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Qué significa en realidad ‘Salir de la Zona de Confort’

Por Jcvalda @grandespymes

Qué significa en realidad ‘Salir de la Zona de Confort’

Hace siete años que soy un corredor habitual, y no recuerdo, durante este período, haber dejado de hacerlo por más de una semana. He sido consistente. En la semana suelo correr entre cinco y seis días, aunque a veces he encadenado 10 o 12 días seguidos corriendo.

A pesar de mi consistencia mi nivel como corredor ha sido más bien discreto. Durante mucho tiempo estuve, para mi desilusión y asombro, sin progresar nada o casi nada. Por mucho que corría mis tiempos no mejoraban.

Fue hasta hace muy poco, cuando empecé a entrenar en serio preparándome para el maratón, cuando empecé a notar mejoras importantes.

Hoy puedo correr, sin forzar mucho la máquina, al ritmo que hasta hace unos meses era el tope de mi velocidad. Me resulta grato verme sorprendido cuando, haciendo el mismo recorrido de siempre y sin apretar mucho, el cronómetro marca un tiempo que antes me hubiera costado un pulmón hacer.

Resulta que nuestro cuerpo es una exquisita maquinaria programada para economizar combustible: utiliza la menor cantidad de calorías posibles, jamás derrocha. Si consideramos que en la naturaleza (en la sabana africana de donde venimos) obtener las calorías necesarias para sobrevivir es trabajo duro, es apenas lógico que nuestro cuerpo sea tan ahorrador: madre naturaleza nos ha programado para ser avaros en cuanto a esfuerzos innecesarios.

Gracias a nuestra preferencia por ahorrar calorías, cuando hacemos ejercicio tendemos a hacerlo de un modo que no nos resulte muy exigente. La mayoría de los corredores aficionados, casi sin darse cuenta, entrena a un ritmo que le resulta cómodo y no se exige demasiado. Debido a eso, aunque se corra con regularidad, no se producen mejoras en nuestro nivel de forma.

Lo que ocurre con los corredores es lo mismo que le ocurriría a alguien que entrena con pesas y que deja de incrementar la carga en sus rutinas. Si en todos sus entrenamientos levanta el mismo peso, se estanca y deja de progresar. El músculo crece como respuesta adaptativa al incremento progresivo del peso con el que trabaja, si se deja de forzar, para de crecer.

El progreso no es automático, tiene que ser deliberado. No basta con realizar una actividad una y otra vez para convertirnos en expertos o en súper atletas. Si fuera así, aquellos que llevamos muchos años conduciendo podríamos competir en la Fórmula Uno. Pero no podemos, para ser pilotos de carreras se necesita conducir de un modo muy distinto a como lo hacemos cuando vamos al trabajo, distraídos conversando u oyendo las noticias.

El progreso se produce cuando prestamos total atención a lo que hacemos y nos exigimos un poco más. Cuando nos empujamos a ir más allá de nuestro actual nivel de competencia y salimos de nuestra zona de confort.

La Zona de Confort es el estado psicológico en el cual nos encontramos relajados y operamos con bajos niveles de estrés y ansiedad. En la zona de confort podemos alcanzar nuestro nivel de desempeño habitual con facilidad.

A todos nos gusta la zona de confort, cuando alcanzamos un nivel de competencia suficiente para ejecutar las tareas con eficiencia, nos acomodamos y dejamos de esforzarnos por mejorar, por expandir nuestras capacidades.

Dejar de esforzarnos por mejorar y cogerla con calma nos pasa en el campo profesional, como deportistas y también pasa en nuestras relaciones íntimas: tendemos a caer en la comodidad de la rutina y dejamos de esforzarnos.

Y esto es lo que distingue a los súper-clase, a los sobresalientes del resto de la manada: no se acomodan y continúan SIEMPRE esforzándose por mejorar. Los japoneses denominan al deseo de mejorar continuamente Kaizen, el cual es un concepto que se utiliza en muchas de sus empresas y que ha sido el responsable del éxito que han tenido compañías como Toyota.

"Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy" es la forma como explicaríamos el concepto de Kaizen. Si queremos sobresalir y alcanzar la excelencia debemos esforzarnos por mejorar todos los días un poco. Prestar atención hasta el más mínimo detalle susceptible de mejora.

Pequeñas mejoras continuas, día tras día, con el tiempo se acumulan y terminan haciendo una enorme diferencia. La excelencia no da saltos, se gana paso a paso; centímetro a centímetro.

Salir de la zona de confort es física y psicológicamente doloroso: no es territorio para débiles de espíritu. Se requiere una férrea voluntad y disciplina. En el caso de los deportistas hablamos de entrenamientos agotadores y en muchas ocasiones dolorosos: pagan con sangre su derecho a brillar.

Los profesionales de otras áreas deben soportar otro tipo de incomodidad, la psicológica, que para nada es menos severa. Quien se lanza a crear un negocio debe soportar la incomodidad que produce caminar entre incertidumbre y ambigüedad, algo que a nuestro cerebro, siempre anhelante de certezas, le desagrada en extremo.

El artista que quiere innovar debe estar dispuesto a soportar la humillación de los críticos que no entienden su propuesta de vanguardia. La crítica duele. El estudiante que quiere alcanzar la excelencia debe renunciar a muchas cosas que otros jóvenes menos ambiciosos no están dispuestos a abandonar, en muchos casos debe soportar el aislamiento y la burla.

Como lo dije atrás, abandonar la comodidad no es fácil, el riesgo de fracaso, humillación y dolor estará siempre presente. Pero también las recompensas de aventurarse por terreno desconocido pueden ser enormes. Además, una vida sin riesgo, sin aventura ni exigencia ¿merece llamarse vida?

Fuente http://notasaprendiz.weebly.com/blog/que-significa-en-realidad-salir-de-la-zona-de-confort

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