Revista Infancia

Un artículo que hace reflexionar ¿Tenia razón el Dr. Feingold?

Por Stornel
El ya popular y conocido por todos Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se ha convertido en todo un clásico dentro de nuestro entorno. Se da en todas las edades, desde el niño hasta el adulto, y repercute en la personalidad del individuo pudiendo incidir negativamente en su futuro.
Un artículo que hace reflexionar ¿Tenia razón el Dr. Feingold?Parece que existe una conexión del trastorno por déficit de atención con hiperactividad con ciertas alergias e intolerancias alimentarías. Hace más de 30 años, el doctor Benjamin Feingold, alergólogo y pediatra norteamericano, desarrolló una dieta libre de aditivos (colorantes artificiales, potenciadores del sabor, conservantes...) y salicilatos (“parientes” del ácido acetilsalicílico, presentes en ciertas frutas y verduras). En su opinión, esta dieta podía prevenir ciertas alergias infantiles. Para su sorpresa –y la de los padres de los niños tratados– muchos de los menores que la siguieron no sólo mejoraron sus síntomas de alergia, sino que experimentaron cambios muy positivos en su comportamiento. Niños problemáticos, inquietos y con escasa capacidad de concentración y atención –signos del trastorno de déficit de atención con hiperactividad–, mejoraban en todos esos parámetros. Como es fácil de entender, esos padres se convirtieron en los mejores propagadores de la dieta Feingold.
La respuesta de la Pediatría “oficial” fue más tibia, incluso escéptica, desde el principio. En aquellos años, la idea de las alergias e intolerancias alimentarías y su relación con el comportamiento infantil no había “cuajado” totalmente. Más adelante, algún trabajo pareció corroborarlo pero quedó estancado el tema. Incluso mi amigo el Dr. Wolraich mostró que no había relación entre entre el azúcar y el comportamiento
¿Son esos cambios en el comportamiento síntomas de una alergia alimentaria como sostenía Feingold o se deben a efectos de los aditivos en la química cerebral? ¿Qué aditivos presentes en el zumo fueron los máximos responsables de los cambios? Mientras los científicos intentan aclarar estas y otras dudas, la teoría dudosa de la conexión del trastorno por déficit de atención con hiperactividad con ciertas alergias e intolerancias alimentarías (e incluso con el asma y los eccemas) parece ser más comvincente. en una investigación aparecida el 5 de Febrero en la prestigiosa revisa médica The Lancet demostró que la restricción de ciertos tipos de alimentos mejoraban los síntomas de TDAH  y que es una herramienta para tenerla en cuenta. 
El TDAH es un trastorno que me intriga y esta aportación, entre otras muchas, parecen mostrar que el Dr. Feingold que trabajaba en la Kaiser Permanente no era un iluminado y que las "porquerías" administradas  con los alimentos que les damos a los niños pueden influir en su comportamiento. Para "más inri" este artículo con un estudio longitudinal en niños ingleses muestra que en los menores de 3 años que en su dieta es rica en grasas, azúcares y alimentos procesaso su coeficiente intelectual a la larga es menor.
Ello no hace más que corroborar mis reticencias a todos los productos químicos que entran en un cerebro de un niño menor de 3 años y en su época fetal. Tenemos mucho que aprender todavía.
PS. Para el colmo de los colmos acaba de saltar la alarma de casos de narcolepsia en pacientes vacunados de la gripe porcina (¿se acuerdan del follón?) vacunados con la fabricada por GSK, llamada Pandemrix. Ningún niño de mi consulta se vacunó, así que tranquilos.

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