenido específico: el estado del cuerpo y los sistemas neurales específicos que lo soportan: el sistema nervioso periférico y las regiones cerebrales que integran señales relacionadas con la estructura y la regulación corporales. Debido a que el sentido de este paisaje corporal se halla expuesto en tiempo a la percepción o reminiscencia de alguna otra cosa que no es parte del cuerpo (una cara, una melodía, un aroma...), los sentimientos acaban siendo «calificadores» de esta alguna otra cosa. Pero un sentimiento es más que su esencia. Como explicaré, el estado corporal calificador, positivo o negativo, está acompañado por un modo de pensar correspondiente: rápido y rico en ideas cuando el estado corporal se encuentra en la banda positiva y agradable del espectro, lento y repetitivo cuando el estado corporal se desvía hacia la banda dolorosa".
(...) "Un determinado sentimiento depende de la actividad de varios sistemas cerebrales específicos que interactúan con varios órganos del cuerpo".
(...) "El alma respira a través del cuerpo, y el sufrimiento, ya empiece en la piel o en una imagen mental, tiene lugar en la carne".
(Damasio, Antonio: El error de Descartes, Edición 10mo. aniversario, Drakontos Bolsillo, 2006).
Viene a ser algo así:  como mismo nos relacionamos con los demás, nos relacionamos con los órganos de nuestro cuerpo, y ¡eureka!, he ahí la demostración científica de por qué la represión sexual, la agresividad, la baja autoestima o el desamor se manifiestan en forma de enfermedades corporales, como se dieron cuenta por otros caminos Louise Hay o T. Dethlefsen y R. Dahlke (los autores de La enfermedad como camino).
Y es también la demostración de por qué los estados de ánimo negativos influyen en nuestra capacidad de pensar, en nuestra inteligencia. Son mecanismos bidireccionales que van de la mente al cuerpo, y del cuerpo a la mente, a través de las emociones.
Las emociones y sentimientos positivos (de atracción hacia los demás, de amor, de confianza y seguridad) van acompañados de un PLACER corporal, de un mecanismo autorregulador biológico potente, neuronal y hormonal, bioquímico, que optimiza el funcionamiento de todo nuestro cuerpo.
Por el contrario los sentimientos "negativos" (de odio, ira, repulsión...) van acompañados de un estado corporal de DOLOR, que se va a manifestar en algunos o varios de los distintos sistemas orgánicos funcionales de nuestro cuerpo. A su vez, el estado positivo o negativo del cuerpo, va a influir en nuestra capacidad de pensar, en nuestra inteligencia. Las emociones positivas facilitan el aprendizaje y el conocimiento.
Como mismo amamos a los demás, nos amamamos a nosotros mismos. Como mismo nuestra mente se relaciona con lo externo se relaciona también con el resto de los órganos de nuestro cuerpo ("hipótesis de los marcadores somáticos"). Si no hay cuerpo, no hay mente. Y nuestra alma, nuestros sentimientos, determinan y son determinados a la vez por nuestro cuerpo (hacia dentro, internamente) y hacia los demás, hacia afuera, externamente.
Después de estas asombrosas demostraciones de la neurobiología, nuestra concepción de la vida, de la salud, de la inteligencia, y del sistema social en su conjunto como red, no puede volver a ser la misma, y asombra que la mayor parte del sistema sanitario y del sistema educativo no se hayan aún enterado. 
En mi opinión, es este uno de los descubrimientos científicos más importantes de la historia de la humanidad, y que, junto con la física cuántica, marca para siempre el fin de la modernidad, de la "vieja era", y de la civilización patriarcal de la dominación, hacia un nuevo nivel de CONCIENCIA donde las emociones, los afectos y los sentimientos encuentren por fin su lugar protagonista en nuestra sociedad, y donde la salud mental no puede separarse de la salud física, y nuestra salud individual no puede separarse de la salud social.
  • AUMENTAR NUESTRA CAPACIDAD DE AMAR
La buena noticia es entonces que aunque nuestra neurofisiología para el amor se forma en las primeras etapas de nuestra vida (cuando se forma nuestro cerebro y nuestras redes neuronales), el cerebro es permeable e influible a través del cuerpo, de nuestros pensamientos y de nuestras emociones.
Aumentar nuestra capacidad de amar, y con ello, mejorar nuestra salud mental y física, y también la de todas las personas a nuestro alrededor y la del sistema social en su conjunto es posible, desde el mismo momento en que tomamos CONCIENCIA.
Tomar conciencia (salir de Matrix), y darnos cuenta del inmenso poder que hemos dejado en el inconsciente, en la sombra, en nuestra represión y en nuestra ceguera emocional. En todo lo que tuvimos que sufrir o reprimir desde pequeños para ser aceptados y amados. En nuestra represión sexual. En nuestra represión del placer corporal. En nuestra desconexión con nuestros órganos del cuerpo, especialmente de las mujeres con nuestro útero, principal víctima del dominio patriarcal. En nuestra baja autoestima. En nuestra escasa capacidad para amar  de verdad a nuestros hijos, a nuestros cónyuges, a nuestros amigos, a nuestros prójimos.  Para tolerar, para acompañar, para respetar la libertad del otro.
Sí, las cuotas de amor (placer) y desamor (displacer) primarios fueron las que nos hicieron así:  egoistas o vanidosos o neuróticos o violentos o agresivos o miedosos o deprimidos o ansiosos o competitivos o solidarios o tímidos o frígidos o cariñosos o sociables o felices o infelices o sanos o enfermizos... pero ¡podemos cambiarlo!
Aunque es mucho más difícil hacerlo después de adulto, y sería preferible evitarlo a través de una crianza y una educación más amorosas y respetuosas, no es imposible. Todos los caminos que cité en el primer párrafo son buenos. Desde afuera o desde adentro. Desde el cuerpo o desde la mente. Desde el sexo o desde la meditación. Desde el ejercicio físico o la creatividad intelectual. Desde la liberación del cuerpo y de la mente. Desde la aceptación de lo que somos: altos, bajos, gordos, flacos, negros, blancos, viejos, jóvenes, pobres, ricos, religiosos, ateos, homosexuales, heterosexuales, bisexuales, mujeres, hombres... Acariciarnos y mimarnos. Darle placer a nuestro cuerpo. Abrir los canales del placer y de la auto-aceptación, de la oxitocina y de las serotoninas. Aceptarnos y amarnos en nuestro valor único, en nuestra combinación única de amores y desamores.
Desde la re-conexión con nuestros instintos, con nuestro cerebro límbico y con nuestro cerebro reptiliano primitivo. Desde la maternidad y la paternidad conscientes, como talleres maravillosos que nos permiten reconectarnos con el niño desamparado que fuimos e intentar disminuir esas cuotas de desamparo y agresividad hacia nuestros hijos. Desde ahora. Desde ya. Desde este mismo instante. Nunca es tarde para despertar, para darnos cuenta. Nunca es tarde para salir de Matrix y encontrar la fuente de amor inagotable que mana desde nuestro centro, y que tuvimos que reprimir para ser aceptados o queridos del modo en que unos seres imperfectos pudieron limitadamente aceptarnos o querernos.
Amémonos ya, ahora mismo. Tal como somos. No esperemos a "cambiar" para ajustarnos a unos patrones externos y entonces aceptarnos. Acéptemonos ya, ahora mismo. Desde nuestra propia mirada, desde nuestro propio centro. Y habremos crecido. Y comenzado a sanar. Todo comenzará de nuevo a fluir en nuestro cerebro y en nuestros cuerpos, y a nuestro alrededor, hasta contagiar y sanar a todo el planeta.
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