Revista Cultura y Ocio

Valija de escritores

Publicado el 07 diciembre 2011 por 500ejemplares

Valija de escritoresEl concepto de literatura mundial (Weltliteratur) se le ocurrió al pasmosamente circunspecto (creemos) Johann von Goethe—Virgo, del veintiocho de agosto. En España, el plurilingüe señor Claudio Guillén lo ha discutido en los espaciosos salones de la Universitat de Barcelona, en la Gran Via Corts Catalanes, 585. En octubre de dos mil cuatro pude conocer a David Damrosch, alguien que en Estados Unidos se interesa por ese tema; ese día almorcé con él y alguien más en un salón reservado del Faculty Club y lo cierto es que apenas abrí la boca. Sólo año y medio más tarde vengo a darme cuenta de que la literatura mundial me concierne y de que debo desarrollar un método para hacerla más fácil. Perdí un gran chance, podría haberle preguntado su opinión al doctor Damrosch, o pedido consejo.

Parece que quienes hacen crítica literaria en los periódicos apenas leen. (Quizá me equivoque, tal vez lean mucho el mismo libro, los mismos renglones donde anticipan las mismas frases que lograron aprender de memoria. La cultura toma tiempo, sin duda.) Admito que estudiar vale poco; lo importante es saber cómo iniciar un párrafo y dónde soltar un apellido. Tómense como ejemplo las primeras líneas de este escrito: al verlas, los lectores astutos creen enterarse de que sé un poco de alemán, mucho sobre la vida del autor de Faust, algo sobre arquitectura barcelonesa y lo bastante sobre un catedrático de Columbia University. Mi ignorancia queda así oculta detrás de la escueta consistencia de algunos nombres propios, algunas fechas y una dirección postal. De esta simulación se puede instaurar un sistema que haga expedita la publicación de suplementos literarios.

Conviene tener a mano una cartulina, un marcador negro, unas tijeras de punta roma y dos maletas. La cartulina debe ser clara para que lo que se escriba en ella sea legible: se trata en definitiva de ayudar, no de multiplicar la confusión con ambigüedades nacidas de la miopía y la mala fe. El marcador negro debe dejar un trazo sólido, por lo que se recomienda que el redactor colabore con una caligrafía firme: esto cuesta un poco si hay restos de alcohol en la sangre. Las maletas deben ser medianas, porque el proceso incluye una batuqueada que revuelva las tiras de cartulina que se han guardado allí (las maletas pequeñas no les permitirían moverse libremente, y las grandes pesan más y dificultan la meneada inaugural). Las tijeras, aunque romas, deben mantenerse fuera del alcance de los niños.

Los cronistas de libros presienten el vínculo de las reuniones heterogéneas. Para tal ejercicio se basan en la imaginación, la paciencia y, aunque suene contradictorio, los clichés; de allí que mi sistema defienda la conjugación de nombres extranjeros en cualquiera de sus formas: puede tratarse de autores con apellidos raros o pueblos novelescos que nos cueste pronunciar. Todas esas sílabas se escriben en la cartulina: Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Ismael Kadaré, Maria Dermoût, Italo Calvino, William Faulkner (¿qué más influyente y anómalo que Macondo?), Witold Gombrowicz, Marilynne Robinson, Virginia Woolf, Salman Rushdie, Gabriel García Márquez (¿qué más influyente y anómalo que Yoknapatawpha?), W. G. Sebald…

El siguiente paso es el de las descripciones. Tienen que ser intercambiables, ecuménicas y laudatorias, donde haya también nombres y apellidos. Con pulso firme las frases deben sumarse a la cartulina; de inmediato, arriba y debajo de las oraciones se dibuja una línea punteada que sirva de guía a la misma mano segura, ahora en pleno uso de sus facultades y de la tijera de punta roma.

Por antepenúltimo, los nombres y las descripciones, convertidos en filacterias, se guardan: a) los primeros en una maleta, y b) las segundas en la otra maleta. Por penúltimo, las maletas se sacuden liberalmente, y, por último, se extrae de una maleta un nombre, claro, y de la otra una descripción, por supuesto. Ese eje ha de ser el corazón de la reseña crítica.

Ejemplos:

“Italo Calvino es una especie de Borges teutónico”.

“Virginia Woolf tiene una enorme fuerza imaginativa heredada de García Márquez”.

“Las fábulas de Ismael Kadaré contienen los elementos satíricos de un Sebald colombiano”.

“En la obra de Gombrowicz el lector se adentra en los mismos asfixiantes laberintos circulares que conociera en Maria Dermoût”.

“El caos y la vitalidad de Bombay nunca se pintaron mejor que en la presente novela del señor Faulkner”.

“Marilynne Robinson ha puesto al día las pesadillas macondianas de El castillo y El proceso”.

Como se ve, lo significativo es la repetición variada—si se entiende. Si los empleados de las páginas dominicales siguieran este procedimiento al pie de la letra, pronto se descubriría que en realidad no hay literaturas nacionales, sino una vasta trama de obras en constante relación y de recíproco ascendiente. Ese es el sueño, justamente, de la Weltliteratur.

En cuanto a la frase final de las reseñas, debe ser siempre la misma: “A literary tour de force”.

Luis Moreno Villamediana

Ilustración: “Boîte-en-valise”, Marcel Duchamp


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