Revista Opinión

Una integración europea digitada por los mercados

Publicado el 02 enero 2012 por Jaque Al Neoliberalismo
Una integración europea digitada por los mercados
Joschka Fischer, Project Syndicate
Desde hace dos años, y una tras otra, las cumbres europeas han terminado con garantías de que -al final- se habían tomado las medidas necesarias para controlar la crisis de deuda soberana de la eurozona. A la mayoría se las retrató públicamente como grandes avances, aunque en la realidad no lo eran. Por lo general, pasaban unos tres días hasta que los mercados se daban cuenta y la crisis entraba en una nueva ronda.
Como los líderes políticos de Europa no han podido manejar la crisis de manera efectiva, el costo de terminar con ella aumentó. De hecho, se dejó que una crisis financiera en Grecia, que podría haberse controlado fácilmente, se convirtiera en una cuestión de vida o muerte para los estados de la periferia sur de la Unión Europea- y para todo el proyecto europeo en general-. En otras palabras, la política en su peor versión. Y la mayor responsabilidad de que así fuera podría depositarse en la puerta de la canciller alemana Ángela Merkel.
Por cierto, antes de la cumbre europea llevada a cabo en Bruselas el pasado diciembre, la confianza en el Consejo Europeo estaba tan desgastada que nadie parecía tomar sus decisiones en serio. Por supuesto, puede ser que el veto del Reino Unido de los cambios propuestos en la cumbre al Tratado de Lisboa de la Unión Europea ahogara todo lo demás, al mismo tiempo que aumentó aún más la desconfianza por parte del público y los mercados financieros en una Europa dividida.
Pero hablar de una división en la Unión Europea no tiene sentido. Ningún primer ministro británico podría consentir un cambio en el tratado que permitiera crear una unión fiscal sin tener que convocar a un referendo en el país, cuyo resultado obligaría al Reino Unido a retirarse de la Unión Europea. Y ningún líder de la Unión Europea en su sano juicio tendría algún interés en que esto sucediera. El Reino Unido tiene tanto interés en acabar con la crisis y preservar un euro fuerte como los europeos continentales necesitan que Gran Bretaña pertenezca a la UE.
Es así que, desde hace meses, resulta evidente que una base legalmente vinculante para avanzar hacia una unión fiscal en Europa, aunque indispensable, sólo podría ocurrir fuera del marco del Tratado de Lisboa, es decir sobre una base intergubernamental y como una UE-17 o una UE-17+, como terminó ocurriendo. Es más, los rumores alarmistas sobre una "división" no tienen en cuenta el hecho de que, desde hace mucho tiempo, la Unión Europea y la unión monetaria avanzan a diferentes velocidades.
El veto británico, y el alboroto que causó, es entonces algo que Europa podría haberse ahorrado, y Cameron pronto lamentará haberse ofrecido como un rehén de sus diputados euroescépticos. Fortalecerlos debilitará drásticamente la influencia del Reino Unido en la Unión Europea.
Esto es más válido aún porque la cumbre de Bruselas abrió la puerta a una unión fiscal para la UE-17+. Si se negocia un nuevo tratado para marzo de 2012 y se lo ratifica en los meses subsiguientes, la Unión Europea habrá dado un importante paso adelante -de hecho, estaría sólo a un paso de una unión política real, que es lo que tendría que suceder si Europa pretende acabar con la crisis para siempre.
Y, sin embargo, la confianza en las decisiones tomadas recientemente en Bruselas sigue siendo baja, no sólo por una esperanza disipada y la agitación en torno al veto británico, sino también por la ausencia aparente de medidas para intervenir en la crisis actual. Pero esto también es una interpretación errónea.
Al leer las decisiones tomadas en Bruselas, uno inmediatamente se da cuenta de que Alemania y los demás países ricos de la Unión Europea recibieron todos los mecanismos y garantías de estabilidad que habían exigido previamente, dejándolos sin motivos para seguir refutando las medidas intervencionistas, inclusive las garantías financieras apropiadas. La reciente cumbre de Bruselas abrió el camino a una unión fiscal, incluyendo un pacto de estabilidad y -de vital importancia- un pacto de responsabilidad. En Alemania, nada de esto se ha registrado aún.
A corto plazo, la unión de responsabilidad será implementada por el Banco Central Europeo, cuya independencia, una vez más, será considerada como sagrada en Berlín, lo que ofrecerá una hoja de parra para las prioridades de políticas internas de Alemania. Desde este punto de vista, Merkel debería estarle agradecida a Cameron por la distracción que generó en Bruselas.
¿Y a quién debemos agradecerle por todo este progreso europeo? ¿Se lo debemos a la sabiduria de los lideres politicos europeos, particularmente a la extraña pareja “Merkozy” integrada por Merkel y el presidente francés, Nicolas Sarkozy?
Desafortunadamente no: el progreso resultó casi exclusivamente de la presión de los muy malignos mercados financieros. Así como al ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi no lo tumbaron sus oponentes políticos sino los inversores inquietos, fueron los mercados, no los líderes europeos, los que abrieron la puerta a una unión fiscal y política en Europa.
Esto no es motivo para celebrar. Al contrario, refleja la falta de suficiente visión estratégica y coraje por parte de los políticos europeos a la hora de lidiar con la crisis de la eurozona – y también regular los mercados.Una mirada no convencional al neoliberalismo y la globalización

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