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The Belko Experiment, office Royale

Publicado el 06 julio 2017 por Patrick Bateman @CinefiliasO
The Belko Experiment, office RoyaleNo son pocas las veces que habremos fantaseado entrar en el trabajo cual protagonista de Un día de furia dirigida por Joel Schumacher y ajusticiar a los irrespetuosos con los demás. ¿Quienes somos para decidir quien vive o muere en este corrupto mundo en el que vivimos? ¿Podemos tomarnos la justicia por nuestra mano y ajusticiar al libre albedrío?
Bajo un prisma algo menos vengativo que en la película de Schumacher, la nueva propuesta de Greg McLean, el director de la saga Wolf Creek y la reciente The Darkness, nos ofrece una película donde las múltiples influencias de distintas películas como Battle Royale de Kinji Fukasaku, El experimento (Das Experiment) de Oliver Hirschbiegel, La purga de James DeMonaco e incluso La ola de Dennis Gansel hacen que el conjunto no sea tan original como pretende ser o hacernos creer que lo es.
Un grupo de 83 americanos expatriados que trabajan en un edificio de Bogotá (Colombia) se ven atrapados en su lugar de trabajo mientras una voz les hace plantearse dudas morales sobre qué hacer en situaciones límites.
The Belko Experiment, office RoyaleThe Belko Experiment, es un experimento social que ofrece un viaje frenético al espectador que va increscendo en tensión. Un experimento en el que a una plantilla entera de trabajadores les espera un trágico destino -aunque algunos puede lo merezcan- en esta misteriosa empresa.
El guión escrito por James Gunn, director de ambas Guardianes de la Galaxia, no llega a explotar del todo las virtudes del film. De todas maneras, la película es lo suficientemente resultona para un visionado que lamentablemente no pasará a ser demasiado significativo para nuestra videoteca.
En mi caso, el punto más flaco es el personaje de Barry Norris interpretado por Tony Goldwyn (Divergente), que se hace con el control de la situación sometiendo a los más débiles de la plantilla de las oficinas de Belko. Y no porque su interpretación no esté a la altura de las circunstancias.
Es una cuestión de credibilidad contextual. Teniendo en cuenta que el tormento emocional que nos muestra el actor en alguna escena durante las primeras elecciones nada democráticas, no me acaba de cuadrar con las drásticas decisiones que toma éste a la hora de ir terminando los ‘contratos’ del resto de empleados del edificio de oficinas.
The Belko Experiment, office RoyaleAunque, lo haga bajo presión. La rapidez con la que forma su propio clan y se impone frente a los demás, para mí, le resta credibilidad. Pienso que primero deberían haber intentado buscar soluciones a la amenaza colectiva.
Me recuerda a una parodia de un capítulo de South Park, en el que se encerraban en un polideportivo por una amenaza de cambio climático y a los dos minutos ya estaban pensando en comerse unos a otros.
Para quitar hierro y dramatismo al asunto, el personaje interpretado por Sean Gunn, hermano del guionista, aporta un punto cómico al film, siempre desde el lado más sarcástico posible.
John Gallagher Jr. al que pudimos ver no hace mucho en Calle Cloverfield 10, es el personaje más sensato de toda la plantilla y protagonista en el lado del equipo benefactor. Su interpretación pasa desapercibida a pesar de ello, pero no quiero decir que sea mala en absoluto.
También contamos con una pareja de actores secundarios de lo más anecdótica, David Dastmalchian (El caballero oscuro) y Michael Rooker al que hemos visto de azul en Guardianes de la Galaxia en su personaje de Yondu, forman pareja de empleados de mantenimiento del edificio. Dastmalchian se muestra de lo más excéntrico, mientras que Rooker es como el ‘padre’ que intenta encauzar a su hijo hiperactivo sin demasiado éxito.
The Belko Experiment, office RoyaleTyler Bates, que ha trabajado con Gunn en sus dos entregas de los Guardianes, pone una banda sonora al conjunto que funciona bien, pero carece de una intensidad emocional muy alta.
La propuesta de McLean destapa la verdadera naturaleza destructiva del ser humano en un ejercicio moral del que sale airoso por los pelos. Quizás el oportunista y forzoso desenlace que deja abierto a una continuación, rechina dentro de la propuesta. Que en cierta manera me ha recordado al estilo de La invitación. Pero veo lógico que quieran dejar una puerta entreabierta. Creo que es una película que en general gustará al público amante del terror. Aunque sea algo más psicológico, sus escenas son lo bastante sangrientas como para contentar al espectador sediento de sangre.
The Belko Experiment, office Royale

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