Revista Cultura y Ocio

Una cena inesperada – @DeNegraTinta

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

El reloj marca las 3:03 del primer domingo de junio, entro a mi casa, me descalzo y sentada en el sofá enciendo un cigarrillo. Estoy prácticamente muerta, en calidad de bulto. He tenido tanto trabajo que apenas puedo creer que solo tengo un par de horas para disfrutar del sueño antes de despertar lunes. A veces pienso en donde hay lugar para tantas responsabilidades en mi vida. Sin embargo tengo una certeza, pocos son los momentos en los que haciendo una pausa respiro hondo y me disfruto.

Duermo con mi hija, la más pequeña de tres niñas -debo confesar que a veces mi sueño no es el que quisiera- sin embargo no me quejo, tengo recompensa eventual a este cotidiano suceso cuando ella dormida profundamente me busca para arrojar de golpe su brazo y echar encima su pierna a manera de cariño. Ella sabe que ahí estoy sin importarle mi insomnio. Como verán me encuentro muy lejos de dormir en los brazos de Morfeo con toda la plenitud que merece mi descanso. Sin embargo esto no quiere decir que estoy falta de tiempo para ser yo, Claudine.

Cada mañana al despertar encuentro el mismo escenario, escucho muy cerca el canto de las aves y mirando a mi alrededor agradezco a Dios la bendición de saberme la afortunada dueña de veinticuatro horas. Inicio el día abandonando la calidez que guarda mi edredón, bajo a la cocina medio dormida para preparar café -tengo arraigada esa bendita costumbre para poder arrancar- preparo la primera de mis cinco comidas, tres cucharadas de avena con una taza de leche de almendras baja en azúcar. En el ínter recibo uno de los tantos regalos -dos sonrisas, varios besos y media docena de abrazos apretados y efusivos de mis hijas mayores. Cruzamos un par de palabras ya que por lo regular ellas están de prisa para ir al colegio -deben de salir de casa veinte minutos después de las seis a.m. para llegar en tiempo- nos despedimos y bendecimos con el compromiso de aprovechar todo aquello que se vaya presentando al pasar de las horas.

Regreso a mi recámara, preparo mi ropa y me ducho, en un breve pero reconfortante instante disfruto de esa sensación de apapacho que a manera desinteresada obsequia el agua tibia sobre mi cuerpo. Ya relajada me visto y anuncio frente al espejo mi disposición por entregar todo lo que en el se refleja. Veo una mujer de 45 años desbordante de sentimientos, una hembra apasionada y enamorada de si misma. Me siento afortunada ya que es común escuchar durante las charlas entre amigas el poco aprecio que muchas se profesan. Tampoco quiero ser hipócrita, no todos los días es igual, hay veces que los problemas me aturden o la melancolía me persigue haciendo que el reflejo puede resultar triste, pero créanme son los menos.

Podría seguir escribiendo sobre cada una de las cosas que hago durante el día pero hoy en especial quiero compartirles un deseo. Me considero una romántica empedernida de esas que idealiza al amor y que sueña en convertirse en una criatura consentida, elogiada y amada por un hombre autentico, único. No pido un caballero de antaño bajando de un blanco corcel o un príncipe como el de los cuentos de hadas. Quiero un compañero -aclaro no lo necesito para ser feliz- pero a quién no le gustaría saberse adorada, protegida y valorada por un detallista que en su afán de dar no escatime. Alguien que haga de la sorpresa un arte buscando en ella no solo complacer sino magnificar los hechos con sus acciones. Un hombre que en todas las estaciones del año quiera ver llover con el mismo disfrute que un día soleado pueda conseguir. Un cómplice, un amigo que haga de un desayuno, una cena inesperada para convertirse en todos lados amante de los defectos, cicatrices y surcos que la piel no sabe esconder. Un hombre que haga de las despedidas pretexto para encontrarse en un beso más apasionado, una caricia más profunda, un “te amo” más sentido que el ultimo pronunciado.

Este es mi deseo y aunque segura estoy que no soy la única que piensa así, hoy tengo el valor de escribir de ello sin importar lo que piensen. Por lo pronto seguiré queriendo, admirando y cuidando a la mujer que ustedes leen, esperando sin desesperar por esa cena inesperada.

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