Revista Coaching

512.- "Lo que se hace con precipitación nunca se hace bien; obrar siempre con tranquilidad y calma."

Por Ignacionovo
Autor: San Francisco de Sales. La serenidad es fruto de la sabiduría, decía Doménico Cieri Estrada. Ser una persona serena y apacible conlleva una notable ventaja a la hora de afrontar la vida con esa quietud indispensable, con la que es debido abordar no solo las circunstancias adversas, sino también los momentos de mayor placer y alegría.
Serenidad y calma son producto de la inteligencia, del conocimiento, de la instrucción y la educación, de la cultura... Todo aquel que ha vivido lo suficiente o que ha aprovechado bien sus días, aunque sea joven, sabe que no es conveniente ni exagerar ni dramatizar los acontecimientos por terribles que parezcan y que todo resulta siempre, en realidad, un poco y hasta un mucho mejor de lo que imaginamos. La serenidad, por así decirlo, no hace tragedia de los sucesos negativos; los mira con realismo y con ánimo positivo.
Cuando perdemos la calma mostramos la peor versión de nosotros mismos. Si somos lúcidos, nos volvemos estúpidos. Si brillantes, opacos. Si optimistas, funestos. Mostramos el mayor desequilibrio, cuando necesitamos estar más equilibrados al encontramos a un paso del precipicio.
Perder el control sobre nuestras decisiones y nuestras acciones implica que nos alejaremos de encontrar la forma de resolver los problemas. Pensemos que solo en el agua serena podemos contemplar nuestra imagen nítida y que si olvidamos esto e intentamos reflejarnos en el agua alborotada, jamás podremos vernos con claridad. 
Oso en el Puente Donner
El puente al que hace referencia esta historia se encuentra en la vieja autopista Donner, en el estado de Nevada, EE.UU. y posee una vista espectacular sobre el lago que da nombre a la carretera.
Un oso extraviado caminaba por la orilla del puente intentando encontrar una ruta de regreso hacia su territorio. Dos coches, que transitaban por allí, lo espantaron de tal manera que el oso terminó cayendo por un lateral del puente, aunque con la suficiente fortuna como para poder alcanzar a sostenerse de un arco del mismo.
La situación era dramática para el animal: no podía ni salir del lugar en el que estaba ni saltar, obviamente, al vacío.
Las autoridades pensaron que ya nada se podía hacer, porque pronto anochecería y el oso terminaría cayendo de todas formas sin remedio.

Sin embargo, al regresar al día siguiente encontraron al oso durmiendo tranquilamente donde estaba atrapado. Después de asegurar una red bajo el arco del puente le aplicaron un tranquilizante. El oso se desplomó sobre ella, lo bajaron posteriormente, se despertó y empezó a caminar.

Puede ser que este oso hiciera un movimiento equivocado y que de pronto se encontrara colgando de sus garras en una situación muy difícil, pero, de alguna manera, se las arregló para sostenerse en el arco del puente y mantenerse firme ahí. ¿Qué fue lo que hizo después? Se tomó una siesta y la situación se compuso sola mientras él dormía.
Reflexión final: cuando confrontemos una mala situación (porque tomamos una decisión equivocada) siempre es bueno tomárselo con calma, porque si nos dejamos llevar por el pánico o la desesperación... caeremos. Saber vivir es también aprender que hay cosas que no pueden ser cambiadas y tener la valentía de aceptarlas.


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