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Una Yanqui en la Corte del Rey Juan Carlos

Publicado el 11 marzo 2011 por Cosechadel66

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De vez en cuando, es bueno que alguien te mire desde fuera (no, no vale un espejo, listo de la última fila) para conocerte mejor. La distorsión que produce el día a día puede hacernos no ver cosas que merecen la pena. Eso pasa con nosotros mismos, y también con los lugares que frecuentamos. Lógicamente, también con Madrid. Y por eso está mañana, curioseando por ahí, he llegado a un artículo del “Tiempos de Nueva York” (En el idioma de Chespir quedará muy bien, pero la verdad es que vaya nombrecito, parece una película de Woody Allen), en el que una periodista, Elaine Sciolino, daba lo que para ella eran las claves necesarias para pasar “36 horas en Madrid“.

Comienza diciéndonos la amiga Ela que la ciudad ha retomado su cara humana después de la gran “reconstrucción” sufrida a manos de Gallardón. Que si no es por la crisis, aún andábamos en ello. Su itinerario tiene como punto de partida la Plaza Mayor, lo cual indica que no anda mal de gusto. Quizás habría que indicarla que en meses de verano, mejor no pasarse por allí a las 4 y 30 de la tarde, como indica, más que nada por no manchar el suelo de sudor, y eso. Por lo demás, buen comienzo. Sigamos.

Recomienda evitar los puestos de “imanes para nevera de flamenco” (esta chica me va cayendo bien), y acercarse desde allí al Jardín del Príncipe de Anglona, para luego pasarse por el Delic Cafe and Bar y tomarse allí un te con hierbas antes de entrar al Museo de los Orígenes. Apoyo la moción.

Luego nos invita (aunque más bien la invitaríamos los madrileños) a pasar por la Basílica de San Francisco El Grande, de la que comenta que tiene una bóveda más grande que la de la Catedral de San Pablo en Londres (Toma!), además de poseer varias obras maestras de pintura de Goya, Zurbarán o Velazquez. Para cenar, nos comenta que La Gastroteca de Santiago, en la Plaza del mismo nombre, aun no ha sido descubierta por los turistas. Añado que por mi tampoco, y me lo apunto.

Para después de la cena, la chiquilla nos dice que vayamos al Central, en la Plaza del Ángel. Ese si creo que le conozco. La sorprende (de manera agradable) que los espectadores griten “Bravo” y avisa de que se fuma…. (ya no, claro). Así acaba su día de sábado. Bueno, no ha estado mal, aunque estar en Madrid e ir a un sólo sitio… eso es que no ha ido con madrileños de pro.

El Sábado comenzamos a las 10 y 30. La neoyorquina nos lleva de la mano a Almirante, 23 (aunque ella la llama “Regalos Originales”, cosas de los turistas, oiga), que se dedica a la venta de postales de todo tipo y condición, así como regalos antiguos y de colección. La chica sale bastante alucinadita de la tienda, cosa que no me extraña en absoluto. Conozco el local, y a poco que te gusten las cosas con un pelín de tiempo encima, es una verdadera cueva del tesoro. No me apunto la siguiente tienda, de moda, pero a buen seguro alguien lo hará. Se trata del local de Laura Caicoya, en la esquina de Almirante con Conde de Xiquena.

Sin comer ni nada (estos americanos, que poco disfrutan de la vida, leñe) nos vamos a Matadero Madrid, donde admiramos las nuevas tendencias en este espacio multicultural, una muestra, según Elaine, del esfuerzo de Madrid por llevar la cultura al sur de la ciudad (Y lo que nos queda, amiga, y lo que nos queda). Antes de cenar, un cocktail en Fernando del Diego Cocktail Bar, dice ella que para descansar de las cañas que se pueden tomar por todo Madrid. No está mal variar de vez en cuando, pero también había que decirla que sarna con gusto no pica, y que esas cañitas…. en fin, que me pierdo.

A cenar, Huevos rotos en la Calle de la Bola, en el Mollete. Esta chica sabe lo que hace. Avisa que no ir sin reservar, asi que seguro que se pone hasta el nombre de la calle. Después ciene una de las cosas a las que yo personalmente no la seguría, pero sobre gustos… y es que se nos va a un Tablao Flamenco, el Cardamomo, en la calle Echegaray. Según ella, que parece saber mucho del asunto, tal como una Ava Gardner cualquiera, es mucho más cool que otros tablaos de la ciudad. Después de las palmas, a la camita.

Para el domingo por la mañana, todo un clásico, el Museo del Prado. Y después, casi igual de clásicos, el Retiro y el Jardín Botánico. Nada que objetar, por supuesto, aunque la indicaría que dedicar sólo 1 hora y media a el Prado es como ver sólo un minuto de una peli de Billy Wilder. Y tampoco hubiera estado mal para una chica con sus gustos, que de tanto paseo la voy conociendo, que se hubiera dado una vuelta por el Rastro. Y se la han olvidado los churritos antes de empezar la jornada. En fin, nadie es perfecto.

Pues hay que reconocerle a la chica de New York buen gusto en sus paseos por esta ciudad. Bien es cierto que habría cientos de locales y rincones por descubrir, pero como decía al principio, no es mala idea de vez en cuando verse a través de los ojos del otro. Además, Madrid otra cosa será, pero es hospitalario. En dos visitas, Elaine ya es madrileña de postín.

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