Humano Dios colgado de un madero,
Dios mismo hecho hombre divino,
extraña senda es tu amargo destino
pues, por amor, te entregas a mí entero.
Tu pecho, traspasado ya de acero,
manando está la sangre que hoy es vino
y quiero caminar yo tu camino,
y ser tu amigo, amante y compañero.
Quisiera yo amar como tú me amas
-sin límite, sin tiempo y sin medida-
borracho de la sangre que derramas,
bebiéndola, sediento, de tu herida,
tu herida de amor, porque tú me amas,
tú me amas tanto, que me das tu vida.