Revista Cultura y Ocio

Secuoya, de Kirstin Vanlierde

Por Eltiramilla

Secuoya, de Kirstin VanlierdeMaarian vive en Edén, un mundo subterráneo donde la ciencia es el pilar de la sociedad. Los científicos sostienen que el mundo exterior ha quedado inhabitable después de la Gran Guerra, pero no todos lo tienen tan claro: el padre de Maarian siempre disintió de la versión oficial, así que cuando desaparece sin dejar rastro, Maarian decide pedirle a su amiga Yann que le diseñe un traje de exploradora y se escapa al temido Reino de Arriba. Solo que allí no la están esperando con los brazos abiertos, precisamente. En el Exterior, un lugar primitivo donde la naturaleza es hostil y pervive una sociedad de castas, las Escrituras profetizan que los demonios del Reino de Abajo vendrán a destruir su mundo. Afortunadamente, también allí hay voces críticas: Ginko es un joven guía que recibe el encargo de acompañar a Maarian ante las autoridades, pero cuanto más la conoce, más fascinado se siente por ella y más dudas le surgen acerca de los Guardianes de las Escrituras que gobiernan su sociedad. Yann, por su parte, no puede olvidar las ideas de Maarian; su curiosidad la llevará a contactar con científicos rebeldes que intentan abrir grietas en el cascarón de Edén. Ambos mundos llevan generaciones temiéndose el uno al otro, ¿cómo podrá Maarian abrirles los ojos?

Este libro resultó ser algo bastante distinto a lo que esperaba. Más que una novela distópica al uso, centrada en un malvado gobierno opresor, es una reflexión sobre los distintos mecanismos que los individuos y sociedades usamos para protegernos de lo ajeno, de lo diferente. El choque que produce enfrentarse a lo nuevo y abrirse a lo que nos es extraño está muy bien descrito, hasta el punto de resultar incómodo verse reflejado en las distintas actitudes de Maarian y los habitantes del Exterior. Relacionados con el principal, hay otros temas secundarios que me ha gustado encontrar en una obra de literatura juvenil, como la oposición entre ciencia y religión o los conflictos sobre género y sexualidad. De hecho, mi escena favorita es sin duda aquella en la que Maarian descubre que en el Exterior solo hay parejas heterosexuales; para ella es una impresión considerable, ya que todos los edenitas prefieren relacionarse con personas de su mismo sexo. Se trata de una escena con un puntito cómico muy eficaz para enviar el mensaje inclusivo del libro. Lo cierto es que los dos mundos distópicos están dibujados mediante contrastes: uno es el reflejo invertido del otro en su modo de vida, su estructura de poder y sus valores sociales. Tengo la impresión de que prima la intención de destacar este choque de ideologías sobre la ambientación detallada y coherente; personalmente, me hubiera gustado saber más detalles sobre los mecanismos de control usados por los gobiernos, cuál es su verdadera motivación, etc. Al hilo de esto, uno de mis aspectos preferidos de la novela son las protagonistas, tan opuestas como los dos mundos de la historia: Maarian es cabezota, valiente y decidida, mientras que Yann es creativa, racional y reflexiva. Si bien no se puede decir que sean personajes extraordinariamente complejos, ambas evolucionan de manera considerable y cada una encuentra su fuerza en su propia personalidad. “Sinsajos” aparte, no es tan frecuente que las chicas de la literatura juvenil acaben siendo instigadoras de una revolución y menos todavía que lo hagan de manera coherente con su forma de ser, así que le doy puntos extra a Secuoya por eso. Sin embargo, como sucedía con la creación de los mundos ficticios, uno se queda un poco con la miel en los labios en lo que respecta a las relaciones entre los miembros del elenco, bien porque se plantean posibilidades que se dejan sin explorar, bien porque no se profundiza lo suficiente. Así, por ejemplo, la historia empieza con un triángulo amoroso muy prometedor entre Yann, Maarian y Seymour (el hermano de la primera y el hombre asignado a Maarian por la sociedad de Edén como compañero genéticamente idóneo para procrear), pero a las pocas páginas la autora separa a los tres y abandona por completo este hilo argumental. La tensión amorosa que mantiene Maarian con su guía, Ginko, es quizás la relación más desarrollada, pero a pesar de eso no acaba de convencerme, creo que necesitaría una evolución mucho más pausada, ya que parten de posiciones totalmente opuestas y ambos se encuentran cargados de prejuicios. Por otra parte, la obra está narrada en tercera persona por Maarian y Yann, con algún capítulo intercalado desde la perspectiva de Ginko. Esto ayuda a tener una visión global de la historia y nos muestra un poco más la evolución de las relaciones entre los personajes, si bien es cierto que no hay gran diferencia entre la voz narrativa de unos y otros. Además, el estilo es sencillo y directo, sin grandes adornos pero muy eficaz porque invita a seguir leyendo. En cuanto al ritmo, podría resultar lento para algunos lectores, especialmente si esperan una novela de aventuras, porque no ocurre gran cosa hasta el final; de todos modos, a mí no me resultó en absoluto una lectura pesada, sino todo lo contrario, y es que se agradece un argumento guiado por la evolución de los personajes que haga reflexionar al lector.

Es cierto que Secuoya promete más de lo que da, porque plantea ideas y escenarios muy originales y atractivos, pero no suele explotarlos todo lo que podría. Aun así creo que se trata de una lectura muy recomendable, con un elenco sólido y valiente, un estilo muy ágil y un argumento entretenido que invita a la reflexión. Visto lo visto, parece que estemos ante el primer libro de una serie, de manera que es probable que el problema venga de ahí. Yo al menos estaré atenta a cómo sigue la cosa.


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