Revista Cultura y Ocio

Siempre nos quedará Jack London

Publicado el 27 enero 2016 por Elinfiernodebarbusse

Siempre nos quedará Jack London

Una joya literaria ilustrada


Coinciden en el tiempo (llegaron a las librerías exactamente el mismo día, esto es, el pasado lunes) dos ediciones de una de esas obras imperecederas de la literatura, de esas que se alzan frescas y potentes, como una bocanada de aire vivificante, por muchos años que pasen y que, además, son sencillas en su forma y complejas en su fondo, como lo es -lo sospecho cada vez más- todo lo inequívocamente excepcional. Para mí The call of the wild es un libro fundamental. Tanto, que me hizo lector (ya les conté en cierta ocasión aquí).  
Pues sí, para conmemorar el centenario de la muerte de Jack London, Nórdica y Navona publican dos espléndidas ediciones de La llamada de lo salvaje (o La llamada de la selva, depende de la traducción).
La energía vitalista de London se acompaña, en el caso de la edición de Nórdica, de las ilustraciones de Javier Olivares, que son de una belleza aplastante. Además presenta una nueva traducción a cargo de Héctor Arnau. En cuanto a Navona, con este título comienza una nueva colección, Impactos, con volúmenes muy bien presentados, en tapa dura y precio realmente muy asequible. Recupera, en su caso, la traducción que Rosa Regàs hizo para la editorial Muchnik.       

Siempre nos quedará Jack London

Edición de Navona, en su colección Impactos


¿Qué les digo? Pues que esa verdad que incansable y ansiosamente buscábamos en la literatura -y no solo en la literatura- la teníamos justo al lado, desde el principio, a tiro de piedra. Sólo que es necesario hacer un largo y arduo camino para darse cuenta de ello.
¿Qué les digo? Que al final, los libros que te habían dicho siempre que eran los mejores resulta que SON los mejores.
Y, ¿saben qué? Que frente a las payasadas egolátricas y lloriqueantes que escriben los novelistas de nuestro tiempo, siempre tendremos esta verdad de cuajo, este relato puro, esta aventura hacia afuera y hacia dentro, sin parecerlo.
Y siempre nos quedará Jack London.

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