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Viajar de tio gilito (parte i)

Publicado el 21 abril 2010 por ArÍstides

VIAJAR DE TIO GILITO (PARTE I)
VIAJAR DE TIO GILITO (PARTE I)

LA FELICIDAD RESIDE EN EL OCIO DEL ESPÍRITU. Aristóteles

El Sol saldrá a las 5,56 h. y se pondrá a las 18.02 h.

A uno le gusta viajar y hace tiempo que aprendió -de hecho fue lo primero- que el mundo es muy grande y peligroso, y que además, malnacidos e hijos de mala madre hay en todas partes partiéndose de risa por tu cara de guiri. Para muchos de ellos, los turistas son angelitos del cielo a los cuales desplumar por obligación y es que, no puede ser de otra manera cuando uno se presenta como si fuera el Tío Gilito desentonando y mostrando un fajo de dólares en el bolsillo de la camisa.

Para viajar hace falta oficio y éste se adquiere con las penurias y la inteligencia, porque las reglas de juego del lugar al que vas no son las mismas que las del patio de nuestra casa. Pagar mordidas, sobornar en puestos fronterizos o inscribirte en el registro de entradas del país con una nacionalidad a la que no perteneces pueden ayudar -de hecho lo hace- a que andes el camino un poco mejor. El mundo no es un folleto de viajes y andarlo con seguridad -aunque lleves los calzones marrones- exige tenerlos bien puestos y ponerte en manos de guías nativos bien untados.

Las historias de viajes siempre van adornadas de belleza y humanidad -que también existe-, pero en el afán de idealizar lo realizado se omiten los robos y las extorsiones. Y es que viajar a sitios raros te expone a que te metan mano y se te quede el careto amarillo cuando te la hinquen. Uno se acuerda bien de algunos cambios de moneda que no debiera haber hecho o de tener que pasear acompañado con un madelman delante y otro detrás por algunos mercados a los que todavía no sabe si debió ir.

De la misma manera que me he encontrado a viajeros que sabían lo que hacían, también he hallado a otros en países tropicales protestando por los mosquitos o, a incautos en bazares con los bolsos abiertos y camiseta de la selección poniéndoselo a huevo para que les dieran matarile a la cartera. Luego son estos últimos los que reclaman seguridad y protestan ante la agencia de viajes, de la misma manera que te encuentras a espabilados en lugares a los que nadie les ha mandado ir y que cuando les hacen papilla claman a la embajada -que nunca está disponible- y piden a quien les corta las pelotas un móvil para llamar a casa.

Y es que una cosa es ser bobo y dejar que te desplume una compañía de viajes poniéndote un guía con un banderín y, otra es que se te quede la misma cara e implores a la Convención de Ginebra mientras solicitas -con instancia incluida- que respeten tus Derechos Humanos allí donde no valen nada.


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