Revista Filosofía

William James y la filosofía como experiencia del mundo (IV)

Por Zegmed

William James y la filosofía como experiencia del mundo (IV)

Ahora bien, en este terreno hay que andar con cuidado porque quizá el propio James no sea nuestro mejor guía. Unas veces, el filósofo parece hablar de este empirismo radical en términos de una doctrina separada e independiente de su pragmatismo[1]; otras, prefiere pensar al establecimiento de la teoría de la verdad pragmatista como “un paso de primer orden en la tarea de hacer prevalecer el «empirismo radical»”[2]. Por ello, el lector podría estar invitado a pensar que se trata de hecho de dos doctrinas diferentes, como dice el mismo James. A pesar de ello, creo que esa lectura es desencaminada y que es más congruente, como sostengo, pensar a su «empirismo radical» como un punto de partida, como el suelo meta-filosófico de su pensamiento.

En ese sentido, dice James en su Prefacio a La voluntad de creer que él da el nombre de empirismo a una “actitud filosófica” y, más precisamente, indica que por empirismo entiende que las conclusiones más sólidas referentes a cuestiones de hecho deben tomarse como hipótesis sujetas a modificación en el curso de la experiencia futura; en tanto que por radical quiere dar a entender, en contra del positivismo, el agnosticismo y el naturalismo científico reinantes por entonces, que hasta la propia doctrina del monismo podía tomarse por una hipótesis con la cual no toda experiencia tendría que calzar[3]. En otras palabras, su «empirismo radical» consiste en poder llegar hasta a la propia relativización del monismo empirista cuando este se estrecha de tal modo que pueda anular la posibilidad de una experiencia trascendente. Como se puede sospechar, esto es particularmente relevante si se tiene en cuenta su interés, y el de quien escribe, por la religión. Veremos, a pesar de ello, que la figura se complejiza con los años.

Luego, cabe decir con Perry, el editor de los Essays, “un empirismo descrito de ese modo es una «actitud filosófica» o un temperamento de la mente, más que una doctrina, y caracteriza todos los escritos del profesor James”[4]. En suma, si bien el propio James habla de doctrinas separadas, hay que asociar esto a una distinción que tiene el deseo de persuadir a su audiencia y no tanto a una escisión real. De hecho, su «empirismo radical» constituye un todo que abarca al propio pragmatismo en la medida que se entienda a este como un método[5] y no tanto como una “ontología”. Por razones obvias, la segunda es más comprehensiva, mas de ningún modo implica la exclusión del primero. A lo mucho, y ese parece ser el caso de la invitación hecha al final del Prefacio de las conferencias de 1906-1907, puede suceder que uno no se aperciba de la ontología a la base del pragmatismo; pero eso no implica más que algo así como saber usar perfectamente un procesador de textos como este sin conocer, como en mi caso, el fundamento a la base de tal posibilidad. En efecto, nadie parece estar dispuesto a renunciar a la ventajas obvias que este tipo de tecnología acarrea por no conocer sus principios; igualmente, sospecho, James sugería que el no conocer, o incluso no poder comprender, su «empirismo radical» no debía tener como consecuencia renunciar al método pragmático. Por el contrario, el pragmatismo de suyo tendría un valor fundamental. De ese valor, precisamente, nos corresponde hablar en breve. Antes, sin embargo, detengámonos un poco más en el sentido de este «empirismo radical» ya que al hacerlo podemos echar luces sobre algunas cuestiones que aparecerán después de modo, ciertamente, problemático.

En un sentido más limitado que el de una “actitud filosófica”, el empirismo de James implicaba algo muy puntual: “el método de recurrir a experiencias particulares para la solución de problemas filosóficos”[6]. Como se ve, algo, nuevamente, común con su pragmatismo. No obstante, en el Prefacio a The Meaning of Truth, nuestro autor presenta una versión concentrada y muy puntual de lo que él entiende por su «empirismo radical». Así, este consistía en “primero, un postulado; luego, una declaración de hecho; y, finalmente, una conclusión general”. Me interesa entrar en el detalle de cada uno de estos momentos para analizar sus implicancias.


[1] Cf. supra, nota 3.

[2] Cf. James, W. Essays in Radical Empiricism. Op. cit. p. v del Prefacio. La cita corresponde a su vez al Prefacio (p. xii) de The Meaning of Truth

[3] Puede verse el comentario sobre este punto en la nota 5 de Del Castillo al Prólogo de la edición citada de Pragmatismo. Para ver el texto exacto del cual extraemos estas definiciones, Cf. James, W. The Will to Believe and other essays in popular philosophy, Longmans, Green & Co., 1897, concretamente el Prefacio, pp. vii-viii. Nótese que esta es la edición inglesa original, cuando estudiemos ese texto más adelante trabajaremos con una edición castellana que no reproduce ni el Prefacio ni esos “otros ensayos”. Personalmente, me siento más en consonancia con esta versión de su «empirismo radical» que con las que diera después de 1900.

[4] James, W. Essays. Op. Cit. p. vii.

[5] Véase el desarrollo de esta idea poco después.

[6] James, W. Essays. Op. Cit. p. vii


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