Revista Baloncesto

Unos cuantos recovecos del Teresa Herrera

Publicado el 14 agosto 2014 por Toni_delgado @ToniDelgadoG

El torneo del Dépor, visto bajo la mirada de diferentes aficionados
Unos cuantos recovecos del Teresa Herrera

Christian y José María, durante el Sporting de Lisboa-Sporting de Gijón, del Teresa Herrera - Foto: Toni Delgado. 


Toni Delgado / Vigo / A Coruña
El Teresa Herrera, este año con Sporting de Gijón, Sporting de Lisboa y Nacional de Montevideo como invitados del Dépor, también puede empezar en una calle de Vigo de cuyo nombre no puedo acordarme. Antonio Salina, vigués y deportivista —"y esa combinación", reconoce, "tiene mérito"— es mi guía improvisado hasta la estación de tren: "Yo también voy también para allí. Tengo que coger un billete a Portugal". 

Antonio vio pasar por Riazor a "todos los grandes equipos". Empieza la enumeración con Manchester United, Juventus y Arsenal, y la acaba con Bayern Múnich y Milán. Después suelta un "¡fua!". Una onomatopeya perfecta para recordar que uno de los méritos del Súper Dépor fue cambiar el apoyo de la grada: "En otros tiempos el estadio estaba dividido cuando nos visitaban Barça y Madrid, pero a partir de entonces muchos aficionados de esos equipos preferían no ir a Riazor porque sabían que iban a sufrir contra el Dépor". Escoge a Mauro Silva y, sobre todo a Bebeto, para como iconos del primer Super Dépor. Del segundo se queda "claramente" con Djalminha: "Nos hizo ganar la Liga, por más que tuviese problemas con Irureta".—Puede que también los tuviese con él mismo. En el campo Djalminha tenía un carácter parecido a otro genio, Mostovoi. Sus duelos es lo mejor que he visto nunca —le digo. —Y tanto. Además, en aquellos tiempos el Celta tenía un equipo bastante bueno con Mostovoi, Karpin... Djalminha, al que casi no se valora en A Coruña, fue el jugador clave   —responde Antonio. Creo que a Irureta no le gustaba demasiado porque era un poquito indisciplinado.—Recuerdo que Djalminha le dio un cabezazo en un entrenamiento. —Bueno, algo así... —De acuerdo, fue más el gesto que la acción.  —De eso quería hablarte —continúa Antonio. Fue una injusticia que por ese detallito se quedase sin el Mundial de 2002. Hubiese sido titular. Pero la prensa le dio mucho bombo al incidente y Scolari, el mismo que ahora ha fracasado con Brasil, no le convocó. Djalminha era muy cirquero, tenía muchos recursos. No puedo olvidarme de la impotencia de Fernando Hierro, totalmente desquiciado y yendo a por él para pararlo como fuese. Con patadas si era preciso.  Antes de despedirnos nos da tiempo de hablar también de algún pufo del Dépor, como Renaldo, que aseguró que era "como Ronaldo y Rivaldo a la vez". Tiempos en los que el equipo se juntaba con multitud de jugadores en pretemporada y tenía que venderlos o cederlos: "Lendoiro ya tendría sus jugarretas armadas. Es posible que el Dépor tuviese el mejor contrato de televisión posible. Luego, ya sabes, llegó al crisis al fútbol y en general".En la colaEl pasado y el presente condicionan al club que, viendo la cola que se forma para recoger las entradas para el Teresa Herrera, ilusiona. A David más que el título le interesa las sensaciones que dé su equipo: "Se ha fichado bien dentro de las posibilidades que tenemos. Fariña puede dejar huella. Me recuerda a Scaloni, tiene su garra y técnicamente se le ven maneras". Según él, los líderes del vestuario volverán a ser Lux, Juan Domínguez y Bergantiños. A unos metros José monta su parada de bufandas y banderas. Vende bastantes del Atlético y del Madrid "por la Copa de Europa" y lamenta que el interés por las del Barça "flojeó mucho el año pasado". Tiene todas las de Primera y alguna de Segunda y durante el Teresa Herrera espera que le compren varias del Dépor y del Sporting de Gijón: "Antes tenía la parada un poco más arriba. El negocio ha cambiado mucho y antes ni necesitabas un permiso para esto. Ahora te ponen muchas dificultades".  

Un par de autógrafos

En el Hotel Melià María Pita los jugadores del Sporting de Lisboa (o Sporting Clube de Portugal, el nombre oficial) hacen tiempo antes de meterse en el autobús para llegar al estadio y enfrentarse al Sporting de Gijón, en la primera semifinal del Teresa Herrera (la otra es el Dépor-Nacional de Montevideo). Unos escuchan música, otros consultan el móvil y Oriol Rosell, ex del Barça B y que acaba de llegar procedente del Kansas City, hace estiramientos antes de estampar su firma, con varias montañitas y el número del dorsal (24), en la libreta de un aficionado. El central le cuenta, cómo no, que está contento en el grupo y que se está adaptando bien al entrenador, Marco Silva. Más serio, aunque más expresivo en su autógrafo (con la inicial de su nombre y el apellido subrayado), aparece  William Carvalho.  Recogida la acreditación, entro al Estadio de Riazor y sigo buscando aficionados con los que hablar. En tribuna superior, antes de la primera semifinal del Teresa Herrera entre el Sporting de Gijón y el de Lisboa, destaca un chico camuflado con una bandera de Portugal en la espalda. Se llama Christian García, y como su padre, José María, es seguidor del Sporting de Lisboa. Hace unos días fueron a ver al conjunto lisboeta a Barcelos (Braga), donde jugaba contra el Gil Vicente. Fueron con la madre de la criatura y las entradas les costaron cinco uros entre los tres. "Esta butaca", observa José María, "costaría unos 110 euros en otro partido. En la Liga española el precio es desorbitado". "Vázquez prometió cantera..."A los dos les separan ciertos gustos, como los de los ex entrenadores. Christian prefiere a Oltra y se muestra crítico con el paso de Fernando Vázquez, cesado a principios de julio, en teoría por pedir más fichajes, algo que su sustituto, Víctor Fernández, no ha dejado de hacer: "Vázquez prometió cantera y no cumplió. Empezó muy bien, pero en Segunda... Nada [o algo, porque un ascenso no es poco]". Christian incluso es crítico con Valerón, pues "se fue diciendo que jugaría en una Liga más competitiva, y acabó en el las Palmas, siendo nuestro rival". Es el momento de viajar al pasado. El padre vivió el fallo del penalti de Djukic, el que podía haberle dado al club una Liga, en casa, donde también disfrutó de la primera Copa del Rey, ganada en 1995 en el Bernabéu ante el Valencia. Julio Salinas formaba parte de la plantilla campeona: "Para mí era el mejor delantero que podía tener el Dépor. Para quitarle el balón tenías que hacerle penalti. Protegía el balón como Valerón o Juan Domínguez". José María reconoce que Abreu no triunfó, en parte, "por el murmullo, ese runrún de la grada", y se rinde a Mauro Silva, con quien "el club dio un cambio radical"; a Arsenio Iglesias, "el alma máter del club, el que lo ascendió, lo mantuvo y lo hizo soñar con la Liga, además de darle una Copa"; a Makaay, que "marcaba desde cualquier posición"; a "las maravillas de Djalminha"; o a Diego Tristán, "un goleador nato con buena colocación y muy astuto. Un depredador del área como Falcao, pero sin su potencia. Que le pregunten al Madrid". Se refiere Centenariazo, la proeza de ganarle la Copa al Madrid de Zidane en el Bernabéu el día de su 100º aniversario. Una hazaña empañada por la negativa del Dépor de no jugar en el césped artificial del Hospi: "No defiendo la decisión que se tomó [el conjunto catalán propuso como alternativa el campo municipal de rugby y la Federación escogió el Mini Estadi; el Hospi no se presentó]. Es muy diferente que Bolt corra en tartán que lo haga en asfalto. Pero sí es cierto que los jugadores fueron sibaritas, aunque estaban en su derecho, pues tenían riesgo de lesionarse". 

Unos cuantos recovecos del Teresa Herrera

Presentación de Cavaleiro - Foto: Toni Delgado. 


Un outsiderDefinitivamente, su hijo, Christian, es un outsider. No deja de demostrarlo: "Entre los jugadores que he visto del Sporting de Lisboa me quedo con Nani porque Cristiano Ronaldo está muy visto ya. Nani es un gran extremo, aunque ahora sea suplente [en el Manchester United]". Tras más de media hora de conversación en un partido en el que no sucede apenas nada, José María confiesa que es... árbitro de balonmano y que com tal ve los partidos desde el punto de vista arbitral.  —¿Son buenos los árbitros de la Liga? —le pregunto.—No son buenos disciplinariamente. No aplican con corrección la ley de la ventaja y a veces se les olvida sacar después la tarjeta. Tampoco son intuitivos. —Muchos tratan de hacerse a respetar ante los jugadores y los entrenadores marcando distancia, sin dialogar. —Cuando un entrenador dice "hola" ya está expulsado. El respeto te lo ganas siendo constante en tus decisiones. Collina podía cometer errores, pero con su mirada se daba a respetar. El árbitro tiene que hacerlo desde el minuto 1. Además, tendríamos árbitros con dedicación absoluta. 

Les hago una foto y, justo con el inicio de la segunda parte, me coloco en la tribuna de prensa. Desde ahí veo cómo Diego Capel exagera el mínimo roce con los contrarios y como algunos colegas de profesión están algo despistados —"¿Te fijaste quién tiró?"— o un poco ociosos, porque en el campo apenas sucede nada: "Ahora también hay tenis-playa. Se lo inventan todo, porque también existe el balonmano-playa". La llegada de varios aficionados del Dépor a las gradas coincide con el gol de cabeza de Bernardo, a la salida de un córner. Una genialidad entre Jara y Luis Hernández, que remata con un golpe seco ante el que no puede nada Rui Patrício. Es el 2-0 definitivo para el Sporting de Lisboa, justo antes de que Cuéllar se despierte tras un cabezazo de Slimani. 


Unos cuantos recovecos del Teresa Herrera

Jorge y Marcos, hinchas del Nacional de Montevideo, en los aledaños de Riazor - Foto: Toni Delgado. 


Nueve meses de amor por el NacionalEl partido está tan resuelto que media docena de palomas se posan, tan panchas, en el césped de Riazor, que minutos después será el escenario de la presentación exprés de Cavaleiro. El nuevo fichaje del Dépor, al que presentan como un chaval de 20 años con ganas de comerse el mundo, da unos toques para que lo retraten los fotógrafos y le aplaudan los aficionados. Después será uno de los destacados de la segunda semifinal ante el Nacional de Montevideo. El equipo al que apoya desde hace nueve meses Marcos Valarezo, al que me encuentro en los aledaños de Riazor. Lleva una bandera y unos cuantos globos: "Soy ecuatoriano, del Barcelona de Guayaquil, y mi novia, uruguaya. Ella me transmitió el amor por Nacional. Hemos hecho una pancarta con un mensaje muy claro 'Tres colores, un sentimiento'". Marcos pertenece a la La Filial Bolsilluda de Catalunya, que reúne a socios, hinchas y simpatizantes del Nacional en Catalunya y el resto de España. Es el caso también de Jorge Taboas, un "uruguayo nacido en Barcelona". Recuerda que tenía cuatro años cuando fue a ver a su equipo por primera vez: "Para mí todos eran gigantes. ¿Autógrafos? Nunca he sido de pedirlos, la verdad". Y no se olvida de alabar a El Chino Recoba: "Lo ha dado todo y no ha triunfado más por culpa de las lesiones". En esto último no nos ponemos de acuerdo, pero eso ya es otra historia. 


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