Revista Cultura y Ocio

Una palabra y mil imágenes - 2: Ternura

Por Jesús Marcial Grande Gutiérrez
Si bien es verdad que una imagen vale por mil palabras, también lo es que en cada palabra pueden esconderse mil imágenes: un millar de fotografías que encierran un concepto. En el cine, a 24 fotogramas por segundo, se cuenta una historia que el lenguaje condensa en una palabra, en un símbolo de nuestro lenguaje hablado. Inicio aquí una serie de entradas en el blog en las que comentaré las escenas que más me han impactado en el universo cinematográfico que he tenido la dicha de contemplar. Quizás las compartas, quizá no; pero te aseguro que a mí impresionaron. A veces, cuando pienso en ciertas palabras, esas imágenes acuden desde el recuerdo y se reproducen ante mi. En 42 segundos y medio, mil imágenes desarrollan una danza que tiene nombre propio:
  "Ternura"

Desde las escenas iniciales, esta  película que vi cuando era aún un niño, me subyugó. El entierro, la niña desamparada, la entereza, el desparpajo de la joven protagonista... todo ello me predispuso a la sonrisa y la ternura. Quizá algo tenga también que ver el estilo retro en que está rodada: el blanco y negro, la depresión de los años 30, las localizaciones en el medio oeste americano... Pero probablemente tenga más importancia la genial interpretación de la pareja protagonista: Ryan y Tatum O'Neal que logran trasladar a la pantalla una química especial en los personajes de padre e hija que no necesitó muchos ensayos, pues esa era su relación en la vida real. Tatum con solo och años y sin ninguna experiencia previa mostró una capacidad y profesionalidad extraordinaria. Su personaje de Addie (la película está basada en una novela titulada "Addie Pray") está tan logrado que recibió el oscar a Mejor actriz de reparto, robando protagonismo a la actriz protagonista.
Uno de los aciertos del director, aparte de su magnífica dirección y el tono optimista general que logra imponer a al cinta, fue el cambio del título. Del anodino "Addie Pray", y por casualidad, decidió titularla "Luna de Papel" inspirado por una canción que escuchaba para los temas de la película: "It's Only a Paper Moon". El título es tan sugerente que el propio Orson Welles le comentó que le parecía un título tan bueno que no necesitaba ni hacer la película: bastaba presentarlo y el resto no importaría.
De todas las escenas, elijo el final de la película, cuando el (supuesto) padre de Addie la abandona a la puerta de un lejano y desconocido familiar. Una foto de su pequeña (supuesta) hija sentada en una luna de papel en la feria, desata la ternura del duro corazón del timador y termina por aceptarla y recogerla cuando la pequeña corría tras él con sus maletas. Aquí brotaron mis primeras lágrimas infantiles ante una gran pantalla.
La ternura que me inspiró la pequeña O'Neal ha hecho que siga su carrera con curiosidad. Quizá sintiera por ella un infantil amor entonces, quizá sienta ahora ahora una paternal ternura.

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