Revista Opinión

Ser migrante climático

Publicado el 18 diciembre 2010 por Gollino
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 5 de diciembre de 2010
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A la fecha no existe una definición de qué significa hoy ser migrante climático. La normativa internacional y las leyes nacionales no contemplan bajo ningún rubro este nueva categoría, cada vez más presente en el panorama migratorio mundial. Los recientes eventos relacionados con el tema –la Conferencia Mundial de los Pueblos en Bolivia, el IV Foro Social Mundial de Migraciones en Ecuador, el Foro Mundial Alternativo de los Pueblos en Movimiento en México– abordaron el tema tratando, justamente, una definición que permita acotar la problemática.

No se trata de separar a los migrantes climáticos del resto de los pueblos en movimiento, sino justamente encontrar una definición coherente y apegada a una realidad en crecimiento que permita, algún día, plasmar en las leyes nacionales e internacionales este tipo de problema. El reciente Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2010 (Organización Mundial de las Migraciones, OIM) aborda el tema justamente partiendo de su falta de definición. Y reconoce, además, la falta absoluta de indicadores útiles y eficaces para describir a este fenómeno en crecimiento.

Al mismo tiempo que el fenómeno no se contempla en la norma, asimismo no hay números capaces de describir cuantitativamente a la migración climática. Fuentes académicas aseguran la existencia de al menos 50 millones de personas en este estado. La misma OIM reconoce la falta de datos al respecto, pero afirma también que es un fenómeno destinado a crecer mucho, en especial modo la migración causada por los cambios graduales del medio ambiente.

Según datos ofrecidos por distintas oficinas gubernamentales en Estados Unidos y en la Unión Europea, los llamados desastres naturales (sequías, terremotos/temblores, inundaciones y tormentas) han tenido un aumento asombroso en la década 2000-2010 en comparación con la década anterior: hubo un aumento de cerca de 50 por ciento en el número bruto de desastres (3 mil 151 contra 2 mil 117). La mayoría de los desastres habrían ocurrido en el continente asiático (China, India, Indonesia, Filipinas y Vietnam) y, además, entre los 10 países más afectados se encuentran siete de esa región a los cuales hay que añadir Irán, Estados Unidos y México. Aunado a esto, Oxfam Internacional denuncia que, por los mismos desastres, habrían muerto sólo en los primeros nueves meses del año al menos 21 mil personas en el planeta.

Se trata en un primer momento de diferenciar a los desastres naturales: una cosa son los desastres naturales súbitos y de grandes proporciones; otra cosa es el cambio paulatino del medio ambiente. Ambos tienen la tendencia a desplazar seres humanos, mas sin embargo es opinión compartida que el primer fenómeno tiene como resultado un tipo de desplazamiento con carácter más temporal, mientras el segundo fomentaría una migración más estructural.

Otros observadores, quizás más atentos, reconocen el fenómeno del migrante climático pero insisten en ubicar las causas de la crisis climática en el modelo de desarrollo capitalista. Megaproyectos nacionales e internacionales, sobrexplotación de recursos naturales, degradación ambiental debida a contaminación industrial y otras aberraciones de este estilo serían las responsables de la crisis ecológica que provoca sequías e inundaciones, tormentas y temblores, escasez de recursos y, por ende, desplazamiento de enteras poblaciones.

Durante la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (CMPCC), realizada en Cochabamba, Bolivia, se trató de definir al fenómeno. En la resolución final del grupo de trabajo dedicado al tema, los participantes en la CMPCC esbozan una interesante definición. Explican primero el concepto de refugiado climático, categoría que, aunque no exista en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 de Ginebra, es descrita como aquellas personas que se ven obligadas a huir por el cambio climático y que por consiguiente necesitan y tienen derecho a una protección temporal especial para defenderlos de la amenaza representada por el hambre y la hambruna. En las mismas conclusiones se habla también de desplazados climáticos y los define así: aquellas personas que son forzadas a desplazarse por razones del cambio climático, tanto dentro como fuera del país.

Evidentemente las soluciones, así como las causas, son mutidimensionales. En origen es urgente que la comunidad internacional reconozca el fenómeno en sus normativas. Se impone, por ejemplo y por enésima vez, una revisión a fondo de la definición del Estatuto de los Refugiados. Por otro lado, y no sólo en este aspecto, es indispensable respetar el derecho a no ser desplazados y a no migrar, que se puede implementar simplemente dando curso al derecho a la consulta previa y al libre consentimiento de las comunidades afectadas por los proyectos que, como primera consecuencia, pueden tener el desalojo de territorios. Finalmente, es necesaria una revisión a fondo del actual modelo económico vigente, el que está destruyendo al planeta Tierra y la vida en él.

La 16 Conferencia de las Partes (COP) que se está llevando a cabo en Cancún, México, sería el espacio adecuado para este tipo de reflexiones, aunque sabemos que otra es la agenda. Ojalá al menos las organizaciones sociales tomen en cuenta esta problemática tan urgente como es la de salvar al planeta Tierra del capitalismo salvaje


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