Revista Cultura y Ocio

Rajoy, presidente de Venezuela

Publicado el 11 junio 2016 por Benjamín Recacha García @brecacha

Viñeta Mora - Venezuela

Ya estamos en campaña electoral. Seis meses después. Qué curioso, estuvimos cuatro años deseando volver a votar y ahora nos quejamos por tener que hacerlo tan seguido.

Es cierto que la campaña es bastante coñazo, pero ésta y todas. Me hace gracia esa indignación por el dinero que se van a gastar los partidos ahora. Qué pasa, que si no se repiten las elecciones ¿esos millones en propaganda no molestan?

En mi opinión, son excesivos ahora y siempre, sobre todo teniendo en cuenta que es dinero procedente de bancos, los intereses del cual pagamos todos, pues los partidos están muy generosamente subvencionados por el Estado.

Aunque no todos son iguales en cuanto a derroche. No es lo mismo gastar diez millones prestados por un banco que dos procedentes de microdonaciones de militantes y simpatizantes.

En definitiva, que sobra campaña, ahora y siempre, y, desde luego, sobra mucha financiación pública.

En estas dos semanas se volverá a hablar de la corrupción del PP, pero no voy a entretenerme en ello, porque, de acuerdo con las encuestas, ni aunque los líderes de la organización criminal reconocieran en público sus delitos perderían un número relevante de sus siete millones de cómplices.

En un país normal el PP no podría presentarse a las elecciones, mucho menos gobernar. Pero está claro que un Estado que, entre otras cosas, no ha renegado de su pasado fascista, ni condenado sus crímenes, ni reparado a las víctimas, no puede ser normal. Vivimos en una anomalía prolongada indefinidamente.

Se va a hablar mucho sobre quién tuvo la culpa de que no se formara gobierno tras las elecciones de diciembre. Cada uno tiene su opinión y no vale la pena seguir mareando la perdiz con el asunto, aunque algunos lo harán (llevan meses agarrados a ese clavo) porque poco más pueden ofrecer como aliciente para pescar votos.

Quienes se dedican a repartir culpas para eludir su manifiesta torpeza e incapacidad para ilusionar hablarán también de Venezuela y de las etiquetas.

Y por muy elocuentes que sean, por mucha intensidad que pongan en sus discursos, lo que me “maravilla” es que no se den cuenta de lo absurdo de su estrategia. Es una estrategia tan torpe como la que ha conseguido que la mitad de los catalanes quieran independizarse.

Los que se pasan el día con Venezuela, el chavismo, el comunismo y ETA en la boca le están haciendo la campaña a Unidos Podemos, que, por su parte, sólo necesita escenificar una campaña en positivo (lo de las sonrisas y los corazones me parece poco estimulante y demasiado naïf, pero estoy seguro de que les va a funcionar; hay mucha gente muy harta de políticos grises de manos negras) para mejorar claramente el resultado de diciembre.

Dudo mucho que vayan a perder un solo voto en respuesta a argumentos tan infantiles. Más bien al contrario. Mi percepción es que van a conseguir movilizar a no pocos abstencionistas, hartos de burdas manipulaciones mediáticas y políticas.

Seguro que la situación en Venezuela es complicada, como lo es en tantos otros países en los que nadie pone el foco, como lo es en España. Si uno se toma la molestia de contrastar la propaganda que sólo persigue atacar a Unidos Podemos, fácilmente encontrará testimonios interesantes, como el de este empresario vasco (que no tiene pinta de ser chavista, precisamente) afincado en “el infierno bolivariano”, o el de esta maestra venezolana que nada tiene en común (salvo la nacionalidad) con la ultraderecha que algunos partidos, dinosaurios políticos y medios de aquí patrocinan con tanto entusiasmo.

La cuestión venezolana es mucho más compleja que unos cuantos titulares sensacionalistas en la aterrada prensa española. Aterrada no por lo que ocurre allí, sino por la posibilidad de que Unidos Podemos alcance el poder aquí (cosa que no va a suceder, más adelante voy con ello).

Cualquiera con dos dedos de frente, sea cual sea su simpatía política, convendrá que no hay por dónde coger las ridículas contradicciones, la falta de coherencia, de quienes denuncian la represión en Venezuela y, en cambio, apoyan la detención de dos titiriteros y condenan las movilizaciones populares en España o en cualquier otro lugar. ¿No llama la atención el silencio mediático y político respecto a la masiva movilización que el rechazo a la reforma laboral está provocando en Francia?

Sólo quiero recordar que las revueltas alentadas por la ultraderecha venezolana causaron decenas de muertos y heridos, incluidos un buen número de policías.

¿Qué dicen los españoles que apoyan a esos “presos políticos” sobre las protestas en Gràcia, que han acabado con varios Mossos heridos? ¿Es Arnaldo Otegi un terrorista y, en cambio, Leopoldo López un demócrata ejemplar encarcelado por sus ideas?

En fin, que aunque todavía las hay, cada vez quedan menos personas que se dejen manipular tan fácilmente. Cada vez hay más gente que recurre a medios alternativos para informarse y que toma conciencia así de la escandalosa connivencia existente entre las élites empresariales y sociales y los medios de comunicación tradicionales. Una connivencia que, por ejemplo, lleva Venezuela cada día a las portadas y, en cambio, “olvida” la millonaria evasión fiscal de las “grandes” familias, como los Borbón, que han podido regularizar su fortuna gracias a la amnistía libre de impuestos del gobierno amigo.

Pero lo preocupante es el chavismo, claro que sí.

La táctica del miedo, siempre apoyada por la máquina del fango que tan bien maneja la prensa oficial del sistema, ya no funciona. Como tampoco sirve lo del “voto útil”. Se han dado cuenta, pero no saben cómo contrarrestarlo. Desde hace dos años todos bailan al son que marca Podemos en cuanto a estrategia de comunicación. Pero debe ser muy difícil cambiar dinámicas de funcionamiento tan arraigadas y tan poco efectivas en esta época de comunicación inmediata y directa.

Sigo pensando que, a pesar de que Podemos ha perdido frescura y ha moderado demasiado su mensaje, quienes asisten aterrados a su crecimiento todavía no han entendido en qué consiste el fenómeno, y eso es lo que está hundiendo concretamente al PSOE.

Tras su pacto inútil con Ciudadanos, en el que Pedro Sánchez se escudó para no tener que gobernar junto a Pablo Iglesias, el partido ex socialista y ex obrero se empeña en atacar con rencor mal disimulado (envidia cochina lo llamaría si estuviéramos hablando de críos) al que debería ser su aliado. No me cansaré de repetir que el actual aparato dirigente del PSOE es difícilmente “empeorable” en cuanto a estrategia política y de comunicación.

Todas las encuestas (que sí, sólo son encuestas) reflejan el crecimiento sostenido de Unidos Podemos y sus confluencias valenciana, catalana y gallega. La formación liderada por Pablo Iglesias sabe que sólo podrá gobernar con el apoyo del PSOE, y lo dejó muy claro desde el mismo 20 de diciembre. La diferencia es que entonces el presidente hubiera sido Sánchez y esta vez todo parece indicar que se cambiarán las tornas.

No sé qué persiguen los dirigentes “socialistas” centrando sus iras en Podemos. A mí, sinceramente, me da igual, pero analizándolo desde una perspectiva de táctica política es un sinsentido. Supongo que no aspiran más que a mantener el segundo puesto. Mi opinión personal es que las constantes contradicciones en el discurso sólo les llevan a perder votos. La gente de izquierdas que votaba al PSOE ha emigrado a Unidos Podemos, y la lógica me lleva a pensar que el trasvase va a continuar, sobre todo en los entornos urbanos. La opción ganadora ahora es la confluencia progresista. Un PSOE de caras grises y batallas internas poco puede ilusionar.

Dicho esto, sea cual sea el resultado el 26 de junio —y creo que Unidos Podemos tiene serias opciones de quedar primero—, el próximo presidente del gobierno va a ser Mariano Rajoy.

Si el PSOE se sintió humillado por la propuesta de compartir gobierno con Podemos en diciembre, ahora con un resultado peor ni con una sobredosis de El manifiesto comunista hará presidente a Iglesias.

Las terceras elecciones están descartadas, por mucho que aseguren que ni por activa ni por pasiva permitirán un gobierno del PP. Sánchez puede decir misa, porque si queda tercero, el mismo día 26 o el 27 por la mañana dimitirá o lo obligarán a dimitir y su partido, “por responsabilidad de Estado”, se abstendrá en la investidura de Rajoy, que gobernará junto a Rivera.

No tengo bola de cristal, pero en las casas de apuestas ésta se debe pagar con cuota negativa.

Lo único que pondría en un aprieto aún más serio al PSOE sería que junto a Unidos Podemos sumaran mayoría absoluta o, peor aún, que éstos ganaran las elecciones. Entonces tendrían que buscar una excusa más imaginativa que la “responsabilidad de Estado” para evitar un gobierno “bolivariano”.

Por hoy es suficiente. La campaña acaba de empezar y promete emociones fuertes… O no. Ya que los vamos a tener que soportar unas semanas más, por lo menos que nos echemos unas risas.


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