Revista Cine

Rareza de la semana

Publicado el 14 marzo 2010 por Elchapa
Volvemos con una de mis secciones más queridas en las que intento, básicamente, de despertar atención sobre algunos títulos que giran por allí y que por ahí no se tienen tan en cuenta, o no generan interés. Lo que sucede es que son de interés todos y algunos tienen mucho para ofrecer, como esta hermosa película que critico y les recomiendo hoy. La semana que viene viajamos al país de las maravillas!
La crítica de “Diggers”, a continuación.
“Diggers”
Se siente. Pocas veces este es el tipo de declaración principal y/o de apertura que podemos hacer de una película. En el caso de “Diggers”, de Katherine Dieckmann, todos y todo es tan transparente, tan vigorosamente vivo y con tanto dolor al mismo tiempo que no podemos evitar sentirlo. El film comienza con una muerte y un funeral...sí, lo sé, típico, y duele aún más decir que ocurre en la muy pequeña Long Island. Sin embargo, ninguna de los dos arquetipos son lo que esperaríamos.
Hunt (Paul Rudd), un excavador de almejas, está yendo río adentro para hacer las paces con su padre (también un excavador de almejas; un “digger”), que arrancó más temprano que él y está esperándolo. Pasa por lo de su hermana Gina (Maura Tierney) para buscar el café que le gusta a su papá: “Negro, tres de azúcar”, un lindo detalle familiar. Cuando Hunt se acerca al bote de su padre, el viejo se ha caído en el agua. Su corazón se paró. El funeral que sigue no es el evento en sí, sino cómo los amigos de Hunt (todos “diggers”) llegan allí para que podamos conocerlos: Cons (Josh Hamilton), un drogadicto que siempre está quejándose de un mundo que admira; Jack (Ron Eldard), un mujeriego al que aparentemente no le importa nada; y Lozo (Ken Marino), su mujer Julie (la hermosa Sarah Paulson) y sus hijos, una ‘familia cinematográfica’ para el recuerdo.
Hay un momento precioso, el mejor momento del film, que está –no por casualidad- en el póster. Hunt, Jack y Conso están fumando afuera de la funeraria en un plano perfectamente compuesto, y algunos segundos después Lozo sale por la puerta y se une para formar una bella imagen que admiramos al sonido de una gaita. Es música de funeral, pero el funeral ya terminó. Esta gente tiene asuntos con los que lidiar: la vida, el trabajo, la amenaza de una gran compañía, la ilusión constante de algo mejor que no traicione sus ideales. Excavadores de almejas tradicionales como ellos nunca se venderían a una compañía grande.
Entre lo que esconden y lo que saben (sobre sus vidas y sobre la vida en general), entre lo que les gusta y lo que no (historias de amor, viejas y nuevas), entre lo que deberían y lo que no deberían hacer, o lo que deben hacer porque no hay otra alternativa; en una fina línea entre las promesas que la gente se hace a sí misma y las cosas con las que se terminan conformando, pasea este relato de almas estancadas. Ken Marino escribió un guión brillante, dañado, que hace muchas preguntas y hace que el espectador haga algunas más. Una desarrollada pieza de personaje que concluye en un clímax que podría ser demasiado grande para un lugar pequeño, pero nada lo hace menos conmovedor.
Una vez que conocemos a los personajes, no podemos dejarlos atrás. Se siente: la necesidad de una respuesta (como por qué nos herimos tanto), la solución de un misterio (en otro precioso momento, Hunt para su bote en lo de Zoey, una mujer que ha estado mirando por semanas... “¿qué estás haciendo? Rompiste nuestro coqueteo silencioso”, le dice ella; y ese es un momento de definición de personaje en una actuación perfecta de Lauren Ambrose), esa alegría en medio del dolor.
Algo nos dice el hecho de que Hunt saque buenas fotografías, como amateur; o que Gina descubra que quiere vivir de nuevo; que Lozo ame a su mujer por sobre todo; que Cons esté constantemente tratando de buscar un significado; que para Jack realmente signifique algo el amor. Las interpretaciones son espléndidas, todas, especialmente Rudd en un papel que no acostumbra a regalarnos y que prueba que puede hacer cualquier cosa y hacerlo bien. Marino (que escribió el guión y su personaje, por lo que entiende suficiente del sentimiento y la idea de 1976 como para crear un padre de familia comprensivo que podemos amar y odiar) lo sigue de cerca. Los papeles y las actuaciones de Paulson y Tierney son otra prueba más de dos talentos inmensos que no tenemos la posibilidad de ver muy seguido. Eldard y Hamilton: revelaciones sorprendentes.
Necesitamos más de estas historias, acerca de sentir. Porque Dickmann hizo un buen trabajo con “Diggers”, una película bien actuada, muy bien escrita y desarrollada en cada aspecto. Sin embargo, más que cualquier otra cosa, muy bien contada (narrada, le dicen en cine a veces). Sí, varias historias bien contadas que, en lo posible, se preocupen por los personajes y los entiendan, sin que se los de por sentado. Y, si no es mucho pedir, ningún final definitivo. Eso es lo que necesitamos.
---9/10

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