Revista Vino

Sobre los sacrílegos y sus sacrilegios parte V

Por Bodegaateneo

Uno de estos viernes, en los que arranco mi fin de semana tomando un vino con unos compañeros a la salida de la galera, uno de ellos nos animo a entrar a un bar con restaurante,  a la sombra del gris edificio en el que presto mis servicios al Estado ;  no diré el nombre del lugar por respeto, a sus buenas gentes sin duda, y al temor que algunos de mis compañeros lean esta entrada y sepan perfectamente cual es el bar ;  cuando entré a pedir las tapas a la gabardina , las cañas, y como siempre mi vino , algo me llamó la atención frente a mi ;  allí, la lado de la caja registradora, de los puros  y el infiernillo, tras la mugrienta barra del bar, la egregia figura de un botella de magnum dePesus 2003, de la Bodega Hermanos Sastre, me miraba, con los ojos casi tapados por el polvo que estaba acumulando, un polvo acumulado de siglos casi, que apenas dejaba leer bien la etiqueta ;  casi podía oír los gritos de tan extraordinario vino, agonizando en tan infame lugar, como si de una maquina tragaperras se tratase, o una figurita de folclórica a lunares rojos ;  ni que decir tiene que tras eso, el vino que me sirvieron me aprovecho poco o nada,  y  pensé en el refrán de Dios da bragas a quien no tiene culo, y lindezas así, pero sobre todo, pensaba en que el vino nace para ser bebido, no para morir entre tabaco, fritanga, sudor humano e irreparable tiempo fuera de un fresco lugar en el que esperar su turno a ser abierto y gozado.

Antes de empezar a escribir este blog, en el 2008, el destino ya me hizo tener una divertida situación enodesastrosa en este lugar;  corría marzo de 2008 (vi fotos de aquella comida, mi memoria no es tan buena) cuando degustamos un jabalí en este local ; en las negociaciones previas para ajustar un menú , pedimos al restaurante que nos sirviera un ribera y un rioja, ya que de todo tiene que haber ; el día del evento, nada mas sentarnos, en la mesa teníamos varias botellas de un Rioja llamado Carlos Serres Crianza ;  solo diré que el vino estaba horrible, posiblemente mal guardado en el bar, pero además en mala condiciones, con lo que cuando, tras ruegos sibilinos , salió el ribera, y la comida se salvó de la hoguera, así como el cuello de los organizadores (entre ellos el mío) .  Ni que decir tiene que no he podido volver a probar este vino por voluntad propia, y de la treintena de personas que allí estábamos, solo a uno le gustó.

Seguramente todos hemos vivido situaciones parecidas, en las que desearíamos ejecutar un auto de fe, a quien tan flaco favor hace al bodeguero, que se esmera por sacar un buen vino al mercado, para que acabe así, pudriéndose sin piedad entre las aguas del Aqueronte; creo que todos los que tenemos un medio para expresarnos debemos criticar estas actuaciones, y así quizás lograr que lo que es pernicioso y cruel para el vino , no sea lo típico y habitual en nuestra tierra.

Que los dioses les perdonen, porque yo no puedo.

R.


Sobre los sacrílegos y sus sacrilegios parte V


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