Revista Cultura y Ocio

Tenemos cerebro de mosquito

Publicado el 24 febrero 2017 por Debarbasyboinas @DeBarbasYBoinas

¿Qué es el sistema nervioso? ¿Qué hace al nuestro diferente? En ocasiones es necesario un poco de humildad, ya que a pesar de que somos (con diferencia) el ser vivo más inteligente, nuestro sistema nervioso no es tan novedoso.

El sistema nervioso nos permite regular nuestras funciones vitales y nuestro comportamiento, pero antes de que existiera eso ya ocurría. En las bacterias más primitivas, incluso. Las bacterias iban avanzando y cuando detectaban una molécula que consideraban mala, daban un giro en una dirección al azar para continuar nadando, y así todas las veces que fuera necesario hasta que se alejaran de ese lugar poco agradable. ¿Eso es pensar? Detectan un estímulo, deciden que es dañino y actúan en consecuencia. Es básicamente lo que nos ocurre a nosotros cuando tocamos una olla caliente, o cuando el médico nos golpea con el martillito en la rodilla. Nosotros lo conseguimos gracias a las neuronas, que a través de canales de voltaje transforman el estímulo en una señal eléctrica que se transmite rápidamente, pero esto también existía en el mundo unicelular, en este caso en eucariotas que regulaban el movimiento de sus flagelos de esta misma manera.

El primer animal en tener un verdadero sistema nervioso fueron las medusas. En ellas aparecen por primera vez las neuronas, y desde entonces prácticamente no han cambiado, incluso utilizan los mismos neurotransmisores que nosotros. La evolución lo único que ha hecho es organizar esas neuronas de un modo diferente. Bien, podemos tranquilizarnos, seguimos en la cúspide, pero ¿Cómo de grande es esa diferencia?

En animales bilaterales, es decir, todo lo que no son medusas ni esponjas, encontramos estructuras similares en grupos que no están demasiado relacionados. Un ejemplo de ello es el sistema nervioso tipo escalera en annélidos (sanguijuelas, miñocas…) y artrópodos. No es que los insectos hayan surgido de los artrópodos, ni viceversa, sin embargo tienen un cordón nervioso muy parecido. Lo mismo ocurre con nuestro cerebro y el de la mosca de la fruta. Compartimos la misma estructura básica, un cerebro tripartito. En nuestro caso esta estructura se difumina durante el desarrollo, pero existe, para plantearnos la seria duda de cómo es eso posible.

Hay hipótesis que dicen que se trata de una evolución convergente, es decir que ambos adoptamos esa estructura porque era la mejor opción, como en el caso de las alas de murciélagos y pájaros, pero la hipótesis más aceptada es que se debe a una herencia profunda, muy antigua y que nos ha llegado ni más ni menos que del más antiguo de los animales bilaterales, urbilateria.

Urbilateria es un animal hipotético que sería el primero que se dividió en derecha e izquierda. Lo consiguió gracias a los genes homeostáticos, unos genes muy peculiares y que regularían cuestiones de simetría. Tienen ciertas peculiaridades como que se expresan en el cuerpo en el mismo orden en el que están colocados en los cromosomas y sirven para muchas cosas, desde dibujar los círculos en las alas de las mariposas hasta nuestras vertebras, pasando por el número de patas de una mosca. También se expresan para dar la forma adecuada a nuestro cerebro, y sin ellos, por muchos avances que tuviéramos no seríamos capaces de organizarlo.

Por tanto, y en última instancia, debemos la estructura de nuestro cerebro, y nuestra inteligencia, a un esquema dibujado por los genes que hemos heredado tanto las moscas como nosotros hace más de seiscientos millones de años, así que menos humos.

Silvestre Santé

Bibliografía:

-Roth, G. & Dicke, U. (2013) Evolution of Nervous Systems and Brains. En Galizia, C. G. & Lledo P. M. (editores) (2013) Neurosciences – From molecule to behavior: A University textbook. Berlin: Springer-Verlag.

-Carroll, S. (1995). Homeotic genes and the evolution of arthropods and chordates. Nature, 376(6540), pp.479-485.


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