Revista Viajes

Qué ver en Aranda del Duero (Burgos): una de las cunas del vino en España

Por Mundoturistico

Rivera o Rioja es para muchos una diatriba similar a Real Madrid o Barça, pero en el mundo del vino. Y hoy nos pondremos los colores del primero de estos dos equipos para sumergirnos en una de las ciudades más emblemáticas que le dan origen: Aranda del Duero. Se trata de una urbe de agradable visita y cuyos atractivos turísticos se centran en el rico líquido de la zona. No solo porque lo podrás probar en bares y restaurantes, y casi nunca fallarás, sino porque tiene una red de siete kilómetros subterránea que recorre la ciudad y que se puede visitar, convirtiéndose en una actividad encantadora e interesante para los amantes del vino. Hoy te contaremos qué ver en un día, aunque si estás un fin de semana, por ejemplo, tendrás tiempo de perderte por ella cuantas veces sean necesarias para empaparte de sus encantos; que tampoco está mal.

En realidad Ribera del Duero es la denominación de origen que abarca toda la cuenca del río Duero, afectando a las provincias de Soria, Burgos, Segovia y Valladolid. Pero hoy estaremos en la región burgalesa, donde llegamos tras un paseo por las Merindades, otras zonas del norte y tras conocer Burgos, la capital. Aranda del Duero centra gran parte del turismo en torno a esta DO, porque como ya adelantamos, es un destino que tiene unos cuantos componentes que la hacen atractiva.

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El centro Aranda y sus principales atractivos

Aranda no es una ciudad grande, por lo que varios recorridos y las debidas paradas en los bares para tomar algo (actividad rigurosamente necesaria) harán que le cojas el punto rápidamente. Entre los lugares turísticos que no te debes perder, está su Plaza Mayor, centro de la vida y del lugar; la Iglesia de Santa María La Real, imponente sobre todo en el exterior, con unas puertas renacentistas preciosas elaboradas por Juán de Beltrán; y la Iglesia de San Juan.

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Pero como en otras muchas ciudades, el encanto está en la calle. Las vías que van desde la Plaza Mayor hasta la iglesia de Santa María hasta llegar a los Jardines de Don Diego -tranquila zona verde para descansar si es necesario-, son quizás el mayor recuerdo que me llevé. Eso y como ya os había comentado, las bodegas subterráneas y los bares.

La red de bodegas de Aranda de Duero

Lo más interesante que hacer en Aranda de Duero es sin duda conocer la red de bodegas que dieron lugar al origen de la producción del vino en el lugar y que con el tiempo, han acabado trasladándose a otros lugares con instalaciones más modernas. Pero si algo llama la atención de estos lugares sagrados en esta tierra es la conservación, que es llevada a cabo por las peñas del pueblo y particulares, y que permite que puedan visitarse.

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Como adelantamos, se compone de unos siete kilómetros bajo tierra, distribuidos en unas 130 bodegas. Aunque su construcción se sucedió durante mucho tiempo, su mayor expansión se produjo en los siglos XIV y VV. El terreno seco y aireado del lugar lo convertía en idóneo para la producción del líquido; hecho unido a la profundidad de las bodegas, que llega hasta más de diez metros. Actualmente también son, como es de esperar, no aptas para claustrofóbicos. En la visita que nosotros contratamos (con la bodega Bodega Histórica Don Carlos), pudimos estar en varias, si bien nos contaron que no sé sabe bien en qué punto acaban unas y comienzan otras, ya que muchas de ellas se encuentran unidas.

Nos contaron, como otras veces el proceso antiguo de producción del vino (recolecta, estrujado, fermentaciones, prensado, crianza…) y finalmente, accedimos a una teatralización corta pero divertida, y una cata. Todo por un precio módico de 8 euros.

Comer y beber en Aranda de Duero

Es difícil que vayas a comer o beber mal en Aranda. Mal se te tiene que dar. En general, todos los vinos que tomé y las veces que comimos, quedamos encantados. Además, es una ciudad que se presta mucho a tomar algo; bien sea antes de cenar a la hora del aperitivo. Así que date un capricho y vete de bar en bar. ¡Que un día es un día!

Para tomar algo, nos encantaron dos bares. Los dos bastante modernos, muy chulos y con producto de primera. La Pícara Gastroteca tiene una terraza deliciosa y en ella degustamos un buen vino y varios pinchos, que si bien eran pequeños, estaban todos de muerte. Y nos encantó también El Somatén, recomendación de una chica de la ciudad, que es uno de los bares de reunión de los arandinos los domingos a medio día. Ambientazo asegurado.

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Para comer, también por recomendación de una amiga de la ciudad, nos acercamos a La Raspa, que no está en pleno centro, pero se llega perfectamente andando. Y mereció la pena. Nos encantó el producto y el ambiente del lugar, que es de estética moderna y buen gusto.

Datos prácticos

Dónde dormir: Para pasar la noche en Aranda de Duero, elegimos un hostal muy correcto pero también barato, que era la idea. Si no os importa ir a un sitio sin lujos para hacerlo por menos dinero de lo habitual, os vendrá muy bien conocer su existencia. Se trata del Hostal Rosales y aunque está fuera de los términos del centro, se llega paseando en un momento.

Cómo moverse: la ciudad es muy sencilla para moverse por ella, así que una vez que llegues de las formas más comunes (bus, tren o coche), no hace falta que busques más. Solo tendrás que caminar.


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