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Una historia de vampiros (Reseña de Sueño del Fevre.- George R.R. Martin)

Publicado el 16 junio 2012 por Jdmora

Una historia de vampiros (Reseña de Sueño del Fevre.- George R.R. Martin)

Javier Allué (@javiallulli)
Corre el año 1448 d.C. Vlad III, príncipe de Valaquia, actual provincia rumana, afronta una difícil situación. Su territorio es un auténtico rompeolas ante el avance otomano de Mehmed II, que busca aislar Constantinopla. Los Balcanes son una zona abonada al terror y las intrigas. 
El padre de Vlad III era miembro de la Orden del Dragón y gracias a ello a él se le conocía como “el hijo del Dragón”, es decir: Drac Ul, o Draculae. Vlad III gobernó Valaquia resistiendo más a los propios nobles e intrigantes que a los turcos. Sus métodos en la batalla le proporcionaron otro apodo, menos amable: “Tepes, el empalador”. Asesinó a todo aquel que amenazara su supremacía en la zona, y trató a los enemigos vencidos sin cuartel. Sus alianzas caminaron de un extremo al otro, apoyándose ora en Hungría, ora en los turcos, ora en los moldavos. Su esposa se suicidó antes que entregarse a los musulmanes y su propio exilio le condujo a pasar doce años bajo arresto domiciliario en Transilvania

Una historia de vampiros (Reseña de Sueño del Fevre.- George R.R. Martin)

'Sueño del Fevre'
Autor: George R.R. Martin
Editorial: Gigamesh

Casi medio milenio después, en 1897, un irlandés llamado Bram Stoker se servirá de este príncipe, héroe nacional en Rumanía, para crear uno de los personajes más eternos de la historia de la literatura y el cine. Hoy en día, las historias de vampiros copan las productoras televisivas y las estanterías, transformando el género en un fenómeno adolescente de ropa de marca, romance épico y lánguidas miradas. Sólo uno fue el creador del concepto, y muchos los que en él se inspiraron, hasta llegar a agotarlo. 
La novela de vampiros se ha convertido en un género en sí mismo. Repetitivo, demandando a gritos nuevas fórmulas, escenarios, argumentos, enfoques: savia (sangre, en este caso) nueva. Y eso es lo que aportó el siempre impredecible genio de George R R Martin… allá por 1982. Martin, fiel a su original hoja de ruta, sorprende al lector al utilizar pocos tópicos vampíricos. Ni estacas, ni ajos, ni damiselas, ni castillos abandonados o bosques fantasmagóricos. Nada de héroes de lacia cabellera rubia, sonrisa fácil y ágil ingenio. No. 
Cualquiera diría que los días anteriores a comenzar a escribir, Martin leyó, simultánea o consecutivamente, a Bram Stoker y a Mark Twain. Dos mundos irreconciliables confluyen en esta novela romántica y vampírica a partes iguales. Nuestro personaje, Abner Marsh, es el arquetipo de capitán de barco: feo, honrado, gordo y con grandes patillas. Imagínenlo seguro, con una pipa en la boca, la cara picada por la viruela, el ceño fruncido y una maldición en la boca por el fallo de aquella turbina de vapor, aquel mozalbete que no sabe nada del oficio o el cabrón del río, traicionero como sólo Él sabe serlo. Su compañero (vampiro, por supuesto), es un delicado burgués cuyo trasfondo nos descubre, ¡oh sorpresa! un alma caritativa y comprometida. 
Ambos se enfrentarán primero a sus propias diferencias, a una máquina de vapor y al Mississippi. Perseguidos por sus fantasmas comandarán el barco sobre las sucias aguas de la América del siglo XIX: lujo y ostentación mezclada con pobreza, hambruna y esclavitud. Mientras tanto, Martin aprovecha la excusa de la liviana historia para maravillarnos con su prosa. El creador de 'Juego de Tronos' se subo junto a sus personajes al 'Sueño del Fevre' (que es el nombre del barco, por supuesto) y nos va dibujando su escenario: una decadente América colmada aún de humedad y naturaleza, en la que sólo los duros sobreviven. No esperen a ningún Tom Sawyer, ni siquiera a un Huckleberry Finn. Esperen a un Capitán Ahab reconvertido de ballenero a experto conductor de barcos de vapor, perro viejo con experiencia al que Martin dota de personalidad propia gracias a un código ético propio y singular. 
La violencia e intriga características de una historia de vampiros se relegan a un segundo plano, recreando así una ambientación que no se podría concebir en ‘Canción de Hielo y Fuego’. Aquí, Martin se regala a sí mismo con un lienzo que pinta con la paleta de los ocres, los marrones y los verdes bucólicos de una época condenada a extinguirse, a morir tan lánguidamente como ha vivido. El progreso implacable acabará con esas fortalezas de acero y carbón que antaño surcaran el Mississippi. Mientras tanto, Joshua York, nuestro héroe vampiro, encontrará su némesis en el clásico malvado, Damon Julian, y la intriga tornará su dirección hacia algo más cercano a la novela negra y a la narración que se espera de un cuento de vampiros, para alcanzar el esperado clímax de la confrontación final. 
“Sueño del Fevre” pasa por ser una historia de vampiros. Sí. Pero también mucho más que eso. Es una historia sobre carreras de barcos de vapor, sobre lujo, sed de sangre y romanticismo, sobre la América anterior a la Guerra de Secesión. Sobre un tiempo y un lugar, el delta del Mississippi y 1850, imbuidos de un velo de fascinación por parte de la Historia. Y es, como no podría ser de otra manera en Martin, una historia sobre sentimientos. Sobre el amor, la amistad y el miedo. El autor construye el carácter de sus invenciones página a página para cerrar el libro con uno de los mejores epílogos que imaginarme puedo. Bien podría servir de cierre a toda esa época dorada del Mississippi. Por favor, cuando lleguen a las dos últimas páginas, saboréenlas, paladéenlas, disfruten. Porque 'Sueño del Fevre' no es, evidentemente, una historia de vampiros. Bienvenidos a Nueva Orleans. Esta es la historia dedicada a aquellos que creen que ya lo han leído todo sobre vampiros.

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