Revista Creaciones

Relatos de COSOqueTEcoso (XLIX)

Por Cqtc

Relatos de COSOqueTEcoso (XLIX)

-Mira que nun alcordame.

-Muchísimas gracias, señor. Ha sido usted muy amable, le quedamos muy agradecidos, y reciba usted nuestro pésame por la muerte de su hermano.

-De nada, mujer. Para eso hemos quedado, los viejos lo único que podemos es saber y compartir lo que sabemos, y luego, que cada uno haga lo que quiera. Pero no cojan ustedes el ómnibus, ese lleva hasta vaques. Y buen viaje.

-Gracias -hizo un esfuerzo Queitano con el idioma-. Muchas gracias, caballero. Y buenos díes.

-Mejor que el de ayer, seguro. Vayan con Dios.

Una vez hecho el mandado del telegrama, cuyo precio enfadó a Queitano, a pesar de no ser él quien lo pagaba, la pareja, ella dándole la razón a él, y él sin apearse del burro, desanduvo sus pasos, encontró la calle Uría y se alejó del centro de la ciudad hacia la estación del Norte. Una vez allí se informaron primero de dónde se podían informar, y después, en la taquilla, preguntaron cuál era el primer tren que salía hacia Madrid y el precio de los billetes, pero con una condición, que no fueran ni trenes ómnibus ni correos. El expreso había salido ya, partía muy temprano. Ya estaría cerca de León donde pararía diez minutos. A medio día salía un ambulante que llegaba a la capital por la mañana, y éste era más barato que el expreso.

- Sí, ye como llamamos nós al tren corréu, señora.

Y a la noche un tren ómnibus que hacía una larga parada en León, además de las otras muchas. Para ninguno, ni para el expreso ni para el rápido que circulaba los domingos, ni para el resto había problemas de billetes.

- Gracies, caballeru. Vamos pensalo.

Pero más que reflexión, lo que apareció en un principio fue la discusión. Que si era más barato coger el ómnibus y, además, se ahorraban la pensión, que si tardaba más en llegar también era verdad que ellos estarían antes en Madrid que si esperaban a coger el expreso y no digamos el rápido, que si el dinero parece tuyo y no sé porqué te preocupa tanto, que si no te importa estar un día metido en un tren. Que si el caso era llegar cuanto antes. Que qué pintaban allí en Oviedo. Que si era mejor ir parando en cada pueblo, que si en cada pueblo descargaban y cargaban correo, ¡vaya pesadez! Que si ya ves lo que nos pasó en ese cacharro que olía fatal, " y eso que non cuentu cola pita". Al final, como casi siempre en esta pareja, primó la opinión de Xana. Queitano, fuera de la quintana del valle perdía tanta seguridad en sí mismo como autoridad ante los demás. Así que, la siguiente tarea era encontrar una pensión para pasar la noche.

- Pero antes, vamos mercar los billetes.

-¿Qué, cómo van las letras, Venancio? -se interesó Cirilo al abrir la puerta.

-Mejor que los números, señor. Las letras son más fáciles. La a es mu fácil dentender y siempre es la a. No como los cargos y los abonos.

-No, hombre, en la contabilidad también es siempre lo mismo, a un cargo le corresponde un abono o varios y viceversa.

-Viceversa. Lo mismo, pero al contrario. Por ejemplo, yo hablo y tú me escuchas, y viceversa sustituye decir que también me hablas tú a mí y yo te escucho a ti, ¿entiendes?

-A medias... Pero sí, que da igual una cosa que la otra.

-Bueno, no es así del todo, pero por ahí van los tiros. Aunque lo mío no es la lengua, sino el lápiz, eh. Así que la a es siempre la a, ¿eh? Y el debe siempre es el debe.

-Ya, pero tiénfrente al haber. Y la a no tié na enfrente.

-Pero sí al lado.

-Tié usté razón. Pero menseña muchas cosas que son novenosas pa mí. De las letras macuerdo de lo poco que andé en lascuela...

-Anduve, se dice anduve, no andé.

-Eso, que anduve en lascuela. Macuerdo de casi todas. Y los acentos esos ma dicho la señá Carmina que no hace falta que los use de momento pa escribir, así que sólo estoy aprendiendo en serio a leer. Su esposa dice que luego será más fácil escribir bien si sé leer bien.

-Bueno, si ella cree que lo interesante ahora es leer... Anoche seleccioné unos libros de contabilidad para ti. Aunque, escribir también es muy importante para un contable. De hecho, en la carrera que hice yo, que no tiene nada que ver casi con lo que se estudia ahora en las escuelas de maestros y peritos mercantiles, la gramática y la ortografía y demás eran asignaturas muy importantes. Fíjate, cuando contabilices un gasto, por ejemplo, será muy importante que quien lea el apunte entienda el concepto. No es lo mismo que una empresa se gaste diez mil pesetas en dulces que se los gaste en pagar los jornales de los empleados. Debes dejar claro en concepto de qué se hace el gasto o el ingreso en caja. Por ejemplo, si vendes al fiado, como dirías tú, es decir, cobras en diferido una venta, si en el concepto no escribes qué deuda te pagan pues no sabrás las que te siguen debiendo. Por eso, a veces, no importa que un asiento tenga un apunte al debe y otro al haber, pero otros como en el caso del cobro de varias deudas juntas, se podía desglosar el abono al cliente en tantos apuntes como deudas, mientras que en la caja no importa que hagas un solo apunte, porque en realidad recibes todo el dinero y no te va a decir nada el hecho de que lo desgloses. ¿Entiendes?

-Algo le entiendo, pero...

-No te preocupes, esto es más fácil de ver en el papel que hablando de ello.

-Además, si no sescribirlo, lo puedo dibujar.

-No es una mala idea, pero dibujar un dulce es fácil, pero dibujar el pago de un jornal ya es más difícil, ¿no? Y otro problema es que como llenes los libros de dibujos, vas a tener que gastarte mucho en ellos, porque vas a necesitar unos cuantos, Venancio. Mira, ahí tengo uno, donde llevo la contabilidad de casa. Ves, estos son los renglones, uno para cada apunte. Y si el concepto del apunte es complicado, que los hay, puede ocuparte más de uno, pero sólo en la columna del concepto. Pero lo más normal es un apunte un renglón y todo el asiento seguido. Incluso hay abreviaturas ya estipuladas.

-Pahorrar -confirmó Venancio que se había enterado.

-Buenos días, Venancio. Veo que ya vas conociendo a mi marido -dijo Carmina al entrar en el cuarto-. ¿Queréis almorzar?

-Yo no, muchas gracias, señora Carmina. Desayuno fuerte en Huerta Baja, macostumbre cuando trabajábamos la tierra.

-Ni yo, ya sabes que el almuerzo lo hago a la hora de comer.

-¿Ni un cafelito tampoco? -insistió Carmina-. Sí, os traigo un café calentito, que en esta habitación hace un frío de mil demonios. Aquí tu maestro es muy caluroso y no aguanta el brasero. Menos mal que en mi salita se está estupendamente.

-Yo estoy acostumbrao a las helás y a los calores. No se procupe por mí.

-Bueno, vale ya, Carmina. Yo no te interrumpo durante tus clases... -quiso cortar la cháchara Cirilo.

-Encima que una se preocupa...

-Gracias, señora Carmina -actuó Venancio de catalizador entre el matrimonio.

-De nada, hijo. Menos mal que estás tú... Voy a por los cafés. Y los traeré en silencio, señor profesor.

-Ah, y no dejes a un lado la escritura, quiero que Venancio empiece ya a contabilizar en serio en mi diario de gastos de la casa y necesito saber si nos gastamos el dinero en caprichitos o en comer. Y no me importa si no escribe café con acento. Tenemos que ir un poco coordinados.

-¿Tú y yo coordinados? Pobre Venancio. Hijo, tanto leer como escribir, e incluso contabilizar debe de convertirse en una rutina. Ese es el secreto. Y para eso se necesita tiempo.

-No le hagas mucho caso a tu maestra, en cuanto a la contabilidad. No hay nada más peligroso para un contable que hacer su trabajo rutinariamente. El documento que estés contabilizando ha de ser el más importante que hayas hecho en tu vida, y hay que leerlo con más atención que si fuera un contrato que firmaras con el demonio, que siempre tratará de engañarte. Y, anda, déjanos ya, Carmina. Venga, Venancio, sigamos. Quiero que hoy te vayas con un asiento ya hecho en mi libro. Necesito de toda tu atención.

-A sus órdenes, mi capitán -ironizó Carmina al salir y dejarles solos.

-Hay que ver esta mujer, es que no puede pasar desapercibida ni en su propia casa. Vamos, centrémonos. Estábamos hablando de los libros contables, si mal no recuerdo.

-Sí. Mabía dicho usté que el más importante es el libro diario.

-En efecto, casi todos los demás, el libro mayor, por ejemplo, salen del libro diario. Ah, una cosa que no es oficial, pero que a mí me ha servido mucho para explicarme. En realidad un asiento contable es igual que un apunte contable, pero yo uso esas palabras distinguiéndolas para explicarme mejor y que el alumno me entienda. Yo llamo asiento a un conjunto de apuntes que genera un soporte o documento contable en el que el debe suma lo mismo que haber, por eso esta contabilidad se llama de doble partida. Las partidas son el debe y el haber. Recordemos esto.

-Sí, ya me lo ha dicho más duna vez.

-Pues no será la última. Como dice Carmina, soy muy pesado. Y lo reconozco. Pero el que enseña tiene una gran responsabilidad. Bien, volvamos al libro diario que no es otra cosa que la relación por orden de fecha de los hechos económicos acaecidos en una empresa.

-Un gerente, un socio o el dueño de una empresa, al leer el libro diario vería con detalle lo acaecido u ocurrido en su empresa secuencialmente por fechas.

-Sí, quiere decir, en sucesión ordenada, una detrás de otra, en este caso ordenada por fechas. Bien, aunque a los responsables de las empresas, a los que toman las decisiones en definitiva, los contables hemos de darles la información de su empresa de una forma ordenada y clara, a veces, el diario puede hacerse interminable, largo y tedioso, y les robaría mucho tiempo su lectura. ¿Entiendes?

-A ver, ¿Qué persona crees de las que conoces que está más ocupada y que toma más decisiones?

-La señora Casta o Alfonso XIII.

-Buena pareja has elegido, hijo. Yo elegiría siempre a la primera, pero para lo que quiero que aprendas me viene mejor el rey. ¿Te imaginas que, antes de tomar la decisión de entrar en guerra con otro país, el rey quisiera saber cómo está su reino de dinero, es decir, si puede pagar o no la munición, las armas, los soldados, etcétera, etcétera, y para ello tuviera que leerse el diario contable de España? Y que luego los ministros le informaran uno por uno de la situación de sus ministerios, tras los que vendrían los embajadores que tenemos en todos los países a contarle si le apoyarían o no esos otros países. Bueno, que si tuviera que leerse solamente el diario contable de España cuando fuera a tomar la decisión ya nos habían invadido y borrado del mapa. Me he enrollado un poco, como casi siempre, pero me has entendido. Al rey debería dársele una información más resumida y que reflejara la realidad de las arcas del estado.

-Del dinero de que dispone España, las arcas del estado. Bien, pues el siguiente libro que sigue al diario es el libro mayor, que no es más que la agrupación y el resumen de los apuntes que en el diario se han hecho, no fecha a fecha, sino durante un mes y hasta la fecha, y agrupados por las cuentas contables. Para que me entiendas, cuánto nos deben los clientes al acabar el mes, por ejemplo, cuanto dinero tenemos en la caja... Recuerda que el saldo es la diferencia entre el debe y el haber de una cuenta. Así el rey sabría cuánto dinero hay en la caja del estado español a una fecha determinada. Pero dejemos los libros, y, de momento, olvídate del mayor. Sólo quería que supieras que en la contabilidad de una empresa, y podemos considerar que España es una empresa, hay más de un libro y que cada uno cumple su función. Pero la base de casi todos los demás, es el libro diario. Y, permíteme un consejo. Si dejas que la rutina te venza en la contabilidad la has cagado, muchacho -. Venancio se extrañó del lenguaje usado por Cirilo. Éste se dio cuenta y lo explicó-. Es que ella no está, y entre hombres... Bueno, que te decía que la rutina debe ser un aliado, no un enemigo. En esta ciencia hay muchos actos mecánicos, pero como te dominen los automatismos, es decir, la rutina y no la controles tú a ella, te la puede liar gorda. Los controles has de ponerlos antes de realizar cualquier apunte. La propia rutina contable te ayudará a encontrarlos a partir de ahí. Porque si no pones tus controles antes de hacer el apunte, esa rutina contable no te ayudará, al revés, te volverá loco, buscarás un error que está fuera de la contabilidad, o no lo verás por eso mismo. Al papel y a la mujer, hasta el culo le has de ver . Y no me mires como antes, estamos entre hombres, ¿no? -. Cirilo, aunque diferente de los de su quinta, tampoco se libraba de esa educación machista que todavía hoy arrastran los hombres y sufren las mujeres.

Los temas importantes, aquéllos dignos de tener en cuenta, se diluyen como un azucarillo en agua con el día a día, a veces, hasta ser olvidadas, incluso para quienes son importantes. Luego, después de la desavenencia por el roce, caes en la cuenta, pero, también a veces, es a destiempo. Aunque digan que los humanos no somos ríos y que podemos volvernos, las circunstancias, como a ellos, nos obligan a seguir. Su pendiente hacia el mar es nuestra rutina descontrolada, que nos vence, y llega incluso a ser catarata o salto de agua, y nos aleja de lo que queremos tener lejos.

-No, si bonito es. Eso sí, tanto como caro. ¿Estás segura de que nos lo podemos permitir, Susana?

-De momento sí, Gretrudis. Nunca viviré flotando a un metro de la tierra. En todo caso mis pies están hundidos en ella más que encima. Seré yo la primera que os proponga deshacernos del aparato este si no se cumplen mis expectativas, ya lo verás.

-Ya, y otra cosa es cuala de las tres va a hablar a esa cosa, porque yo sé que se ríen de mí por cómo hablo y cómo ando. Aunque a mi me resbala, pero esas señoras de alto copete...

-Gertrudis también podría, porque ya se le nota mucho la mano de la señorita Paulita. Pobre mujer.

-Quen gloria esté -remató Reme la frase.

-Sí, pero yo creo que sería mejor que empezara yo a contestar y a usarlo. Si yo no estoy y le suena el timbre, debería ser Gertrudis la que atendiera la llamada, Y, claro, si estás tú sola, Reme, pues no te quedará otro remedio, hija, ¡qué le vamos a hacer! Ah, y otra cosa. Voy a hablar con mi tía Julia. Le voy a cambiar lo que le damos todos los meses por poder usar el teléfono. Si dice que no, pues que ni lo toque, y que si suena que no le haga caso. Y si acepta, eso que nos ahorramos. Pero creo que sí va a aceptar porque es muy presumida y le va a faltar tiempo para pregonar por todo el barrio y la vecindad que ya tiene teléfono en su casa, aunque si lo pensáis un momento, no le va a servir para nada. Porque, a ver, ¿a quién va a llamar o quién la va a llamar? Conoce a todo el mundo, eso sí es verdad, pero no creo que nadie de sus conocidos pueda permitirse este aparatito. Aunque yo creo que se va a poner de moda y que más de uno no se va a despegar de él.

-Sí, pa despegar estaba el muchacho ese que ha puesto los cables y eso. No despega los ojos de ti, Susana. Paecía que te se comía con la vista mientras trabajaba.

-Sí, es verdad, yo también me he fijao -certificó Gertru-. ¿Tú no te has dado cuenta?

-¿Yo? Yo no me he fijado en él. Eso son tonterías vuestras. Estáis empeñadas en que me ennovie como vosotras, eso es lo que os pasa a las dos. Lo mismo es que también os parece mal que quiera estudiar y no cuente con los hombres.

-No, deso na, Susana. Yo no anduve con mozos hasta que conocí al Venancio, y no por eso estaba preocupá por ello. Tampoco estaba mu interesá, la verdá.

-Reme, se dice anduve, no andé -recomendó Gertru-. Tienes que fijarte más cuando lees.

-¡Qué más da, Gertru! Mabéis entendío igual. A que sí, Susana.

-Sí, pero Gertrudis tiene razón. Y más ahora que tu novio también está aprendiendo a leer. Y yo no me siento diferente de nada y de nadie.

-¿Mestás diciendo que yo lo soy por hablar así o por otra cosa, como por ejemplo esto? -. Reme se tocó la pierna deforme.

-No, y no se te ocurra pensar que yo te veo menos persona por tu cojera. Me refería a mí misma exclusivamente y dejemos el tema. No me gusta ni un pelo. Yo sé que os agrada compartir experiencias y dudas y todo eso, cosas vuestras y de vuestros novios, pero yo no soy así, como vosotras. Lo mío me lo guardo para mí, y más si lo mío también afecta a otras personas. Son formas de ser y de sentir.

-Chica, nunca temos pedío que nos contaras na.

-Ya lo sé. Pero tampoco creáis que es por vosotras, yo soy así con todo el mundo. Soy como soy y hay ciertas cosas que no van a cambiar dentro de mí. Y tengo tantas dudas como tengáis vosotras, aunque no os lo parezca. O acaso más. Aunque insisto, dejémoslo -. Pero, realmente, lo que puso término a la conversación fue el timbre de la novedad.

-Ay ba, cómo suena.

-Si, como pa noírlo.

-Lo vamos a saber ahora mismito -dijo Susana mientras descolgaba el pesado auricular de su horquilla.

-Mira, sa callao -se sorprendió Reme a la que mandó callar con un gesto inequívoco la telefonista.

-Buenos días, ¿quién llama? -pasaron unos instantes y la joven pareció quedar satisfecha con la contestación que le dieron-. Ah, sí, sí. Todo muy bien -. Otro lapsus silencioso-. Sí, muy bien, quedo enterada. Adiós, adiós -. No había colgado Susana el aparato cuando Gertru ya le preguntaba.

-Era una mujer muy agradable, de la compañía del teléfono. Me ha dicho que ya está activo.

-¿Y eso qué quié decir?

-Pues que ya podemos llamar y que nos llamen.

-Anda, claro, ¿pos no han llamao ellos? Son unos pánfilos.

-Reme, si no hubieran llamado no nos habríamos enterado.

-¿No has oído al muchacho que ha venido? Mucho vigilar...

-Pos entonces reitero lo de pánfilos.

-Será que lo retiras, reiterar es volver a decir lo mismo.

Pero ésta no sería la gran alegría del día. Otra llegaría que les haría más ilusión y que sería, a corto plazo, más provechosa. Vayamos a ella. Unas volvieron después de comer mientras la otra les esperaba. Después de saludarse, Susana contó a las otras jóvenes que su tía había aceptado la oferta, así que el dichoso teléfono ya provocaba los primeros ahorros. No tenían que pagar nada de alquiler. No era mucho, pero fue bienvenido. Cada una cogió su labor de la alcoba de Susana, almacén de la empresa, y se sentaron en torno al aparato de radio, aunque las miradas huían, de vez en cuando, hacia el otro aparato que destacaba por encima de aquel humilde mobiliario y adornos casi inexistentes, ya que la decoración lo era en absoluto. Escucharon el último capítulo del serial con la tensión propia de la ocasión ya que el asesino no se dejó ver hasta el final. Momento en que Gertru no pudo reprimir su alegría.

-Veis, hemos acertado, chicas. Yo tenía razón.

-Y la Susana. Menos mal queráis dos contra una. Yo estaba equivocá, pero malegro por vosotras.

-Querrás decir por nosotras.

-Pos eso digo, Susana, por vosotras.

-Y yo quería decir por todas nosotras, tú incluida. Al fin y al cabo fue la respuesta que mandamos.

-A ver, callaos las dos que no oigo. Ahora va a ser el sorteo -en esos momentos ninguna de las tres prestaba ya atención a la reciente adquisición. El locutor, después de presentar al honorable notario de Madrid que daría fe de la limpieza del sorteo y de su ganador o ganadora, anunció a bombo y platillo que el sorteo comenzaba, tras lo cual, las cuñas radiofónicas de los patrocinadores de la novela La muerte del señor Spay inundaron las ondas. Reme, que parecía que no iba con ella el sorteo, tarareó las pegadizas canciones de los anuncios mientras daba puntadas tranquilamente, igual que sus otras dos compañeras, aunque éstas más esperanzadas con el devenir del sorteo. El locutor seguía con su locuacidad presentando a la mano inocente que extraería el sobre del ganador, si acertaba, claro está, en caso contrario el inocente hijo del dueño de los Almacenes Bustamante extraería al azar otra carta, y así hasta que apareciera un acertante. "Solo leeremos el nombre del remitente si la respuesta es acertada. Esa os otra de las labores de nuestro señor notario. Y bien señor notario...". Redoble de tambores. "Lo siento, la respuesta de este oyente es errónea".

-La verdad es que yo ya tengo suficiente con haber acertado -osó decir Gertru.

-Chis... Calla, chica, que van a decir el ganador -reprendió la que estaba más en tensión. Entonces, las tres sí pusieron atención a las palabras del locutor. "Gracias, señor notario. Prosigamos. Hijo, procede a sacar otra carta. Gracias, entrégala al señor notario. Gracias, hijo". Redoble de tambores. "Esta vez sí es correcta la respuesta", anunció el notario. "Atención, damas y caballeros, ya tenemos ganador o ganadora...". Tambores. "Y el ganador es", se oyó el enésimo redoble de tambores seguido de otro. "Gracias a nuestro patrocinador Almacenes Bustamante el nuevo rico es... En este caso nueva rica... Lea señor notario, por favor". "Sí, el notario se aclaró la voz. "Sí, la ganadora es... Doña Gertrudis Méndez Uría, de la calle Españoleto de Madrid. Enhorabuena, doña Gertrudis. Quinientas pesetas que se quedan a Madrid.

Lo cierto fue que ninguna de las tres oyeron las últimas palabras dichas por el locutor, porque al oír su nombre Gertru exclamó:

-Anda, si esa soy yo.

-Sí, Gertru, eres tú -gritó Reme saltando de la silla y tirando al suelo la labor.

-Es verdad -compartió la alegría más moderadamente Susana-. Sí, eres tú, Gertrudis.

-Pero si yo no he escrito, fuiste tú, Susana.

-Sí, pero puso tu remite, no me fiaba de mi tía. Ven, dame un abrazo. Acabaron las tres abrazadas y saltando en el reducido comedor de la vivienda de la portera de la calle Luchana veintidós, sin que ninguna supiera lo que decía la otra.

-¡Quinientas pesetas! La, la, la.

-Ahora sí que podemos regalar algo a mi madre, Gertru.

-Yo no me lo creo. Han dicho mi nombre -exclamó Gertru deshaciendo el abrazo coral.

-¿De verdá que somos nosotras?

-Pues claro. ¿Cuántas Gertrudis conoces tú que vivan en tu calle?

-Madre mía, y quinientas pesetas.

-Oye, Susana, ¿y a cuántas tocamos ca una, que ya no macuerdo?

-Ay, espera que me tranquilizo un momento -. Y Susana se tranquilizó pero porque llamaron a la puerta. Era la vecina de abajo que se quejaba de los ruidos que se oían en el techo de su casa, "que hasta parece que se va a caer la lámpara". Después de las amonestaciones a las jóvenes de ahora, disculpas de las mismas, y las amenazas de queja a la porteria, "que es tu propia tía", Susana cerró la puerta y se echó a reír con la mano en la boca para no ser oída por varias razones, entre ellas los nervios, la alegría y la cara de susto que tenían sus dos socias, que terminaron igual que ella y medio agachadas por reprimir las risas. Cuando pudieron calmarse comenzaron a hablar en bajo.

-Venga, sentaros y no mováis las sillas -recomendó Susana-. Vaya humos...

-¿Que a cuánto tocamos, Susana?

-Ay, espera. A ver, si dividimos entre tres quinientos, sale... Sí, a ciento sesenta y seis pesetas con sesenta y seis céntimos, y sobran dos. Esas para mi tía -. Y volvieron las risas con sordina-. Aunque yo creo que deberíamos dividir por cuatro.

-Pero si doña Consuelo está morida -recordó Reme-. Pa qué quié dineros. No los nesecita.

-Susana, a veces no hay quien te entienda, hija. ¿No y sí?

-Venga, nos peleís, que nos han tocao las quinientas pesetas -medió Reme después de que Gertru torciera el morro.

-Ya, ya lo sé, Gertrudis. Por desgracia para mí. Perdona, pero en este asunto, queramos o no, doña Consuelo tiene mucho que ver. A pesar de las diferencias que nos separaban de ella, hay que reconocer que nos juntó, y fue ella quien inició este taller con tu madre, Reme. Que todo hay que decirlo. Por eso digo, y perdón otra vez, que sí y que no. Porque yo creo que deberíamos hacer cuatro partes y no tres. La cuarta sería para doña Consuelo, es decir, para nuestro taller.

-Anda, pos entonces habría cacer cinco. La quinta sería mi madre.

-Eso también lo había pensado, pero lo he descartado. Porque hace ya tiempo que dejó la costura. Pensar que en el fondo esa cuarta parte sería lo que cada una de nosotras cede al negocio y no olvidéis que aspiramos a vivir, de momento, de nuestro trabajo. Además, si lo hacemos así, en vez de tener para dos meses de teléfono tendríamos para más, y tendríamos también para comprar otra máquina más moderna. A veces, y lo sabéis las dos, nos peleamos por usar esa.

-¡Madre mía! Quinientas pesetas... Y vamos a ser famosas.

-A ver, Reme, estamos a lo que estamos ahora.

-Pos mejor sería que lo cerebrarramos. Y a ver si ahora no voy a poder ponerme contenta. ¿Habrá quir a recoger el premio, no? Oye, ¿cómo sabrán quien es la Gertru los de la radio? -. La alegría de Reme, como la de cualquiera, podía con todo, incluso, a veces, con la mismísima necesidad.

-Pues porque tienen su dirección, tonta.

-Ah, claro, es verdá, si lan leído. Pero, ¿y si no vienen?

-Mujer, puede ser un timo, pero entonces el notario tendría que ser otro locutor, pero yo creo que no. Hay mucha gente implicada.

-Dios te oiga, Susana.

-Además los almacenes esos querrán sacar partido de sus quinientas pesetas y salir en los periódicos y eso.

-¿Qué vamos a salir en los periódicos? No me digas, Susana.

-Pues podías haber puesto tu nombre en el remite. A mí esas cosas me dan miedo. Yo no sabré qué decir.

-Pues al taller le puede venir muy bien. No os habéis dado cuenta que en los periódicos y en la radio ponen anuncios.

-¿Y por qué se anuncian?, por qué pagan por ello.

-Pues claro, ¿qué te crees?

-Pos que son como las novelas. A mi me gustan y cuando tién canción más.

-Pues no, hija, Ellos creen que cuanta más gente les conozca más podrán vender. Por eso te gustan los anuncios y sus canciones, para que te acuerdes de la Lechera y compres la leche condensada esa y no la del Niño.

-Sois de lo que no hay, vais del coro al caño y del caño al coro, y no decidimos nunca nada. Y luego me toca a mí apechugar con una cosa y con otra.

-Bueno, cay que cerebrarlo. ¿O ya sos ha olvidao que nos han tocao las pesetas?

-Anda, de mierenda. Mía tú, y si no cenamos, pos no pasa na. En media hora estamos allí. Venga, reando.

(7)[Volver]Del coro al caño y del caño al coro. Realmente es un trabalenguas en el que se pretende obligar al que lo dice a confundir, no caño con coro, sino con coño. Probad a decirlo de continuo y rápidamente varias veces, algunas terminaréis diciendo la palabrota. En cuanto a la frase proverbial en la que ha derivado, significa, para el que no lo sepa, andar de un sitio o asunto a otro sin propósito, estérilmente.


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