Los errores de almacén minan nuestra capacidad de respuesta, nuestro nivel de servicio, nuestra imagen y la de nuestros clientes. En demasiadas ocasiones los errores no emergen ante nuestros ojos hasta que ya han causado consecuencias negativas. La solución universal es la prevención. Pero ¿qué ocurre cuándo el problema es una costumbre arraigada en nuestras instalaciones? Que desaparece como problema a resolver y se asume como asumimos que debemos envejecer.