Supongo que llegará un 28 de junio que los homosexuales y lesbianas de nuestro país, del mundo entero, no tendrán que salir a la calle a reivindicar sus derechos y, de paso, exhibir con orgullo su condición. O sí, pero porque les da la gana. Quiero pensar, necesito creer que ese día llegará, pero tengamos muy claro que aún queda mucho camino por recorrer. ¿Podemos hacer algo nosotros? Mucho: conjugar nuevos verbos, eliminar distancia, reflexionar sobre nuestro lenguaje y comentarios y, sobre todo, asumir la cotidianidad de una diferencia que en realidad no lo es. El que contemos con una sociedad que no ignora a todos sus ciudadanos no es solo una señal de inteligencia y de eficiencia, también de justicia y de compromiso por la igualdad real y verdadera.
Supongo que llegará un 28 de junio que los homosexuales y lesbianas de nuestro país, del mundo entero, no tendrán que salir a la calle a reivindicar sus derechos y, de paso, exhibir con orgullo su condición. O sí, pero porque les da la gana. Quiero pensar, necesito creer que ese día llegará, pero tengamos muy claro que aún queda mucho camino por recorrer. ¿Podemos hacer algo nosotros? Mucho: conjugar nuevos verbos, eliminar distancia, reflexionar sobre nuestro lenguaje y comentarios y, sobre todo, asumir la cotidianidad de una diferencia que en realidad no lo es. El que contemos con una sociedad que no ignora a todos sus ciudadanos no es solo una señal de inteligencia y de eficiencia, también de justicia y de compromiso por la igualdad real y verdadera.