Revista Cultura y Ocio

Textos fundamentales del zapatismo (8): Características fundamentales de la 4a Guerra Mundial. (1999)

Publicado el 07 agosto 2011 por Javiersoriaj

¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?

Este es el texto completo de la plática impartida por el subcomandante Marcos ante la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos en La Realidad, Chiapas, el 20 de noviembre de 1999, de la cual se publicó en el periodico La Jornada, su bosquejo en las cartas 5.1 y 5.2, en noviembre del mismo año con el título: “Chiapas: la guerra: I. Entre el satélite y el microscopio, la mirada del otro”, y “II. La máquina del etnocidio”. 

Chiapas: la guerra
Subcomandante Insurgente Marcos
 

Originalmente, esta plática estaba concebida como una carta, previendo que no fuera posible un encuentro personal. Así que queda como una carta leída en voz alta y frente al destinatario, o más bien frente a uno de los destinatarios, porque va dirigida a la sociedad civil nacional e internacional. Escogí la fecha del aniversario de la Revolución Mexicana, además que por travesura, por razón de traer hasta acá dos imágenes de este siglo: una es el rostro de Emiliano Zapata; la otra es una niña indígena, con la cara parcialmente oculta por un paliacate rojo. Más adelante volveré a hablar de estas dos imágenes.

Tengo en mis manos un calendario que se hizo en el Estado español. Para el mes de noviembre tiene precisamente las dos imágenes: la imagen de Zapata y la imagen de la niña. A pesar de que el gobierno mexicano hace lo imposible por negar algo tan evidente, para nosotros no se trata tanto de demostrar que en las tierras indias del sureste mexicano hay una guerra, sino de entender el porqué de la continuación de esta guerra. Esta guerra, que inició el primero de enero de 1994, debió haber terminado cuando se firmaron los primeros Acuerdos de San Andrés y el proceso de diálogo aparecía ya definitivamente encarrilado hacia la paz. Que la guerra continúe, pese a que pudo haber terminado de una forma digna y ejemplar, tiene sus razones.

Entre el satélite y el microscopio 

La reestructuración de la guerra

Según nuestra concepción, hay varias constantes en las llamadas guerras mundiales, sea la Primera Guerra Mundial, la Segunda o las que nosotros llamamos la Tercera y la Cuarta.

Una de estas constantes es la conquista de territorios y su reorganización. Si consultan un mapamundi, van a ver que al término de cualquier guerra mundial hubo cambios, no sólo en la conquista de territorios sino en las formas de organización. Después de la Primera Guerra Mundial hay un nuevo mapamundi, después de la Segunda Guerra Mundial hay otro mapamundi.

Al término de lo que nosotros nos atrevemos a llamar la “Tercera Guerra Mundial” y que otros llaman “Guerra Fría”, hubo una conquista de territorios y una reorganización. A grandes rasgos, la III guerra mundial se puede ubicar a finales de los años ochenta con el derrumbe del campo socialista de la Unión Soviética y al principio de los años noventa. A partir de entonces se vislumbra lo que llamamos la Cuarta Guerra Mundial.

Otra constante en las guerras mundiales es la destrucción del enemigo. Es el caso del nazismo en la Segunda Guerra Mundial y, en la Tercera, de todo lo que se conocía como URSS y el campo socialista como una opción frente al mundo capitalista.

La tercera constante es la administración de la conquista. En el momento en que se logra la conquista de territorios, es necesario administrarlos de manera que aporten ganancias a la fuerza que ganó. Nosotros usamos mucho el término “conquista” porque somos expertos en esto, los Estados que antes se llamaban nacionales siempre han intentado conquistar a los pueblos indios.

A pesar de estas constantes, hay una serie de variables que cambian de una guerra mundial a otra: la estrategia, los actores (o sea las partes contendientes), el armamento utilizado y, por ultimo, las tácticas. Aunque éstas vayan cambiando, las constantes se manifiestan y se pueden aplicar para entender una guerra y otra.

La Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría, abarca de 1946 (o, si se quiere, desde la bomba de Hiroshima, en 1945) hasta 1985-1990. Es una gran guerra mundial compuesta de muchas guerras locales. Como en todas las otras, al final hay una conquista de territorios que destruye a un enemigo. Acto seguido, se pasa a la administración de la conquista y se reorganizan los territorios. En esta guerra mundial estaban como actores o contendientes: uno, las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética con los relativos satélites; dos, la mayoría de los países europeos; tres, América Latina, África, partes de Asia y Oceanía. Los países periféricos giraban en torno a EU o a la URSS, según les convenía. Después de las superpotencias y de los periféricos estaban los espectadores y las víctimas, o sea el resto del mundo. No siempre las dos superpotencias se peleaban de frente. A menudo lo hacían por medio de otros países. Mientras las grandes naciones industrializadas se sumaban a uno de los dos bloques, el resto de los países y de la población aparecían como espectadores o como víctimas. Lo que caracterizaba esta guerra era: uno, la carrera armamentista y dos, las guerras locales. Con la guerra nuclear, las dos superpotencias competían para ver cuantas veces podían destruir el mundo. La forma de convencer al enemigo era presentarle una fuerza muy grande. Al mismo tiempo, en todas partes se desarrollaban guerras locales en las que estaban metidas las dos superpotencias.

El resultado fue, como todos sabemos, la derrota y la destrucción de la URSS, y la victoria de EU, alrededor del cual se aglutinan hoy la gran mayoría de los países. Es cuando sobreviene lo que llamamos “Cuarta Guerra Mundial”.

Aquí surge un problema. El producto de la anterior guerra debía ser un mundo unipolar -una sola nación que domina a un mundo donde no hay rivales- pero resulta que, para hacerse efectivo, este mundo unipolar tiene que llegar a lo que se conoce como “globalización”. Hay que concebir al mundo como un gran territorio conquistado con un enemigo destruido. Es necesario administrar este nuevo mundo y por lo tanto globalizarlo. Entonces se acude a la informática que, en el desarrollo de la humanidad, es tan importante como la invención de la máquina de vapor. La informática permite estar simultáneamente en cualquier lado; ya no hay más fronteras, limitaciones temporales o geográficas. Es gracias a la informática que empieza el proceso de globalización. Se erosionan las separaciones, las diferencias, los Estados nacionales y el mundo se convierte en lo que también se llama, con verosimilitud, la aldea global. Todo el mundo como una aldea con muchas casitas.

La concepción teórica que da fundamento a la globalización es lo que nosotros llamamos “neoliberalismo”, una nueva religión que va a permitir que el proceso se lleve a cabo. Con esta Cuarta Guerra Mundial, otra vez, se conquistan territorios, se destruyen enemigos y se administra la conquista de estos territorios.

El problema es qué territorios se conquistan y reorganizan y quién es el enemigo. Puesto que el enemigo anterior ha desaparecido, nosotros decimos que ahora el enemigo es la humanidad. La Cuarta Guerra Mundial está destruyendo a la humanidad en la medida en que la globalización es una universalización del mercado, y todo lo humano que se oponga a la lógica del mercado es un enemigo y debe ser destruido. En este sentido todos somos el enemigo a vencer: indígenas, no indígenas, observadores de los derechos humanos, maestros, intelectuales, artistas. Cualquiera que se crea libre y no lo está.

Esta Cuarta Guerra Mundial usa lo que nosotros llamamos “destrucción”. Se destruyen los territorios y se despueblan. A la hora que se hace la guerra, se tiene que destruir el territorio, convertirlo en desierto. No por afán destructivo, sino para reconstruir y reordenar. ¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta este mundo unipolar para globalizarse? Los Estados nacionales, las resistencias, las culturas, las formas de relación de cada nación, lo que las hace diferentes. ¿Cómo es posible que la aldea sea global y que todo el mundo sea igual si hay tantas diferencias? Cuando decimos que es necesario destruir los Estados nacionales y desertificarlos no quiere decir acabar con la gente, sino con las formas de ser de la gente. Después de destruir hay que reconstruir. Reconstruir los territorios y darles otro lugar. El lugar que determinen las leyes del mercado; he aquí lo que está marcando la globalización.

El primer obstáculo son los Estados nacionales: hay que atacarlos y destruirlos. Hay que destruir todo lo que hace que un Estado sea “nacional”: la lengua, la cultura, la economía, su quehacer político y su tejido social. Si no sirven más las lenguas nacionales, hay que destruirlas y hay que promover una nueva lengua. Contra lo que se pueda pensar, ésta no es el inglés, sino la informática. Hay que homologar todas las lenguas, traducirlas al idioma informático, incluso el inglés. Todos los aspectos culturales que hacen que un francés sea francés, un italiano sea italiano, un danés, danés, un mexicano, mexicano, deben ser destruidos porque son barreras que impiden acceder al mercado globalizado.

Ya no es cuestión de hacer un mercado para los franceses y otro para los ingleses o los italianos. Debe haber un solo mercado en donde una misma persona pueda consumir un mismo producto en cualquier parte del mundo y en donde una misma persona se comporte como un ciudadano del mundo y no ya como un ciudadano de un Estado nacional.

Eso significa que la historia cultural, la historia de la tradición choca con este proceso y es un enemigo de la Cuarta Guerra Mundial. Esto es particularmente grave en Europa donde hay naciones con grandes tradiciones. Las lógicas culturales francesas, italianas, inglesas, alemanas, del Estado español, etcétera -todo lo que no pueda ser traducido en términos informáticos y de mercado- son un impedimento para esta globalización.

Ahora las mercancías van a circular por los canales de la informática y todo lo demás debe ser destruido o hecho a un lado. Los Estados nacionales tenían su propia estructura económica y lo que se llamó “burguesía nacional” -capitalistas con sedes nacionales y con ganancias nacionales. Esto ya no puede existir: si la economía se decide a nivel global, las políticas económicas de los Estados nacionales que querían proteger a los capitales nacionales son un enemigo al que hay que vencer. El Tratado de Libre Comercio y la unificación de la moneda en la Unión Europea, el Euro, son síntomas de que la economía se globaliza, aunque en principio se trate de una globalización regional, como en el caso de Europa. Los Estados nacionales construyen sus relaciones políticas, pero ahora las relaciones políticas no sirven más. No las califico de buenas o malas; el problema es que estas relaciones políticas son un impedimento para que se cumplan las leyes del mercado. La clase política nacional es vieja, ya no sirve, tiene que ser cambiada. Traten de hacer memoria; intenten recordar aunque sea el nombre de un solo hombre de Estado en Europa. Sencillamente, no pueden. Los personajes más importantes de la Europa del Euro son gente como el presidente de la Bundes Bank, un banquero. Lo que él dice es lo que va a regir las políticas de los distintos presidentes o primeros ministros que padecen los países de Europa.

Si el tejido social está roto, las antiguas relaciones de solidaridad que hacían posible la convivencia en un Estado nacional también se rompen. De ahí que se alienten las campañas contra los homosexuales y las lesbianas, contra los migrantes, o las campañas de xenofobia. Todo lo que antes mantenía un cierto equilibrio tiende a romperse a la hora que esta guerra mundial ataca al Estado nacional y lo transforma en otra cosa.

Se trata de homogeneizar, de volver a todos iguales y de hegemonizar una propuesta de vida. Es la vida global. Su mayor diversión debe ser la informática, su trabajo debe ser la informática, su valor como ser humano debe ser el número de tarjetas de crédito, su capacidad de compra, su capacidad productiva.

El caso de los académicos es muy claro. Ya no vale quién tiene más conocimiento o quién es más sabio; ahora vale quién produce más investigaciones y en este sentido se deciden sus sueldos, sus prestaciones, su lugar en la universidad. Esto tiene mucho que ver con el modelo estadounidense.

Sin embargo sucede que esta Cuarta Guerra Mundial también produce un efecto contrario que llamamos “fragmentación”. De manera paradójica el mundo no se está haciendo uno sino que se está partiendo en muchos pedazos. Aunque se supone que el ciudadano se está haciendo igual, emergen los diferentes en tanto que diferentes: los homosexuales y lesbianas, los jóvenes, los migrantes.

Los Estados nacionales funcionan como parte de un gran Estado, el Estado-tierra-sociedad anónima que nos parte en muchos pedazos.

Si observan un mapamundi de este periodo -el final de la Tercera Guerra Mundial- y analizan los últimos ocho años, ha habido una recomposición, sobre todo en Europa, pero no sólo. Donde antes había una nación ahora hay muchas naciones, el mapamundi se ha fragmentado. Este es el efecto paradójico que está ocurriendo a causa de esta Cuarta Guerra Mundial. En lugar de que se globalice, el mundo se fragmenta y en lugar de que este mecanismo hegemonice y homogenice, van apareciendo cada vez más los diferentes. La globalización y el neoliberalismo están haciendo del mundo un archipiélago. Y hay que darle una lógica de mercado, organizar estos fragmentos en un común denominador. Es lo que nosotros llamamos “bomba financiera”.

Al mismo tiempo que aparecen los diferentes, se multiplican las diferencias. Cada joven tiene su grupo, su forma de pensar, por ejemplo los punks, los skin heads; todos los que hay en cada país. Ahora los diferentes no sólo son diferentes, sino que multiplican sus diferencias y buscan una identidad propia. Evidentemente, la Cuarta Guerra Mundial no les ofrece un espejo que les permita verse con un común denominador, sino que les está ofreciendo un espejo roto. Cada quien escoge el pedacito que le toca y, con éste, su conducta de vida. Mientras tenga el control del archipiélago -sobre los seres humanos, no sobre los territorios- el poder no se va a apenar mucho.

El mundo se está partiendo en muchos pedazos, grandes y pequeños. Ya no hay continentes en el sentido de que yo sea europeo, africano o americano. Lo que ofrece la globalización del neoliberalismo es una red construida por el capital financiero o, si se quiere, el poder financiero. Si hay una crisis en este nudo, el resto de la red va a amortiguar los efectos. Pero si hay bonanza en un país, no se produce un efecto de bonanza en el resto de los países.

Es entonces una red que no funciona, lo que nos dijeron fue una mentira, una mentira del tamaño del mundo, es un discurso reiterado en los líderes de América Latina, ya sea Ménem, Fujimori, Zedillo u otros dirigentes de comprobada calidad moral.

En la realidad ocurre que la red ha hecho mucho más vulnerables a los Estados nacionales. Los está acabando de destruir, ahora por efectos internos. De nada sirve que un país se esfuerce por construirse un equilibrio y un destino propio en cuanto nación. Todo depende de lo que pase en un banco de Japón o lo que está haciendo la mafia en Rusia o un especulador en Sydney. De una u otra forma, los Estados nacionales no son salvados, son condenados definitivamente. Cuando un Estado nacional acepta integrarse a esta red -porque no hay más remedio, porque lo obligan o por convicción- firma su acta de defunción.

En suma, lo que quiere hacer este gran mercado es convertir todas estas islas no en naciones, sino en centros comerciales. Se puede pasar de un país a otro y encontrar los mismos productos, ya no hay ninguna diferencia. En París o en San Cristóbal de Las Casas se puede consumir lo mismo; si uno está en San Cristóbal de Las Casas puede estar simultáneamente en París recibiendo noticias. Es el fin de los Estados nacionales. Y no sólo: es el fin de los seres humanos que los conforman. Lo que importa es la ley del mercado y la ley del mercado marca que: tanto produces, tanto vales, tanto compras, tanto vales. La dignidad, la resistencia, la solidaridad estorban. Todo lo que impide que un ser humano se convierta en una maquina de producir y comprar es un enemigo y hay que destruirlo. Por esto, nosotros decimos que esta Cuarta Guerra Mundial tiene como enemigo al género humano. No lo destruye físicamente pero sí lo destruye en cuanto ser humano.

De manera paradójica, al destruirse los Estados nacionales, la dignidad, la resistencia y la solidaridad se construyen de nuevo. No hay lazos más fuertes, más sólidos, que los que existen entre los grupos diferentes: entre los homosexuales, entre las lesbianas, entre los jóvenes, entre los migrantes. Entonces, esta guerra pasa también por el ataque a los diferentes. A eso se deben las campañas tan fuertes en Europa y en Estados Unidos en contra de los diferentes, porque son morenos, hablan otra lengua o tienen otra cultura. La forma de cultivar la xenofobia en lo que queda de los Estados nacionales, es hacer amenazas: “estos migrantes turcos te quieren quitar tu trabajo”, “estos migrantes mexicanos vienen a violar, vienen a robar, vienen a meter malas costumbres”. Los Estados nacionales -o lo poco que de ellos queda- delegan en los nuevos ciudadanos del mundo, los informáticos, el papel de sacar a esos migrantes. Y es ahí donde proliferan grupos como el Ku Klux Klan, o llegan al poder personas de tanta probidad como Berlusconi. Todos construyen su campaña sobre la xenofobia. El odio hacia los diferentes, la persecución en contra de cualquiera que sea diferente es mundial; pero también la resistencia de cualquiera que es diferente es mundial. Frente a esa agresión, estas diferencias se multiplican, se solidifican. Esto es así, no voy a calificar si es bueno o malo, así está ocurriendo. 

La guerra no es sólo militar

En términos propiamente militares la Tercera Guerra Mundial tenía su lógica. Era en primer lugar una guerra convencional, concebida de manera que si yo pongo soldados y tú pones soldados, nos enfrentamos y quien quede vivo gana. Esto acontecía en un territorio específico que, en el caso de las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, y del Pacto de Varsovia, era Europa. A partir de la guerra convencional, o sea entre ejércitos, se estableció una carrera militar y armamentista.

Vamos a ver un poco más los detalles. Ésta [enseña un rifle], por ejemplo, es una arma semi automática y se llama AR-15. La fabricaron para el conflicto de Vietnam y se puede desarmar muy fácilmente [la desarma], ya está. Cuando la hicieron, los estadunidenses pensaban en un escenario de guerra convencional, es decir, grandes contingentes militares que se enfrentan. “Juntamos a muchos soldados, los aventamos y al final alguien tiene que quedar.” Al mismo tiempo, el Pacto de Varsovia desarrollaba el fusil automático Kalashnikov que comúnmente se llama AK-47, un arma con mucho volumen de fuego a distancias cortas, de hasta cuatrocientos metros. La concepción soviética implicaba grandes oleadas de tropa: aventaban un montón de soldados disparando, y si morían, llegaba una segunda oleada y una tercera. Ganaba el que tenia más soldados. Entonces, los estadunidenses pensaron: “ya no sirve más el viejo fusil Garand de la Segunda Guerra Mundial. Ahora necesitamos una arma que tenga mucho volumen de fuego para rangos cortos”. Sacaron el AR-15 y lo probaron en Vietnam. El problema es que se descompuso, no sirvió. Cuando atacaban los vietcong, el mecanismo se quedaba abierto y a la hora de disparar hacia ‘clic’. Y no era una cámara fotográfica, era un arma.

Intentaron resolver el problema con el modelo M16-A1. Aquí, la trampa está en la bala que se llama de dos diferentes maneras. Una, la civil de .223 -fracción de pulgadas- se puede comprar en cualquier tienda de Estados Unidos. La otra, de 5.56 milímetros, es de uso exclusivo de las fuerzas de la OTAN. Esta es una bala muy rápida y tiene una trampa. En la guerra el objetivo es conseguir que el enemigo tenga bajas, no muertos, y un ejército considera que tiene bajas cuando un soldado ya no puede combatir. La Convención de Ginebra -un acuerdo para humanizar la guerra- prohíbe las balas expansivas porque la bala expansiva entra y a la hora de entrar destruye más y es mucho más letal que una bala de punta dura.

“Puesto que la idea es subir el número de heridos y bajar el número de muertos” -dijeron- “prohibamos las balas expansivas”. Un balazo de una bala dura te deja inutilizado, ya estás de baja, no te mata a menos que alcance un punto vital. Para cumplir con la Convención de Ginebra y hacer trampa, los estadunidenses crearon la bala de punta blanda que, al introducirse en el cuerpo humano, se dobla y da vueltas. El orificio de entrada es de un tamaño y el de salida es mucho más grande. Esta bala es peor que la expansiva y no viola los convenios. Sin embargo, si te da en un brazo…te lo vuela. Una bala 7.62 mm. te atraviesa y te deja herido; pero ésta (muestra la .223) te destroza. Como por casualidad, el gobierno mexicano acaba de comprar 16 mil de estas balas.

Es decir, se generaron armas para escenarios precisos. Vamos a suponer que no querían usar la bomba nuclear; ¿qué usaban? Muchos soldados contra muchos soldados. Y así se crearon las doctrinas de guerra convencional de la OTAN y del Pacto de Varsovia.

La segunda opción era una guerra nuclear localizada, una guerra con armas nucleares, pero sólo en algunas partes y no en otras. Había un acuerdo entre las dos superpotencias para no atacarse en sus propios territorios y pelearse sólo en un territorio neutral. Sobra decir que este territorio era Europa. Ahí es donde iban a caer las bombas y a ver quién quedaba vivo en Europa Occidental y lo que entonces se llamaba Europa Oriental.

La última opción de la Tercera Guerra Mundial era la guerra nuclear total que fue un gran negocio, el negocio del siglo. La lógica de la guerra nuclear es que no había ganador, no importa quién disparaba primero; por muy rápido que disparara, el otro alcanzaba a disparar también. La destrucción era mutua y, desde el principio, simplemente se renunció a esta opción. Su carácter pasó a ser lo que en términos de diplomacia militar se llama “disuasión”. “Disuasión”: esta palabra la van a oír mucho: “el ejército federal no está atacando a los zapatistas, los está ‘disuadiendo’ o ‘conteniendo’; para que ya no vayan a hacer travesuras, hay 60 mil soldados federales en Chiapas”.

Para que los soviéticos no usaran el arma nuclear, los estadunidenses desarrollaron muchas armas nucleares y para que éstos no usaran el arma nuclear, los soviéticos desarrollaron más armas nucleares y así sucesivamente. Se llamaban IMB (Intercontinental Missil Balistic) y eran los cohetes que iban de Rusia a los Estados Unidos y de Estados Unidos a Rusia. Costaron una fortuna y ahorita ya no sirven para nada. También había otras armas nucleares de uso local que eran las que se iban a usar en Europa en el caso de una guerra nuclear localizada.

Cuando comenzó esta fase, a partir de 1945, había una guerra por librar porque Europa estaba partida en dos. La estrategia militar -estamos hablando de aspectos puramente militares- era la siguiente: unos puestos avanzados frente a la línea enemiga, una línea de logística permanente y la metrópoli, llámese Estados Unidos o la Unión Soviética. La línea de logística abastecía los puestos avanzados. Grandes aviones que estaban en el aire las 24 horas del día, los B-52 Fortaleza, cargaban las bombas nucleares y nunca necesitaban bajar. Y estaban los pactos militares. El pacto de la OTAN, el Pacto de Varsovia y la SEATO (South East Asia Treaty Organization), que es como la OTAN de los países sudasiáticos. El modelo se ponía en juego en guerras locales. Todo tenía una lógica y era lógico pelearse en Vietnam que era un escenario acordado. En el papel de los puestos de avanzada estaban los ejércitos locales o insurgentes; en el papel de la logística permanente estaban las líneas de venta de armamento clandestino o legal, y en el papel de la metrópoli, las dos superpotencias. También había un acuerdo sobre los lugares en donde tenían que quedarse como espectadores. Los ejemplos más claros de estas guerras locales son las dictaduras de América Latina, los conflictos en Asia, particularmente Vietnam, y las guerras en África. Aparentemente, éstas no tenían absolutamente ninguna lógica, pues la mayoría de las veces no se entendía que estaba pasando, pero lo que ocurría era parte de este esquema de guerra convencional.

En esta época -y eso es importante- es cuando se desarrolla el concepto de “guerra total”: en la doctrina militar entran elementos que ya no son militares. Por ejemplo, en Vietnam, desde la ofensiva del Teth (1968) hasta la toma de Saigón (1975), los medios de comunicación se vuelven un frente de batalla muy importante. Así, se desarrolla entre los militares la idea de que no basta con el poder militar: Es necesario incorporar otros elementos como los medios de comunicación. Y que también se puede atacar al enemigo con medidas económicas, con medidas políticas y con la diplomacia, que es el juego de las Naciones Unidas y de las organizaciones internacionales. Unos países hacían maniobras para obtener condenas o censuras contra otros, lo que se llamaba “guerra diplomática”.

Todas estas guerras seguían la lógica del dominó. Suena ridículo, pero estaban como dos rivales jugando dominó con el resto de la población. Uno de los contrincantes ponía una ficha y el otro intentaba poner la suya para cortarle el seguimiento. Es la lógica de aquel personaje ilustre que se llama Kissinger, secretario de Estado del gobierno estadunidense en la época de Vietnam, quien decía: “no podemos abandonar Vietnam porque sería cederle la partida de dominó en el Sureste asiático a los otros”. Y por eso hicieron lo que hicieron en Vietnam.

Además, se trataba de recuperar la lógica de la Segunda Guerra Mundial. Para la mayoría de la población, ésta había tenido una lógica heroica. Ahí está la imagen de los marines liberando Francia de la dictadura, liberando Italia del Duce, liberando Alemania de los nazis, el ejército rojo entrando por todos lados.

Supuestamente, la Segunda Guerra se hizo para eliminar un peligro para toda la humanidad, el nacionalsocialismo. Entonces, de una u otra forma, las guerras locales trataron de recuperar la ideología de que “estamos en la defensa del mundo libre”; pero ahora en el papel del nacionalsocialismo estaba Moscú. Y, por su parte, Moscú hacía lo mismo: ambas superpotencias trataban de usar como argumento la “democracia” y “el mundo libre” según cada quien los concebía.

Después, viene la Cuarta Guerra Mundial que destruye todo lo anterior porque el mundo ahora ya no es el mismo y no se puede aplicar la misma estrategia. Se desarrolla más el concepto de “guerra total”: no es sólo una guerra en todos los frentes, es una guerra que puede estar en cualquier lado, una guerra totalizadora en donde el mundo entero está en juego. “Guerra total” quiere decir ahora: en cualquier momento, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia.

Ya no existe la idea de pelear por un lugar en particular; ahora la pelea se puede dar en cualquier lugar y momento; ya no hay una lógica de escalamiento del conflicto con amenazas, tomas de posición e intentos de reposicionarse. En cualquier momento y en cualquier circunstancia puede surgir un conflicto. Puede ser un problema interno, puede ser un dictador y todo lo que han sido las guerras en los últimos cinco años, desde Kosovo hasta la Guerra del Golfo Pérsico. Se destruye así toda la rutina militar de la Guerra Fría.

No es posible hacer la guerra, en la Cuarta Guerra Mundial, con los criterios de la Tercera porque ya tengo que pelear en cualquier lugar, no sé en donde me va a tocar de pelear, ni sé cuándo, tengo que actuar rápidamente, ni sé qué circunstancias voy a tener para llevar adelante esta guerra.

Para resolver el problema, los militares desarrollaron primero la guerra de “despliegue rápido”. El ejemplo sería la guerra del Golfo Pérsico, una guerra que significa una gran acumulación de fuerza militar en poco tiempo, un gran accionar militar en poco tiempo, las conquistas de territorios y la retirada. La invasión de Panamá sería otro ejemplo de esta fuerza de despliegue rápido. De hecho, hay un contingente de la OTAN que se llama “fuerza de intervención rápida”.

El despliegue rápido es una gran masa de fuerza militar que se avienta contra el enemigo y no distingue entre un hospital infantil y una fábrica de armamento químico. Es lo que pasó en Irak: las bombas inteligentes eran bastante estúpidas, no distinguían. Pero ahí se quedaron porque se dieron cuenta que esto es muy caro y es muy poco lo que aporta. En Irak hicieron todo un despliegue, pero no hubo conquista de territorio. Estaban los problemas de las protestas locales, estaban los observadores internacionales de derechos humanos.

Tuvieron que replegarse. Ya les había enseñado Vietnam que, en estos casos, no es prudente insistir. “No, ya no podemos hacer esto”, dijeron. Entonces pasaron a la estrategia de “proyección de fuerza”.

“Mejor que tener posiciones avanzadas en las bases militares norteamericanas de todo el mundo, acumulemos una gran fuerza continental que, en cuestión de horas y días, tenga capacidad de poner unidades militares en cualquier lugar del mundo”. Y en efecto pueden poner una división de cuatro o cinco mil hombres en el punto más lejano del planeta en cuatro días, y después más, y más, cada vez más.

Pero la proyección de fuerza tiene el problema de basarse en soldados locales, o sea en soldados estadunidenses. Ellos consideran que si el conflicto no se resuelve rápidamente, empiezan a llegar las “body bags”, las bolsas en las que “empacan” a los muertos, como en Vietnam, y eso puede provocar muchas protestas internas en Norteamérica o en el país que sea.

Para evitar esos problemas, abandonaron la proyección de fuerza haciendo, para entendernos, cálculos de tipo mercantil. No hicieron cálculos sobre destrucción de fuerza humana o de la naturaleza, sino de imagen publicitaria. Así la guerra de proyección fue abandonada y pasaron a un modelo de guerra con soldados locales, más apoyo internacional, más una instancia supranacional. Ya no se trata sólo de enviar soldados, sino de pelear también por medio de los soldados que están ahí, apoyarlos según la base del conflicto y no usar el modelo de una nación que declara la guerra, sino una instancia supranacional como la ONU o la OTAN. Los que hacen el trabajo sucio son los soldados locales y los que salen en las noticias son los estadunidenses y el apoyo internacional. Este es el modelo. Protestar ya no funciona: no es una guerra del gobierno estadunidense; es una guerra de la OTAN y además la OTAN sólo está haciendo el favor de ayudar a la ONU.

En todo el mundo, la reestructuración de los ejércitos es para que puedan enfrentar un conflicto local con apoyo internacional bajo una cobertura supranacional y bajo el disfraz de la guerra humanitaria. De lo que se trata ahora es de salvar a la población de un genocidio, matándola. Y es lo que ocurrió en Kosovo. Milósevich hizo una guerra contra la humanidad: “si nos enfrentamos a Milósevich estamos defendiendo a la humanidad”. Es el argumento que usaron los generales de la OTAN y que trajo tantos problemas a la izquierda europea: oponerse a los bombardeos de la OTAN implicaba apoyar a Milósevich, entonces mejor apoyaron los bombardeos de la OTAN. Y a Milósevich, ustedes lo saben, lo armó Estados Unidos.

En el concepto militar, que está funcionando, la totalidad del mundo -ya sea Sri Lanka o cualquier país, el más lejano que se les ocurra- es ahora el traspatio de la metrópoli porque el mundo globalizado produce simultaneidad. Y ese es el problema: en este mundo globalizado, cualquier cosa que pase en cualquier lugar afecta al nuevo orden internacional. El mundo ya no es el mundo, es una aldea y todo está cerquita. Por lo tanto, los grandes policías del mundo -y en particular Estados Unidos- tienen el derecho de intervenir en cualquier lado, a cualquier hora, bajo cualquier circunstancia.

Ellos pueden concebir cualquier cosa como una amenaza a su seguridad interna; perfectamente pueden decidir que el alzamiento indígena en Chiapas amenaza la seguridad interna de Norteamérica o los tamiles en Sri Lanka o lo que ustedes quieran. Cualquier movimiento -y no necesariamente armado- en cualquier lado puede ser considerado una amenaza a la seguridad interna.

¿Qué es lo que ha pasado? Que las viejas estrategias y las viejas concepciones de hacer la guerra se derrumbaron. Vamos a ver.

“Teatro de operaciones” es el término militar para indicar el lugar donde se desarrolla la guerra. En la Tercera Guerra Mundial, Europa era el teatro de operaciones. Ahora ya no se sabe dónde va a estallar, puede ser en cualquier lugar, ya no es seguro que vaya a ser Europa.

Entonces, la doctrina militar transita de lo que se denomina “sistema” a lo que ellos llaman “versatilidad”. “Tengo que estar listo para hacer cualquier cosa en cualquier momento. Un esquema ya no es suficiente: ahora necesito muchos esquemas, no sólo para construir una respuesta a determinados hechos, sino para construir muchas respuestas militares a determinados hechos”. Es donde interviene la informática. Este cambio hace que se pase de lo sistemático, de lo cuadrado, de lo rígido, a lo versátil, a lo que puede cambiar de un momento a otro. Y eso va a definir toda la nueva doctrina militar de los ejércitos, de los cuerpos militares y de lo soldados. Este sería un elemento de la Cuarta Guerra Mundial.

El otro sería el paso de la “estrategia de contención” a la de “alargamiento”, o “extensión”: ya no sólo se trata de conquistar un territorio, de contener al enemigo, ahora se trata de prolongar el conflicto a lo que ellos llaman “actos de no-guerra”. En el caso de Chiapas, esto tiene que ver con quitar y poner gobernadores y presidentes municipales, con los derechos humanos, con los medios de comunicación, etcétera.

Dentro de la nueva concepción militar se incluye una intensificación de la conquista del territorio. Esto quiere decir que no sólo es necesario preocuparse del EZLN y de su fuerza militar, sino también de la Iglesia, de las organizaciones no gubernamentales, de los observadores internacionales, de la prensa, de los civiles, etcétera. Ya no hay civiles y neutrales. Todo el mundo es parte del conflicto. Todo lo que hay en ese teatro de operaciones es parte del conflicto, es el enemigo según su concepción.

Eso implica que los ejércitos nacionales no sirven porque ya no tienen que defender a los Estados nacionales. Si no hay Estados nacionales: ¿qué van a defender? En la nueva doctrina los ejércitos nacionales pasan a jugar el papel de policía local. El caso de México es muy claro: cada vez más el ejército mexicano hace labores policíacas como la lucha contra el narcotráfico o este nuevo organismo contra la delincuencia organizada que se llama Policía Federal Preventiva y que está formado por militares. Se trata de que los ejércitos nacionales se conviertan en policía local a la manera del cómic estadunidense: un Súper Cop, un Súper Policía. Cuando se reorganice el ejército en la ex Yugoslavia tiene que convertirse en una policía local y la OTAN va a ser su Super Cop, su gran socio en términos políticos. La estrella es la instancia supranacional, en este caso la OTAN o el Ejército estadounidense, y los extras son los ejércitos locales.

Pero los ejércitos nacionales se construyeron con base en una doctrina de “seguridad nacional”. Si hay enemigos o peligros para la seguridad de una nación, su trabajo es mantener la seguridad, a veces frente a un enemigo externo, a veces frente a enemigos internos desestabilizadores. Ésta es la doctrina de la Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría. Bajo estos presupuestos, los ejércitos nacionales desarrollaron una conciencia nacional, lo cual ahora dificulta convertirlos en policías amigos del Super Policía. Entonces hay que transformar la doctrina de la seguridad nacional en la “estabilidad nacional”. El punto ya no es defender a la nación. Como el principal enemigo de la estabilidad nacional es el narcotráfico y el narcotráfico es internacional, los ejércitos nacionales que operan bajo la consigna de la estabilidad nacional aceptan la ayuda internacional o la interferencia internacional de otros países.

A nivel mundial existe el problema de volver a reordenar los ejércitos nacionales. Ahora bajemos a América y de ahí a América Latina. El proceso es un poco el mismo que ya se dio en Europa y que se vio en la guerra de Kosovo con la OTAN. En el caso de América Latina, está la Organización de Estados Americanos, OEA, con el Sistema de Defensa Hemisférico. Según la idea del ex presidente de Argentina, Ménem, todos los países de América Latina somos amenazados y necesitamos unirnos, destruir la conciencia nacional de los ejércitos y hacer un único gran ejército bajo la doctrina de un sistema de defensa hemisférico con el argumento del narcotráfico. Puesto que lo que está en juego es la versatilidad, o sea la capacidad de hacer la guerra en cualquier momento, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia, empieza a haber ensayos. Los pocos bastiones de la defensa nacional que todavía existen deben de ser destruidos por este sistema hemisférico.

Si en Europa fue Kosovo, en el caso de América Latina son Colombia y Chiapas. ¿Cómo se construye ese sistema de defensa hemisférico? De dos formas.

En Colombia, donde se presenta la amenaza del narcotráfico, el gobierno está pidiendo la ayuda de todos: “tenemos que intervenir porque el narcotráfico no afecta sólo a Colombia sino a todo el continente”.

En el caso de Chiapas se aplica el concepto de guerra total. Todos son parte, no hay neutrales, o eres aliado o eres enemigo. Así se concibe el escenario de teatro de operaciones. Si en una guerra hay dos partes en conflicto y un pasillo en medio donde está la población civil o las personas que permanecen neutrales, este pasillo se va haciendo cada vez más estrecho hasta que desaparece. Siguiendo esta lógica, el gobierno mexicano ha trazado una línea en la sociedad mundial y en la sociedad chiapaneca para dividir entre los que son sus aliados y los que son sus enemigos.

En el caso de Chiapas, la pregunta era ¿por qué no se acabó la guerra cuando se debía de haber acabado? La respuesta es que el objetivo a destruir no era el EZLN. Ni siquiera llegamos a la categoría de enemigos. Nada más nosotros somos un estorbo, una molestia, un mosquito que está ahí nomás dando lata. Lo que se trata de destruir son los pueblos indios. Este es el objetivo, eso es lo que hay que destruir, el enemigo que hay que destruir y los demás que estén a favor de ellos son los estorbos pero no les importan.

Por eso, en todas las visitas que ustedes están realizando y que van a realizar, el gobierno les va a decir: nosotros al EZLN no le hemos hecho nada, porque el EZLN no es el enemigo. Los pueblos indios son el enemigo y por eso los golpes van dirigidos a ellos. Al Ejército Zapatista nomás hay que buscar la forma de darle un golpe, no es un peligro militar. A ver si tienen precio y a comprarlos. A ver si traicionan. El problema real son los pueblos indios. Por eso todas las violaciones y los ataques en los últimos cuatro años -precisamente, desde 1996 a la fecha- son contra población indígena. El más escandaloso es Acteal, pero de la misma crueldad son también Unión Progreso y Chavajeval el 10 de junio de 1998.

Si el enemigo no es el EZLN, ¿por qué pactar la paz con ellos? Este fue el problema que se enfrentó el gobierno. Además, la paz con el EZLN pasa por el reconocimiento del enemigo verdadero y esto no pueden aceptarlo. Por lo tanto, no tiene caso que se firme la paz con el EZLN. “Si lo que quiero es destruir a los pueblos indios y firmar la paz con el EZLN significa reconocer a los pueblos indios, entonces no me conviene”.

Pero ¿por qué escogieron a los pueblos indios como enemigo? ¿Por qué son chaparritos y morenos? ¿Por qué hablan muy diferente? ¿Por qué no les gustan? ¿No lo sabemos? Sí lo sabemos. 

La nueva conquista

Este mapa muestra los dos grandes tratados del reparto del mundo: el Tratado de Libre Comercio del Norte y el de la Unión Europea. Aquí vienen los datos en versiones mundiales, qué territorio implica este tratado, que población tiene y cual es el producto interno bruto. Este otro mapa, se refiere al petróleo.

La respuesta a la pregunta “¿por qué no ha terminado la guerra de Chiapas?” Se encuentra en este mapa. El Mundo Maya, Guatemala, Belice, Chiapas, partes de Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, está lleno de petróleo y de uranio. Esto es lo que está en juego. En el proceso de fragmentación que hemos apreciado -convertir todo el mundo en archipiélago- el poder financiero quiere una nación especial aquí.

Es un punto importante porque los militares dicen que los zapatistas quieren hacer otro país, la Nación Maya. Nosotros lo investigamos. Es un proyecto del capital financiero internacional: construir un nuevo centro comercial que tenga turismo y recursos naturales. Tienen todo lo necesario para hacer un país de estos tres pedazos de México, de Belice y de Guatemala. Esto es lo que está en juego en la guerra en Chiapas.

A parte de estar lleno de petróleo y uranio el problema es que está lleno de indígenas. Y los indígenas, además de no hablar el español, no quieren tarjetas de crédito, no producen, se dedican a sembrar maíz, frijol, chile, café y se les ocurre bailar con marimba sin usar el computer. No son consumidores ni son productores. Sobran. Y todo el que sobra es eliminable. Por eso hacen todo lo posible para que dejen de ser indígenas. Pero no se quieren ir y no quieren dejar de ser indígenas. Es más: su lucha no es por tomar el poder. Su lucha es porque los reconozcan como pueblos indios, que reconozcan que tienen el derecho a existir, sin convertirse en otros.

El problema es que aquí, en el territorio que está en guerra, en territorio zapatista, están las principales culturas indígenas, están las lenguas y los más grandes yacimientos de petróleo. Están los siete pueblos indios que participan en el EZLN, tzeltal, tzotzil, tojolabal, chol, zoque, mam y mestizos. Este es el mapa de Chiapas: comunidades con población indígena y con petróleo, uranio y maderas preciosas.

A éstos es a los que hay de quitar de aquí porque no conciben la tierra como la concibe el neoliberalismo. Para el neoliberalismo todo es una mercancía, se vende, se explota. Y estos indígenas vienen a decir que no, que la tierra es la madre, es la depositaria de la cultura, que ahí vive la historia y que ahí viven los muertos. Puras cosas absurdas que no entran en ninguna computadora y no se cotizan en una bolsa de valores. Y no hay manera de convencerlos de que se vuelvan buenos, que aprendan a pensar bien, nomás no quieren. Hasta se alzaron en armas.

Es por esto -decimos nosotros- que el gobierno mexicano no quiere hacer la paz: es porque quiere acabar con este enemigo y desertificar a este territorio, después volver a organizarlo y echarlo a andar como un gran centro comercial, un Mall en el Sureste Mexicano.

El EZLN apoya los pueblos indios y en esta medida también es un enemigo, pero no el principal. No bastaría arreglarse con el EZLN, y peor si arreglarse con el EZLN significa renunciar a este territorio, porque eso significaría la paz en Chiapas: significaría renunciar a la conquista de un territorio rico en petróleo, en maderas preciosas y uranio. Es por esto que no lo hicieron y no lo van a hacer.

La máquina del etnocidio
El papel de los ejércitos.

La primera característica del Ejército Federal en Chiapas es que es un ejército de ocupación; no es un ejército que esté en su territorio, es un ejército que en su dispositivo, en su moral, y en la forma con que se relaciona con el resto de la gente, se da cuenta que está en un territorio que le es ajeno. El soldado federal mexicano es consciente de que es extranjero. Está igual que los clásicos ejércitos de ocupación. Tal y como, por ejemplo, operaba el ejército alemán en la segunda guerra mundial, así opera el ejército federal en las comunidades indígenas.

Por eso en Amador Hernández pusieron trampas “cazabobos” alrededor de su cuartel. Son hoyos profundos con estacas afiladas y unas ramitas encima de modo que, cuando alguien las pisa, cae sobre las estacas afiladas.

Es un ejército que teme a la población civil porque sabe que no hay posición militar nuestra ahí. Entonces a lo que le tienen miedo es a los niños, a las mujeres, a los hombres, a los ancianos. A los que todos los días gritan: ¡qué se vayan! Es tanto el temor que tiene de estar en una tierra extranjera, que se comporta como un ejército de ocupación. Ésta es la lógica y por esto están los retenes y los puestos de migración. Es como si entraran a otro país; no hay puestos de migración para entrar a la ciudad de México. Además se le da el control del poder político local al “Croquetas” -como le decimos nosotros- Albores Guillen, lo sostiene el ejército, al igual que a los presidentes municipales locales.

Al mismo tiempo, como no puede presentar una imagen agradable a los medios de comunicación, crea sus propios medios de comunicación, compra periodistas, periódicos, canales de televisión, para construirse la imagen que él no puede darse a sí mismo. Y aquí está el botín de guerra.

El ejército federal está metido en una red para secuestrar y vender a niños indígenas. En concreto, esto se da, por ejemplo, en el hospital de Guadalupe Tepeyac. Cuando van a parir las indígenas, las atienden y según se pone la circunstancia, ya no les regresan al niño. No se lo dan, el niño queda. A veces les dicen que se murió o que no se lo van a dar porque no tienen papeles -es muy frecuente no tener papeles aquí. La encargada del negocio tiene nexos con el general Cuevas que está al mando de la guarnición de Guadalupe Tepeyac. Hay una red de tráfico de infantes, que a ver hasta donde termina. No sé en cuánto se coticen los niños zapatistas, pero algo debe ganar el general por esa felonía.

El narcotráfico. Desde enero de 1994 hasta el febrero de 1995 nosotros estuvimos en control de este territorio. Se impidió la siembra, el tráfico y el consumo de enervantes. Esto quiere decir que se cerraron las pistas de aterrizaje que usaban los narcotraficantes como trampolín para los Estados Unidos y todos los sembradíos de marihuana o de amapola fueron destruidos. Evidentemente este territorio, básico para brincar hacia el mercado de consumo más atractivo -el de los Estados Unidos- tuvo que ser reconquistado. Por supuesto, lo primero que hace el ejército es garantizar que el narcotráfico pueda usar las pistas de aterrizaje en los lugares donde tiene posiciones. La tajada que se llevan los generales es muy grande, la tajada militar.

La trata de blancas. No es de blancas porque aquí son morenas, pero es la prostitución. El que administra las prostitutas, o sea el padrote, es el general que da el servicio a sus soldados, es el que organiza la entrada de ilegales indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras. Son mujeres jóvenes a las que meten en enganche con la prostitución y las meten a trabajar con sus soldados. Así lo que le paga con una mano al soldado, el general lo recoge con la otra de la mano prostituta.

Los puestos de alcohol. Aquí no había consumo y ahora los principales puestos tienen el apoyo de los militares. Aparte hay un negocio en las promociones y es muy buen negocio ser asignado en Chiapas. Estar en Chiapas significa ganar más sueldo y tener más prestaciones ya que lo toman en cuenta como acción en combate. Por eso no conviene que la guerra se acabe, porque se acaba el negocio. El hermano del secretario de la Defensa Nacional -el general Cervantes- se vio involucrado en varios de estos hechos aquí cerca en San José la Esperanza y es el jefe de la guarnición de Maravilla Tenejapa.

Deserciones. Hay muchas deserciones en el ejército federal. Nosotros lo sabemos porque el soldado que deserta siempre pide apoyo en las comunidades para que le presten ropa civil y le den un guía para poderse escapar, librando los retenes. El caso es que cuando un soldado deserta, el general no lo da de baja en la lista de nómina. Mejor sigue cobrando el salario como si el soldado estuviera ahí.

La policía militar. Otro elemento que llama la atención acerca del ejército federal desde hace unos dos o tres años es la aparición de la policía militar. Antes sólo había soldados, ahora hay policía militar lo cual quiere decir por lo menos dos cosas. Una es que están aumentando los actos de insubordinación y las detenciones dentro del propio ejército porque la policía militar es básicamente un cuerpo de seguridad interna. La otra es que, cada vez más, el ejército está cumpliendo labores policíacas: donde no entra la policía judicial -la policía que legalmente debería hacerlo- entra la policía militar.

Las estrategias. La estrategia de este ejército de ocupación es doble: el golpe quirúrgico y el golpe total. El golpe quirúrgico, quiere decir que tienen que dar un golpe a la cabeza del EZLN. Este golpe tiene que ser rápido y sin bajas civiles. Para esta tarea tienen listos a los Grupos Aerotransportados de Fuerzas Especiales, GAFE, que cuentan con unos 90 a 105 soldados por unidad y son un poco como los rangers o sea los rambos mexicanos. Hay varios en las cercanías de cada Aguascalientes o en donde se supone pueda aparecer la Comandancia zapatista. Se supone que a la hora decidida actúan, se retiran y ya. El problema aquí sería el costo político y entonces lo que necesitan es tenerlo todo preparado para cuando digan: “ahora es cuando”. No es una decisión de días, puede ser minutos: “es ya ahorita porque está pasando tal cosa en tal lado”. En todo caso ese no es su problema principal ya que el verdadero enemigo no es EZLN sino los pueblos indios. Y aquí el concepto que rige es el del golpe total. Una primera parte del dispositivo militar va a funcionar como tapón para sellar la zona. Nadie va a poder entrar ni salir, ni observadores internacionales, ni prensa, ni sociedad civil, ni nada. Después viene el golpe interno. Entonces, primero se cierra la zona, con tantos militares, tal profusión de retenes. 

No todas las fuerzas entran en juego: a algunos les toca cerrar y a los que están adentro dar el golpe interno.

Hay un dato importante. Según sabemos, cuanto menos en el cuartel de San Quintín tienen construidas abajo unas criptas y túneles secretos para sacar a los desaparecidos. No se va a saber cuantos muertos ni quienes, ni nada. Van a desaparecer en el sentido estricto del término, enterrados ahí. ¿Por qué lo sabemos? Sencillamente, porque los que construyeron el cuartel fueron indígenas. Como algunos de ellos eran zapatistas, nos contaron que le preguntaban a los soldados, “y eso, ¿para qué es?” “Pues no, aquí el que baja ya no sale, pero se trata de que no se sepa”. Aparte de que tienen un cementerio clandestino abajo del cuartel, criptas y calabozos para interrogatorios, tienen túneles de salida para poder sacar hacia la montaña los cadáveres y poder salir ellos, sin tantos problemas. Todo esto, por supuesto, lo van a negar pero a ver si aceptan una inspección interna de sus cuarteles, sobre todo de los sótanos. Ésta es otra característica de un ejército de ocupación: que tiene sus dispositivos.

Además este es un ejército que se tiene que reorganizar porque es un ejército que todavía tiene mucho la doctrina anterior, sobre todo la doctrina de seguridad nacional y el nacionalismo. Su estructura actual es lo que van a sacrificar en Chiapas y el resultado de la guerra, aparte de la destrucción de los pueblos indios, es el desprestigio total del ejército federal para obligarlo a una reestructuración. Los militares no lo saben -y si lo saben son cómplices- pero lo que se está jugando en esta guerra es su desaparición, la manera como están estructurados ahora. Va a ser tal el desprestigio de esta guerra, que va a tener que redefinirse este ejército que operó estas cosas y entonces sí podrá nacer el nuevo ejército que necesitan el neoliberalismo y la globalización.

Finalmente, el ejército federal mexicano está trabajando en Chiapas para su propia destrucción, porque esta conciencia nacionalista que tiene no cuaja con este mapa. A los militares les han vendido la idea de que nosotros queremos separarnos de México y unirnos con Guatemala y Belice para hacer un nuevo país. No, esto lo quieren las transnacionales, de hecho están trabajando en esto y hay un proyecto turístico que se llama “El Mundo Maya”. Es lo que está en juego. A la hora que nos están atacando, los militares están promoviendo que esto se consiga y están promoviendo su propia destrucción. Que les importe no estoy muy seguro, yo creo que no. Los altos mandos están suficientemente inmersos en la corrupción como para que, prácticamente, les estén vendiendo su propia jubilación. “Puesto que de todos modos vamos a destruirte como ejército, lo que te ofrezco es tu despido y que te lleves una buena tajada de dinero. Esta tajada es Chiapas, haz la guerra ahí. Después ya no vas a servir para nada pero vas a tener bastante para poder vivir”. En los altos mandos es así. En los mandos medios y en la tropa no hay nada de esto; son soldados y hacen lo que se les dice.

Lo que está en juego en esta gran guerra es ese territorio que hay que conquistar y una de las consecuencias va a ser la destrucción del ejército federal en tanto que su estructura actual; seguirá siendo ejército pero de otra forma. Hay rumores de que las fuerzas armadas se van a reestructurar y que a partir de Chiapas quieren concebir un modelo estadounidense con una comandancia general. Ahora el ejército no funciona por comandancia general, sino por comandancia de zona; lo que quieren es concentrar el poder -un solo mando es más versátil- en el comando central o comandancia general, también les dicen ellos. De esta manera, se les quitaría el poder a los jefes de zona militar y a los jefes de región militar, que son los que ahorita tienen repartido el país.

Tenemos el dato que desde el 1986, había aproximadamente 170 mil efectivos, entre ejército, fuerza aérea y marina, y en 1996, hace tres años, había 229 mil, casi el 50 por ciento de incremento. Lo mismo creció el presupuesto: 44 por ciento de 1995 a 1996. Además hay una pugna, o sea una disputa entre las armas: el ejército y las otras armas. Se les llama “armas”, al arma de infantería, al arma de caballería, al arma de fuerza aérea, al arma de unidades. En cada cuerpo los militares se pelean entre ellos por ver quién tiene más presupuesto, porque el presupuesto es una ganancia para ellos, entre el ejército, la fuerza aérea y la marina. En esta reestructuración se están dando todas estas pugnas internas. Además, hay que agregar la injerencia estadounidense. Aquí les paso un dato de la oficina de agregaduría del departamento de fuerzas armadas de los Estados Unidos de Norteamérica con sede en la embajada norteamericana en México, D.F., la cual señala que en 1995 tenía cuanto menos dos equipos especiales en Chiapas con la aprobación del ejército federal.

El problema no sólo son los derechos humanos individuales. Estamos ante un conjunto de casos de violación de derechos humanos de pueblos indígenas. A la hora que se quiere destruir a los pueblos indios, su forma cultural y todo esto, no sólo se está atentando en contra del individuo -al que no se le deja ir a la milpa, o al que se le golpea o que se le tortura-, se está atentando en contra del derecho humano de un colectivo que quiere vivir como colectivo y eso no está en el derecho internacional. No hay observadores de derechos humanos colectivos.

Y aquí se está dando el nuevo modelo de violación de derechos humanos, según nosotros.

A partir de este rincón del mundo, las guerras del siglo XXI van a ser en contra de los que quieran ser diferentes. Frente a los que se resisten a desaparecer como diferentes, cada vez más se va atentar contra sus derechos colectivos, cuidando el respeto de los derechos humanos individuales. El gobierno mexicano tiene como máxima aspiración librarse de un grupo de observadores, que no puedan probar que se tortura gente o se le golpea. Pero es evidente que quiere destruir a estos pueblos indígenas como pueblos y nadie le puede reclamar porque ni existe este derecho.

El llamado que les queremos hacer nosotros, cuando hablen con los que van a hablar, de regreso, sea en sus países o cuando se entrevisten con los medios de comunicación o con los funcionarios de las Naciones Unidas, es que hagan hincapié en esto que les estoy señalando. Lo que se está conformando en esos testimonios que van juntando, es una gran violación al derecho humano colectivo de los pueblos indígenas mayas, a su existencia como tales.

Dos fotos: Zapata y una niña

Y aquí vuelvo a la foto. Esta foto es de Emiliano Zapata (enseña el calendario). Bueno, es una pintura y representa el rostro de Emiliano Zapata. Se le ven los ojos, la nariz, la boca, el bigote; es conocido, y por lo tanto cualquiera puede ver a Zapata. La gran paradoja es que cualquier campesino indígena se parece a Zapata: moreno, ojos negros intensos, pueden verlos detrás de muchos pasamontañas. Además es una imagen del pasado. Sí, esto pasó, alguien se alzó en armas y además con una actitud muy especial porque lo que hizo Zapata no fue luchar por el poder. Está la anécdota de cuando llegan a la Ciudad de México -él y Francisco Villa. La silla presidencial está vacía pues han hecho correr al que estaba ahí y Villa le dice a Zapata que se siente y Zapata dice que no. Villa dice que sí, pero nada más para ver qué se siente. Se sienta y ya se levanta, pero lo que está diciendo Zapata es que el problema no es quién está en el poder, sino la relación entre gobernantes y gobernados. Ésta es la parte que nosotros agarramos de Zapata, su relación frente al poder en la lucha que estamos llevando a cabo.

La imagen de la niña es un acercamiento de otra imagen que está al principio: un grupo de mujeres indígenas que están gritando con el puño izquierdo arriba. Detrás de la niña, hay muchas mujeres que no son jóvenes; tampoco son ancianas pero pasa que las mujeres se acaban muy rápido en las comunidades indígenas. La foto representa el mañana. Nosotros no concebimos que el mundo va a ser ya diferente para esta niña; concebimos que también a ella le va a tocar luchar y los zapatistas somos un puente, somos la correa de transmisión de una herencia al otro heredero que es el que le va a seguir. Cuánta rebeldía hay en esta niña indígena. Se está rebelando como indígena, como mujer, como niña, como ser humano y como trabajadora. En esta imagen se sintetizan todas las contradicciones; todos los otros y diferentes están resueltos aquí. Esta niña nos está diciendo que aprendió a luchar y que detrás de ella están los que le enseñaron, los adultos. Las mujeres que se ven [las indica] aunque serían jóvenes en el medio urbano, ya son grandes por el trabajo y lo que sufren en las comunidades indígenas. Estas mujeres ya son ancianas, personas de edad o de juicio, como le dicen aquí. Ellas son el puente -las que están atrás de esta niña- para que ella siga luchando. No para que el mundo cambie, sino para que siga habiendo gente que luche porque cambie.

Eso es como lo concebimos nosotros, ese es nuestro trabajo, somos indígenas, queremos vivir y queremos seguir siendo indígenas, somos mexicanos y queremos seguir siéndolo. Yo sé que es difícil en el mundo actual, sobre todo en Europa, hablar de nacionalismo. Pero si entienden lo que intenté decirles, en el caso de México y de Chiapas, ser nacionalistas, o sea luchar para que se mantenga la estructura nacional, es ir contra el neoliberalismo. Lo cual no quiere decir que en otra parte del mundo sea igual. Yo sé que el nacionalismo en Europa tiene muchas connotaciones fascistas, pero en México, en el México del final del siglo XX es una subversión. Aquí la moda es hacer la internacional del dinero, y defender el concepto de nación u oponerse a estos proyectos de fragmentación es ser revolucionario. Y esto es lo que estamos haciendo nosotros, nos oponemos a eso.

Entre Zapata y la niña estamos nosotros, y a lo que nos dedicamos es a cuestionarlo todo, incluso a nosotros mismos. A cuestionar nuestros pasos, por qué armados, por qué la lucha armada, por qué todo lo que ustedes han visto aquí y no otra cosa. También esto es parte de nuestro cuestionamiento, porque tenemos que reafirmarlo con ustedes y reconocerlo: nosotros somos un ejército y un ejército es lo más absurdo que hay porque es recurrir a la fuerza de un arma para tener razón, y un ser humano que tiene que recurrir a un arma para tener razón, no es un ser humano. Nosotros no queremos que el futuro sea el que tenemos ahora.

Esta niña tampoco va a querer que el mundo sea como el de ella; le va a tocar otra cosa, diferente. ¿Cómo va a ser?, no lo sabemos. Ya los que lleguen entonces, sabrán cómo le van a hacer; nosotros pensamos que lo van a hacer bien.

Lo que sí sabemos es que este mundo actual no lo queremos. No lo queremos y no lo merecemos y no nos importan cuantas mentiras digan respecto a nosotros, ni cuantos soldados nos ataquen, ni cuantas bombas nos quieran echar encima; no vamos a dejar que el mundo siga así. Todo lo que vayamos a hacer para hacer que el mundo cambie, ni siquiera nos preocupa si lo vamos a lograr, ni siquiera pensamos que pueda ser posible o no, estamos seguros que lo vamos a hacer.

Eso es lo que somos nosotros, el puente entre este pasado y este mañana y nos toco aquí en Chiapas. Si nos hubiera tocado en Kosovo diríamos otras cosas, en África, Estados Unidos, Italia, Europa, lo que sea que es cada quien. Eso es lo que les queríamos decir.


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