13 días por el sur de Inglaterra. Día 11: Londres en sábado

Por Tienesplaneshoy @Tienesplaneshoy
Sábado por la mañana, amanecemos pletóricos, tras la llegada el día anterior. Tenemos muchos planes y cosas que hacer en esa ciudad que es Londres y que nos encanta. Además, hay cosas que solo se pueden hacer un sábado en Londres ¿El qué? Vamos a ello.
Itinerario del sábado: Portobello Market - Abadía Westminster - paseo por la zona Casas Parlamento - London Eye - Covent Garden - Neal's yard - Soho - Chinatown - Trafalgar Square - Picadilly Circus - Oxford Circus.




Bajamos a desayunar tempranito. Eso es increíble, el hotel es un hervidero, coger el ascensor es como coger el tren, tiene tiempos de espera. Y parece que uno desayuna en el comedor de un colegio; qué escandalera.
Cuando salimos a la calle, lo primero que tenemos que hacer es sacar las tarjetas de transporte. Nos acercamos al metro, ya no existe la travelcard de 3 días, ahora tiene que ser o de 7 días o diaria. Nosotros optamos por la travelcard diaria off-peak. Esto de off peak se refiere a que los días de diario no se puede utilizar hasta después de las 9.30 de la mañana. Nos dan las 3 tarjetas, una para cada día, a un precio fue de 9.50 euros día/persona. Realmente, este sábado, casi no usaríamos al final el transporte porque nos hinchamos a caminar y caminar… pero no sabíamos que nos íbamos a resistir a coger los medios de transporte. Existe otra opción, la Oyster, que es una tarjeta que se recarga y salen los viajes a buen precio. Nosotros en plan cómodo, optamos por la primera opción.

A ver, si viajáis a Londres, os lo decíamos en “Preparando el Viaje”, existe la tarjeta London Pass, una tarjeta que te permite la entrada a un montón de lugares emblemáticos de la ciudad, sin hacer cola y a un precio más ventajoso. Se saca en función de los días que te interese y puedes cogerla con transporte incluído o no.
Nosotros no la hemos usado ni la primera vez que fuimos ni la segunda. La primera vez porque usamos los 2x1 de daysoutguides. En agosto no había demasiadas ofertas, pero la primera vez que viajamos (marzo) pudimos imprimir cupones de 2x1 para la mayoría de visitas, así subimos al London Eye, entramos en la Catedral de St. Paul o visitamos la Torre de Londres, entre otras, y nos salió a la mitad. Estuve semanas entrando e imprimiendo cupones. Para poderlos usar tienes que tener una travelcard pero sacada en estación de tren, que tenga el símbolo de la compañía ferroviaria, no vale si se saca en estación de metro sencilla, tiene que ser una del tipo Victoria Station o Liverpool Street. Cuando vayáis a cualquiera de los lugares para los que tengais cupón sólo tenéis que enseñarlos y en algunos sitios os pedirán la tarjeta de transporte y en otros no. Hay no solo de lugares culturales sino también de restaurantes, espectáculos etc… En verano es difícil pillar estas ofertas.
Dicho esto, la primera vez no sacamos la London Pass por tener muchos cupones y la segunda vez tampoco porque ya habíamos visto muchos de los lugares que cubren. Pero miradlo, porque dependiendo de vuestro plan puede mereceros la pena.
Con nuestras tarjetas de transporte entramos en el metro. Atención al metro de Londres, no debéis subestimarlo, consultad siempre los horarios de las líneas y cierres, dado que, justo los fines de semana, se producen cierres de estaciones y se varía el tráfico. Nosotros utilizamos la aplicación Tube Map London para movernos por el metro de Londres y fue un acierto.

Si uno piensa en Londres un sábado por la mañana piensa en Portobello Market. El famoso y conocido mercado que puebla las calles del barrio residencial de Notting Hill.

La primera vez que viajamos a Londres madrugamos muchísimo para coger un vuelo que nos dejara en Londres a tiempo para llegar a Portobello Market que se celebra los sábados por la mañana, pero la compañía salió 4 horas tarde y nos lo perdimos. Así que, cuando llegamos, vimos las calles vacías. En el segundo viaje, este sábado de agosto, pudimos verlas llenas.
Aquella nublada mañana, la vida corria por los alrededores de Portobello Road, la calle principal en la que se desarrolla este mercado callejero, con intensidad. Sus orígenes datan del s.XIX. Entonces era un mercado de alimentos. Pero, desde los años 60, se hizo popular por los anticuarios.

Bajamos en la estación de metro de Notting Hill y nos dejamos llevar por la marea. Un montón de puestos de antigüedades, otros de artesanía, algo de ropa, todos los productos con un toque y guiño británico claro, cuyo decorado es encantador.

El Barrio de Notting Hill, con sus casas adosadas, algunas fachadas de colores pastel y algunas de colores más intensos. Uno de los llamados “barrios bien” que, además de puestos, tiene muchas tiendas abiertas con escaparates coquetos. Había mucha gente a pesar de ser temprano, pero es que ese fin de semana Londres estaba repleto, y eso no sería nada con lo que encontraríamos después.

La imagen de aquel sábado nada tenía que ver con la del sábado de cuatro años antes, sin mercado. Pero una cosa sí que sacamos en claro, de cualquiera de las dos maneras, nos gustaba.
Tras pararnos en más de un puesto, tocar, intentar fotografiar, pasear por el barrio fuera del ajetreo... tenemos que poner rumbo a una de las visitas que en el anterior viaje se nos quedó pendiente. Seguíamos resarciéndonos: la Abadía de Westminster.

Cogemos el metro dirección a la estación con el mismo nombre de la abadía. Cuando salimos a la calle, ninguno de los dos damos crédito, conocíamos la zona pero la conocíamos vacía. Aquel día, las aceras, los parques, cualquier rincón o esquina estaba llena de gente.
Nos dirigimos hacia la abadía. La ubicación de ésta se encuentra en una de las zonas más típicas de Londres, al lado del Big Ben y las Casas del Parlamento. En la anterior visita, que también coincidió con fin de semana, el sábado, no llegamos a tiempo para poder entrar, el domingo la abadía no abría nada más que para oficios y los lunes cerraba. Así que nos tuvimos con conformar, que no fue poco, con entrar el domingo y escuchar un concierto en su interior. Pero apenas pudimos ver nada, había que estar quietecito en una silla, así que nos quedamos con ganas de más.

De hecho, aquel domingo, cuando entramos al concierto, rápidamente, nos tuvimos que sentar en las sillas de madera y mientras mirábamos hacia arriba, hacia los lados, hacia todas partes empezó a sonar la música y nos pareció maravilloso. El problema era que esa maravilla parecía no acabar nunca. A nuestro alrededor paseaba muy serio y estirado el personal del lugar, vigilando que el acto fuera tan solemne como merecía y ahí no se movía ni una mosca. El mínimo parpadeo parecía hacer ruido. El tiempo pasaba y nosotros nos impancientábamos. Nos mirábamos, movíamos la pierna, mirábamos el reloj, y la música seguía… Hubo que hacer una actuación de emergencia para poder salir. Quizá con habernos puesto en pie e intentar salir sigilosamente hubiera sido suficiente pero algo nos dijo que eso no estaba bien, que quedaría grosero. Así que confesamos, o confieso, sin consenso con “el que no escribe”, fingí un ataque de tos intenso para escapar, y resultó ser un auténtico drama de actuación, según él, aunque yo sigo pensando que mi interpretación fue magistral resistiendo con fortaleza las miradas inquisidoras de los que nos rodeaban. Pero el tiempo apremiaba y aquel concierto, maravilloso, sí, pero eterno, no acababa… No está bien, pido perdón: “lo siento, me he equivocado, no volverá ocurrir” (esta frase me es familiar).

Por lo que, si queréis ir la abadía, mirad bien los horarios para planificar su visita. En este viaje, al ver tanta gente, pensamos que para entrar lo tendríamos complicado. Pero tras 30 minutos de fila, y las 18 libras por persona pertinentes, entramos en su interior.
La Abadía de Westminster es el lugar de las coronaciones, bodas y enterramientos reales. La riqueza de su interior es impresionante. Es una visita que realmente nos gustó y con la audioguía puedes disfrutar de muchísimos detalles. En el interior es imposible realizar fotografías, tienen un control exhaustivo, damos fé. Aquí, “el que no escribe”, en modo Misión imposible no se resistió a hacer una y le pillaron.

La visita a la Abadía de Westminster lleva un ratito largo. Para cuando salimos es la hora de comer y las calles están repletas. La explanada verde que hay frente a la abadía y al lado del Big Ben está llena de gente sentada, tumbada, comiendo, riendo… y al verlo, nos apetece. Así que cruzamos la calle, nos compramos unos sandwiches, unas bebidas, un dulcecito y disfrutamos un rato allí tirados.

Tras comer, damos una vuelta alrededor de las Casas del Parlamento, éstas son visitables pero es una de las cosas que nosotros aún tenemos pendiente. Nos acercamos a la orilla de río Támesis, por la parte trasera de las Casas, y posteriormente decidimos cruzar el puente para acercarnos a la otra orilla del río, donde se encuentra el London Eye (la noria de Londres) o Millenium Wheel, que te eleva 135 metros de altura .
Seguramente, una imagen valga más que mil palabras pero en este caso no fuimos capaces de plasmarlo porque la gente que había en ese margen del río era imposible. Tanta, que había unas personas regulando el tráfico peatonal a la altura del London Eye porque no se podía caminar ni para delante ni para atrás. Sentimos pánico, pensamos que igual ya no íbamos a poder caminar por Londres en 3 días, pero sí, pudimos. Eso sí, no hemos visto tanta gente junta en ninguno de nuestros viajes, en ninguna ciudad, como aquel día allí.

En este viaje, no subimos al London Eye, lo hicimos en el anterior, usando la oferta 2x1 de la que os hablábamos. La verdad es que son estas cosas que a uno le apetece hacer mientras Pepito Grillo te grita “es una turistada, es una turistada”, hasta que le das un collejón al Pepito de turno y le dices.. “¿Y que soy yo? un turista ¿o no? Pues a ello (lástima que Pepito no nos diera una colleja a nosotros el domingo siguiente con una decisión que tomamos y en la próxima entrada os contaremos). Cuando subimos era invierno y tuvimos la suerte de pillar la ciudad recién anochecida a pesar de ser temprano. La verdad es que se tienen unas bonitas vistas. No es el mejor sitio para realizar fotografías buenas, si os lo estáis preguntando, porque son unas cápsulas de cristal que te darán reflejos pero lo cierto es que nos gustó la experiencia cuando lo hicimos y, de recuerdo, te puedes llevar unas panorámicas. Os dejamos una imagen de entonces para que os hagáis a la idea (perdonad la calidad de las fotografías, pero corresponden a la etapa precámaras reflex). También, al ser fuera de temporada, en aquel mes de marzo éramos solo cuatro personas en nuestro supositorio de cristal.
Bueno, pues dejamos a un lado el London Eye intentando salir de esa muchedumbre que daba miedo y cruzamos, de nuevo, por el siguiente puente. A partir de ese punto desaparece la masificación y nosotros nos planteamos ir a visitar otro punto que tenemos pendiente Covent Garden.

Covent Garden es un distrito de Londres donde destacan sus mercados. Paseamos por sus calles animadas hasta llegar al Convent Garden Market. En la plaza por la que se entra a la galería hay un corro enorme de personas disfrutando de un espectáculo callejero. Nos quedamos un rato y entramos al mercado.

Un mercado cerrado en forma de galerías con los techos de cristal. Multitud de puestos que forman un par de manzanas. También, está al lado el Apple Market, especializado en joyería y antigüedades. En la planta baja, cafeterías, con 5 músicos tocando música clásica aquel día. En la planta superior el comercio.

Nos encanta ese ambiente de Londres, lleno de contrastes, donde cabe la taza de porcelana rosa y floreada con los chalecos de cuero y pinchos (por tirar de estereotipos).

Continuamos el paseo, vamos en busca de un rincón muy concreto, dentro del distrito de Covent Garden: Neal's Yard. Éste es un rincón super pequeño pero que parece sacado de un cuadro, un lugar muy especial lleno de vida. La palabra que mejor lo describe es “colores”.

Es un lugar al que no llegaréis si no lo buscáis explícitamente, está escondido y, para muchos, pasa desapercibido. Una placita en la que los establecimientos que encontréis están orientados a “lo natural” y a la cultura New Age. No llega a ser ni una plaza, es como un pequeño patio que os recomendamos visitar.

Desde Neal's Yard, continuamos callejeando y nos encontramos un concierto callejero. Una de las plazas está llena de hamacas, la gente está sentada en ellas y los que ya no tienen hueco están de pie alrededor. La música se cruza en nuestro camino una vez y Londres nos llena de de vida otra vez más. Es una ciudad viva. Nos quedamos un rato allí dejándonos llevar.

Vamos abandonando el distrito de Covent Garden para llegar al barrio londinense del Soho. En el Soho ya habíamos estado de noche en el anterior viaje, principalmente, para ir a cenar a un restaurante que nos encantó, el Arbutus, y donde nos reímos mucho rodeados de británicos vestidos de salir del teatro con sus mejores galas y nosotros hechos unas trazas tras llevar 12 horas turisteando con una ola de frío, así que muy finos no íbamos. Buena cocina que contaba, no sabemos si la mantiene, con estrella Michelin y que tenía un menú con una excelente relación calidad precio. En esta otra ocasión, es por la tarde y lo que queremos hacer es meternos por las calles del barrio de forma aleatoria.

Caminamos mucho, nos encanta el ambiente, hay gente sentada en pequeños bancos de locales que había en las aceras, otros tantos charlando tranquilamente; a través de las ventanas de los locales se ve como la mayoría están llenos.

El Soho es un barrio bohemio que se ha reinventado, como ha pasado en otros tantos de grandes ciudades, y que se caracteriza por su restauración y la gran cantidad de teatros que hay (nos ha quedado pendiente ir a algún musical; lo apuntamos para la próxima, que la habrá). También se pueden encontrar comercios de moda y quedan, en algunas zonas, bastantes sex shops, ya que durante los años 80 el barrio estaba lleno de ellos.

El Soho linda con Chinatown, nos acercamos e intentamos buscar el restaurante chino en el que cenamos en el anterior viaje. Uno de los tantos que hay allí pero que nos llamó la atención porque el día que cenamos éramos los únicos no orientales de la sala. Lo encontramos, ahí seguía. Estas son las típicas cosas tontas que te hacen ilusión.
Chinatown, como su propio nombre indica, es el barrio chino, principalmente, es una zona comercial y casi no hay residentes, se basa en comercio de alimentación, restaurantes y alguna empresa. No es muy grande, nada que ver con Chinatown de Nueva York.

Y continuamos caminando. Como véis dejamos las suelas de los zapatos en Londres. 
A esas alturas, la tarde está cayendo y nuestras fuerzas también pero Trafalgar Square nos espera. Esta plaza es un icono en Londres, se construyó para conmemorar la victoria de la Batalla de Trafalgar, de ahí que Nelson esté en su centro y, a su alrededor, cuatro enormes leones de bronce (cuya procedencia se dice que es de cañones franceses) y sobre los que todo el mundo quiere subirse, aunque no sea especialmente sencillo.

En esta plaza encontraréis la National Gallery y aquí llegamos a otro punto de cosas pendientes para nosotros. Ni la National Gallery ni el British Museum hemos visitado aún, bueno, aquí “la que escribe” el segundo sí, pero cuando era una adolescente que estaba en Inglaterra más preocupada de otras cosas que de los museos, aunque aún recuerdo sus momias.

Volviendo a Trafalgar Square, desde arriba, a la altura de la National Gallery, se tienen unas estupendas vistas de la plaza y, en general, del lugar.

Desde Trafalgar, caminamos a Picadilly Circus ¿Cómo no ir a Picadilly Circus? La plaza de los mil colores, punto de encuentro de londinense y situada en todo el meollo comercial. Y ahí, casi arrastrados, vemos como la luz del día casi desaparece para tomar protagonismo los carteles comerciales luminosos que se mueven sin parar. Hace fresquito y nos camuflamos entre una multitud tal, que nos ponemos un punto de encuentro por si nos desorientábamos mientras sacamos fotos. Aquí, “el que no escribe” es secuestrado por un japonés que le pide un book, en vertical, horizontal… Ver esa escena desde lejos resultó muy divertido.

En Picadilly Circus ya solo pensábamos en sentarnos y cenar. Tenemos apuntado un restaurante italiano perteneciente a una cadena y que está en una calle que sale de Oxford Circus
Cogemos un autobús para dar un poco de sentido a nuestra travel card de aquel día y que nos acerque un poco. 
Antes de cenar, eso sí, hacemos una última parada lúdica, entramos en la juguetería Hamleys. No nos podíamos perder otros de “los más británicos” de este viaje, y es que esta tienda se fundó en el s.XVIII y está considerada la juguetería más antigua del mundo. Se trata de un edificio de 7 plantas lleno de juguetes de todo tipo, de figuras de lego a tamaño real, de un montón de personal haciendo demostraciones de juegos. Nosotros estábamos ya bastante escasos de fuerzas pero no pudimos resistirnos a echarnos unas risillas en su interior durante un rato antes de cenar. Y desde ahí, al restaurante.
Valpiano es una opción que os recomendamos si queréis cenar a un precio razonable. Es un restaurante italiano donde eliges qué tipo de pasta quieres y con qué salsa. También hay pizzas. A la entrada te dan una tarjeta, te acercas a la zona donde están los cocineros y te lo cocinan delante de ti. Registran en la tarjeta tu pedido y tú mismo buscas la mesa para sentarte. Es bastante agradable por dentro pero está muy solicitado. Por 25 libras, cenamos los dos con copa de vino incluida.

Tras la cena, solo podemos volver y, por supuesto, andando es inconcebible, ya no por el cansancio, sino por la distancia. Como os decíamos, no hay problema, tenemos en Oxford Street un autobús que nos lleva directos a Liverpool Street y funciona 24 horas. 
En el trayecto vamos en el piso de arriba y vemos cómo abandonamos el ajetreo de un sábado por la noche, donde no tenemos fuerzas para salir a tomar una copa, para adentrarnos en la City, pasamos cerca de la catedral de St. Paul y, en unos 25 minutos, estamos paseando 5 minutos camino del hotel.
El día siguiente era domingo y teníamos muy claro dónde queríamos ir, aunque ya lo conociéramos. Lo que no sabíamos es que acabaríamos formando parte de un vídeo musical profesional, o testigos de una pedida de mano en el rascacielos más alto de Europa… y otras tantas cosas más….
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